Jueves, 23 de febrero de 2017

| 1982/08/09 00:00

CRISIS DE OTROS TIEMPOS

Un recuerdo de las grandes crisis financieras que ha vivido el país.

CRISIS DE OTROS TIEMPOS

El doctor Alfonso de la Espriella O., especialista en asuntos bancarios, amablemente accedió a la invitación de SEMANA para escribir sobre algunos antecedentes históricos de la actual situación financiera.
1840 -Judas Tadeo Landínez,
Corría el año de 1840 y los antecedentes financieros de esa época solo se referían a la atribución otorgada al Congreso por la Constitución de Villa del Rosario, en 1821, para el establecimiento de un Banco Nacional y a la apertura en Cartagena de una sucursal del Banco Colonial Británico en 1839, primera institucion bancaria organizada que funcionó en el país. Generalmente, la gente acostumbraba a guardar sus joyas y su dinero en cajas fuertes y baúles que eran discretamente conservados en las casas o entregados a los conventos para su custodia. Por esta circunstancia, un particular, don Judas Tadeo Landínez, nacido en Samacá (Boyacá) y bisabuelo del distinguido e importante hombre de negocios don Luis A. Soto del Corral, tuvo la brillante iniciativa de organizar en Santa Fe de Bogotá, con un capital de $ 22.000.oo, una empresa de crédito y operaciones mercantiles al estilo bancario que denominó Compañía de Giro y Descuento y que un tiempo después manejara más de dos millones de pesos, suma que en ese entonces superaba el monto del presupuesto nacional.
Pese a que en esa época existía un gran desconocimiento de la actividad bancaria, y nadie arriesgaba su capital en negocios de esa naturaleza, Landínez, con agresividad, audacia y una gran visión comercial, orientó sus operaciones y poco a poco ganó la confianza de la gente, a la que mucho complacía la idea de recibir un interés pobre su dinero ocioso. Estas operaciones se extendieron a Casanare, Tunja, Socorro y Popayán y se desarrollaron exitosamente hasta 1842. En ese año, debido a la revolución del Socorro el señor Landínez quedó incomunicado con sus agentes, lo que se sumó a otros factores de recesión, tales como una virtual paralización de las fábricas de tejidos, por haber sido destinados sus obreros al servicio militar. Su empresa de elaboración de fierro quedó además totalmente desacreditada y muchas de las acciones, en que Landínez había invertido parte importante de sus depósitos, bajaron considerablemente. En consecuencia, no pudo atender obligaciones vencidas que por $ 700.000.oo se le acumularon y los recursos que difícilmente pudo reunir y destinar a estas cancelaciones sólo sumaron $ 476.000.oo.
1905 Félix A. Correa e hijos, uno tradición bancaria
Guardadas las debidas proporciones, al igual que los Médicis en Italia en los siglos XIV y XV y los Rothschild en Inglaterra en los siglos XVIII y XIX, la tradición bancaria de la familia de Félix Correa Maya se remonta a principios de este siglo. En Medellín su Abuelo Félix A. Correa en compañía de Angel Jaramillo, Angel López, Félix Salazar, Nemesio Camacho y otros fundaron en 1905 el Banco de Sucre, que funcionó hasta 1922 cuando fue liquidado y algunas de sus operaciones mercantiles se trasladaron a la sociedad denominada Propiedades y Negocios Sucre, que se dedicó a liquidar las cuentas y vender las propiedades repartiendo sus valores entre los accionistas del antiguo Banco. Esta liquidación duró un poco más de trece años.
En abril 18 de 1907, el mismo Félix A. Correa conjuntamente con Lisandro M. Uribe. Eduardo Vásquez J., Emilio Correa C. y otros, habían fundado la Sociedad Bancaria Vásquez Correa & Cía., gerenciada por Eduardo Correa y Uladislao Vásquez, que funcionó hasta 1914 en que fue liquidada por razones no conocidas y estando al frente de sus negocios Gregorio Pérez.
1923 Fuerte baja del precio del café liquidó al Banco López
Los dos sucesos financieros bancarios que más resonancia y trascendencia han tenido en nuestro país hasta el presente fueron: los turbulentos 15 años del antiguo Banco Nacional fundado por el doctor Rafael Núñez, que dieron origen al aforismo del "dogma de los doce. millones", y el pánico que en el mes de julio de 1923 vivieran los santafereños clientes del Banco López, a raíz de una fuerte baja en los precios del café en New Yok. Esta puso en dificultades transitorias a la firma exportadora Pedro A. López & Co., y que la gente interpretó como posible iliquidez del Banco, por las relaciones comerciales existentes entre estas dos organizaciones.
El Banco López había sido fundado en Bogotá en 1919 con un capital autorizado de 2 millones de pesos y gerenciado por don Eduardo López Pumarejo. Fue muy activo en los negocios de comercio exterior de la época y dentro de la banca organizada ocupaba un puesto de vanguardia y prestigio. Pero un día, a comienzos de ese mes de julio, surgleron rumores sobre la crisis del Banco, irrumpiendo el temor entre la gente. No valió la publicación del Balance ni el concepto del experto más autorizado de la famosa misión que presidió Edwin Walter Kemmerer, señor Howard Mc Nyr Jefferson, experto banquero, inspector de bancos del Federal Reserve Bank de New York y verdadero autor de nuestros proyectos de ley para la creación del Banco de la República y de la Superintendencia Bancaria. El, públicamente, opinó que siendo los activos del Banco muy superiores a sus pasivos, no había nada que temer. Sin embargo, durante el sábado 14 y el domingo 15 de julio de 1923, el pánico llegó a su clímax y en la mañana del lunes 16 amaneció frente al edificio de la institución una multitud compuesta en su gran mayoría por los depositantes de ahorros que reclamaban la devolución de su dinero. El ejecutivo se apresuró, entonces, a expedir ese mismo día y en virtud de las facultades que para ese efecto había recibido de la ley 25, constitutiva del Banco de la República, el decreto 1013 que creó su comité organizador, el cual cumplió su cometido en cuatro días, realizando los aportes al Banco de la República con los dineros provenientes de la indemnización recibida de los Estados Unidos por el ferrocarril de Panamá, y, además, comprándole al citado Banco López --por $ 750.000.oo que pagó en moneda oro-- el edificio de la carrera 8a. Con la Avenida Jiménez donde funcionaba su sede principal, no sólo para ayudarle a atender los retiros de fondos de sus clientes, sino con el propósito de instalar allí la nueva oficina del Banco de la República.
El 18 de julio el gobierno, aprovechando la fiesta del viernes 20 de julio, y con el pretexto de que el jueves 19 se celebraría la última sesión extraordinaria del Congreso, decretó fiestas cívicas el 19 y 21 para que en esos días se corriera la escritura 1434 constitutiva del Banco de la República y comenzara operaciones el lunes 23 de julio de 1923. Inmediatamente se nombró como liquidador de la Suspensión de pagos del Banco López a don Daniel Sáenz, y posteriormente con la creación de la Superintendencia Bancaria, uno de los primeros actos del Superintendente nombrado, doctor Jesús María Marulanda, fue tomar posesión oficial y ordenar su liquidación definitiva. El Banco López no sólo devolvió hasta el último centavo de su depositantes y pagó la totalidad de sus deudas, sino que su capital y reservas quedaron intactos y fueron devueltos a los socios accionistas.
1967 Liquidación del Banco Comercial de Barranquilla, que terminó en carnaval
El Banco de Barranquilla había sido fundado el 1 de julio de 1872 con un capital de $ 300.000.oo bajo ia dirección de Augusto Strunz, pero, en noviembre 29 de 1904, sus accionistas resolvieron liquidarlo y fundar otro denominado Banco Comercial de Barranquilla, con un nuevo capital de $ 150.000.oo. Funcionó esta institución hasta el año de 1967 en el que entró en liquidación.
Conjuntamente con otros funcionarios particulares y en compañía del Superintendente Bancario de esa época, Aníbal Fernández de Soto formé parte de una comisión que visitó ese banco por algunos días con el propósito de estudiar la posibilidad de adquirirlo para un grupo financiero. Pero desafortunadamente esto no fue posible. El Superintendente llevaba en el bolsillo la Resolución de "toma de posesión" del Banco, firmada por él y autorizada por el Ministro de Hacienda, Abdón Espinosa, pero antes de proceder a esta diligencia quizo hacer todas las gestiones tendientes a salvar el Banco. En efecto, después de varios intentos como el nuestro, se reunió en Barranquilla con los "notables de la ciudad" para tratar de convencerlos de la necesidad de una capitalizadora de 10 millones de pesos, con lo cual se salvaría el Banco. Todas las respuestas fueron negativas, con la única excepción del señor Afif Simán, quien en ese entonces estaba encargado de la gerencia del Banco, y prestó $ 1000.000.oo.
El Superintendente regresó a Bogotá y, con anuencia del Ministro de Hacienda, gestionó ante el Banco de la República un préstamo especial en favor del Banco Comercial de Barranquilla por 15 millones de pesos que fue garantizado, una parte con cartera del propio Banco y el resto con la promesa de constitución de garantía hipotecaria sobre su edificio. Sin embargo, este dinero no se utilizó para recapitalizar el Banco. Se procedió, más bien, a anunciar su intervención por la Superintendencia Bancaria, nombrándose para tal efecto a dos de los más capacitados funcionarios de dicho organismo, Manuel Posada Forero y Luis Fernández Gómez, quienes iniciaron sus labores el viernes a las 3 de la tarde y solo suspendieron para descansar el lunes a las 6 a.m. aprovechando ese lapso para descargar, del saldo positivo de la cuenta de los depositantes, el valor total o parcial de sus préstamos y descuentos u obligaciones de cualquier naturaleza.
Lógicamente el lunes amaneció una aglomeración de gentes frente al Banco. Cuál no sería su sorpresa al ver que a las 8 a.m. se abrieron normalmente las puertas al público y el Banco comenzó a pagar todos los cheques presentados que tenían fondos disponibles. Al medio día, y despejada la angustia de la posible congelación o pérdida de dinero, en el corredor del Banco se presentó un conjunto musical y gran parte de la clientela que estaba allí esperando el pago de sus cheques comenzó a bailar, transformando el pánico de unas horas anteriores en un espontáneo carnaval.
La liquidación definitiva del Banco duró cerca de ocho años, pero sus activos alcanzaron para cancelar no solo los $ 15.000.000.oo del Banco de la República, y el millón del señor Simán, sino todos los demás pasivos además de la devolución total de los depósitos de sus cuentahabientes. Los accionistas perdieron el 100% de su inversión.--
Alfonso de la Espriella O.

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