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| 10/5/2013 3:00:00 AM

Paz del Río no tiene paz

La fuerte competencia de productos importados está asfixiando a la industria siderúrgica colombiana, y Paz del Río está viviendo la situación más crítica. Le piden al gobierno un salvavidas.

Acerías Paz del Río, una de las principales siderúrgicas del país y la empresa emblemática de Boyacá, está pasando por momento complicados. El año pasado registró pérdidas por 108.000 millones de pesos, las más altas en su historia. En el primer semestre de este año el saldo en rojo llega a 57.000 millones de pesos. 

Hace unas semanas, anunció que desiste de la Zona Franca Permanente Especial otorgada por el gobierno en 2007, que le permitía gozar de beneficios tributarios bajo la condición de realizar inversiones y duplicar la renta. Como si fuera poco, el precio de la acción se descolgó. Hoy está en 6,5 pesos, un fuerte retroceso frente a un par de años atrás, cuando llegó a 50 pesos. 

El gobernador de Boyacá, Juan Carlos Granados, ya ha expresado preocupación por la suerte de la empresa y ha pedido a la administración claridad sobre el futuro de la siderúrgica. El departamento de Boyacá tiene el 13 por ciento de las acciones de Paz del Río, la brasileña Votorantim el 82,4 por ciento y el resto está en manos de accionistas particulares. 

La situación de la compañía tiene en alerta no solo a sus actuales dueños, sino también a los 1.600 trabajadores directos, a los 4.500 pensionados de la empresa, al departamento y al municipio de Nobsa donde está ubicada la siderúrgica.

La historia de Paz del Río, creada en 1948, tiene varios capítulos. Hace seis años, dio el giro más importante cuando pasó a manos de la brasileña Votorantim, que la sacó de la terrible crisis en que se encontraba, incluso al borde de la quiebra. 

En 2007, cuando Votorantim entró al negocio, en el mundo se registraba un auge en los precios internacionales del acero. La brasileña pagó 1,07 billones de pesos por el 52 por ciento de la compañía, una cifra muy superior a la esperada, y derrotó a dos duros contendores en una fuerte puja como el Grupo Gerdau, también de Brasil, y ArcelorMittal, el gigante de India.

¿Qué cambió en los últimos seis años para que la compañía vuelva a enfrentar una coyuntura tan difícil?

Para el presidente de Paz del Río, Vicente Noero, la revaluación del peso, los altos costos de la energía y la desaceleración de la economía mundial tras la crisis de 2008 son factores que están afectando a la empresa. A todo esto se sumó que en los últimos años se produjo un sobreabastecimiento de acero de China, lo que llevó a una caída en los precios del mineral, golpeando las finanzas de la siderúrgica.

El sindicato de trabajadores dice, por su parte, que si bien estos problemas son ciertos, también es responsable la gerencia de la siderúrgica porque no ha terminado el proceso de modernización tecnológica por lo cual no puede aumentar la producción para atender una mayor demanda.

Según Noero, la compañía sí ha llevado a cabo los planes de modernización que se fijó cuando llegó al país, como la inversión de 142 millones de dólares en los últimos cinco años y otros 63 millones adicionales que ya fueron aprobados y que se destinarán al mantenimiento del alto horno, a automatizar el tren de laminación y a una nueva planta de tratamiento de aguas. 

Pero la empresa y el sindicato sí coinciden en que la principal responsable  de la actual situación es la fuerte competencia de los productos importados, que han crecido aceleradamente –en el último año han aumentado un 24 por ciento–. 

Por ejemplo, las importaciones de alambrón, uno de los productos más demandados en la construcción y que representa cerca del 30 por ciento de la actividad de Acerías Paz del Río, se triplicaron en los últimos tres años hasta llegar a las 150.000 toneladas en 2013. El  82 por ciento de esas importaciones llega de México, país con el cual Colombia tiene un acuerdo comercial y que fue castigado por Estados Unidos con medidas antidumping. Lo demás llega de Turquía, Trinidad y Tobago y China.

La industria nacional del acero que hasta hace unos años tenía más del 60 por ciento del mercado del alambrón ahora solo tiene el 33 por ciento. 

Ante esta competencia, Acerías Paz del Río y varias empresas del sector le pidieron al Ministerio de Comercio, Industria y Turismo imponer una salvaguardia a las importaciones de estos productos para evitar una competencia desleal y una mayor afectación a la producción nacional. La salvaguardia es una medida de protección que aumenta los aranceles a los productos importados. 
Vicente Noero afirma que la salvaguardia es vital porque si la situación sigue como está el sector siderúrgico nacional no es sostenible. 

“Estamos pasando agua. Es muy difícil competir con una cancha que no está nivelada”, dice el presidente de la siderúrgica. 

Entre las medidas que ha puesto en marcha Paz del Río para hacerle frente a la compleja situación está reducir en un 17 por ciento de los costos, desarrollar mayor eficiencia en las operaciones y ofrecer productos diferenciados para los clientes. 

Mayor competencia 
Aunque Paz del Río es una de las más afectadas por la competencia, no es la única. La también brasileña Gerdau, la principal productora de América Latina, que compró a Diaco en 2004, registró pérdidas el año pasado por 67.000 millones. Entre estas dos compañías manejan el 60 por ciento del mercado. Otro 30 por ciento de la torta está en manos de Siderúrgicas de Occidente (Sidoc), Siderúrgicas Nacionales de Boyacá (Sidenal) y Siderúrgica de Caldas (Acasa).

Las compañías del sector afirman que están operando al 60 por ciento de su capacidad instalada por la gran competencia externa que las está ahogando. Precisamente, para defender sus intereses y hacerle frente a la avalancha importadora las cinco compañías crearon el Comité Colombiano de Productores del Acero, al interior de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi).

Pero los importadores no se han quedado quietos y a través de cartas y avisos de prensa le han pedido al gobierno que reconsidere la solicitud de la industria siderúrgica de imponer una salvaguardia. Óscar Ramírez, presidente del Grupo G&J, uno de los principales importadores y comercializadores del sector, asegura que las importaciones son necesarias porque la industria siderúrgica nacional no alcanza a atender toda la demanda interna. 

En Colombia se producen 1,2 millones de toneladas de acero y la demanda llega a 1,9 millones, es decir un desfase de 700.000 toneladas que puede seguir creciendo ante la  dinámica del sector de vivienda y las nuevas obras de infraestructura vial como la cuarta generación de concesiones. 
 
El grupo G&J asegura que puede demostrar que producir acero en el país sí es negocio y para ello presentó al gobierno una propuesta para construir una planta siderúrgica en Barranquilla a partir de chatarra (la materia prima para producción de acero) o en el centro del país utilizando mineral de hierro. Entre los socios del grupo G&J están los empresarios mexicanos DeAcero, uno de los mayores productores de América Latina. “Nosotros podemos demostrar que podemos producir a bajos costos y comenzar a suplir la demanda nacional”, dice Ramírez.

El gobierno tiene la última palabra sobre el tema. Deberá decidir si aplica la salvaguardia, una decisión que no es fácil porque de una parte está la presión del sector importador y de la otra la supervivencia de compañías como Paz del Río, que a pesar de haber resistido tantos embates en las últimas décadas hoy ve un panorama muy oscuro.
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