Domingo, 22 de enero de 2017

| 2006/08/19 00:00

Cuando digo no, es no

Buena parte del sector privado le está pidiendo al gobierno que mantenga las gabelas tributarias. La respuesta será 'no' para muchos y el debate ya está casado.

El ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, es el que sigue tirando línea en cuanto a los objetivos del ajuste tributario: éste debe ser estructural y el gobierno aspira a tener un estatuto de impuestos eficiente y equitativo.

En materia de impuestos cada cual tira para su lado. Si no, que lo digan los cerca de 250 empresarios y representantes gremiales que han enviado cartas al Ministerio de Hacienda pidiéndole que les mantengan los beneficios tributarios. Pero esta semana, más de uno va a llevarse una sorpresa, porque la respuesta del gobierno, para muchos, puede ser leída como un 'no' claro y enfático. Antes del próximo viernes, la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) y el Ministerio de Hacienda explicarán las razones para negar algunas de las solicitudes. La respuesta fue elaborada por los funcionarios del gobierno durante este fin de semana, en un ejercicio bastante complejo porque se aclararon, una a una, todas las solicitudes.

La lista de solicitantes es larga: la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegán), la Confederación de Cooperativas (Confecoop), la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), la Asociación de Fiduciarias (Asofiduciarias), la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), la Federación de Lonjas (Fedelonjas), la Asociación Colombiana de Petróleos (ACP), la Asociación de Cultivadores de Caña (Asocaña) y hasta los Ministerios de Cultura y Agricultura, entre otros, son algunos de los que presentaron su propio memorial de agravios en contra de la reforma.

Es más, el mismo Presidente de la República hizo que muchos banqueros se ilusionaran con la posibilidad de que hubiera una exención más amplia para el 4 por mil, o que se mantuvieran los beneficios para el Ahorro de Fomento a la Construcción (AFC), la vivienda de interés social o los hoteleros.

Sin embargo, hasta el momento sigue teniendo la sartén por el mango el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, quien cuenta con el apoyo del presidente Uribe y continúa firme en su propósito de que el ajuste sea realmente estructural. Y estructural, para él, significa que con el régimen de impuestos no se hace política sectorial ni social.

Sin embargo, ese es un mensaje de difícil calado, más aun si muchos sectores disfrutan hoy de gabelas y gracias a ellas han podido subsistir y crecer. Por eso es que estas fisuras del estatuto tributario tienen un enorme costo. Según las cifras del Marco Fiscal de Mediano Plazo, sólo los beneficios tributarios del impuesto de renta le costaron a Colombia 10,9 billones de pesos el año pasado. Es decir, casi el 25 por ciento del recaudo total de impuestos de esa vigencia. Eso es mucho dinero en juego y por eso quienes tienen los beneficios quieren mantenerlos.

Además, el tema debe ser resuelto por el Congreso, y aún hay dudas de que haya oídos despiertos para la propuesta oficial en el Legislativo; por ejemplo, los parlamentarios ni siquiera pudieron reunir el quórum para iniciar la discusión del proyecto la semana pasada.

Y ya se prevé que apenas empiece la discusión a fondo de la iniciativa, todos los 'lobistas' empezarán su trabajo habitual en las oficinas de senadores y representantes.

Pero el mensaje del ministro Carrasquilla no ha cambiado en las últimas semanas, a pesar del pronunciamiento del presidente Uribe durante la cumbre de Asobancaria, donde se mostró de acuerdo con aliviar la carga a los asalariados. A pesar de todo eso, Carrasquilla sigue creyendo que se debe desenmarañar el estatuto tributario para hacerlo más equitativo y eficiente. Y nadie ha dicho que la pelea va a ser fácil.

Las peticiones de los empresarios cuentan con otro reparo. No tiene presentación que mientras los trabajadores colombianos de estratos 4 a 6 van a sufrir el apretón tributario con resignación y estoicismo, cientos de gremios y empresarios insistan en que si no es con la ayuda del estatuto tributario no pueden sobrevivir. Así que muy probablemente la fórmula de sálvese quien pueda va a resultar inocua esta vez. Y menos cuando es evidente que buena parte de la reforma beneficia más a las empresas con la reducción en la tarifa del impuesto, y hace más gravosa la vida para los que sólo tienen su salario como activo.

Las respuestas

El gobierno les dirá a quienes tienen hoy gabelas, como la de las AFC, o la exención por los intereses pagados por vivienda de interés social o la construcción de nuevos hoteles, que si ya adquirieron esos beneficios, los mantendrán, pero nadie más a partir del primero de enero de 2007 podrá recibirlos.

En otros casos específicos, como el agrícola o la cultura, se sugerirá que la discusión se dé dentro del trámite de aprobación del presupuesto que ya empezó y donde se pueden definir rubros específicos para subsidiar ciertas actividades clave.

Hay otras peticiones que se tienen en cuenta porque están en consonancia con la idea de que una reforma sea estructural.

Para los demás, el mensaje será claro: si no pueden subsistir sin una norma del estatuto tributario que los proteja, pues que busquen otra forma de sobrevivir.

Y esto no quiere decir que la reforma sea monolítica y que no se acepte algún cambio. Sino que los principios básicos se deben respetar: eficiencia y equidad, entre otros.

Es muy claro que el ministro Carrasquilla se dará la pela con su propuesta. El reto ahora es calar en el Congreso y en el interior de los gremios. El tema del lobby debe ser delimitado con toda claridad porque de lo contrario, la reforma estructural terminará siendo otra vez una colcha de retazos que va a perpetuar un sistema tributario enmarañado e ineficiente. Un plan que sólo beneficia a unos pocos.

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