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| 10/2/1995 12:00:00 AM

Y CUANDO VENGO DE CHILE...

La economía chilena no sólo es la más próspera de América Latina, sino que sus empresarios han comenzado a hacer millonarias inversiones a lo largo y ancho de la región.

DICEN LOS GEOLOGOS QUE EN CHILE LA tierra ha temblado casi desde el mismo día en que se formaron los continentes. Y no es para menos. Esa estrecha lengua de tierra de más de 6.000 kilómetros de largo y menos de 400 de ancho se encuentra aprisionada entre el Océano Pacífico y la cordillera de los Andes y ha sentido en carne propia la incómoda vecindad del llamado cinturón de fuego.
Pero aunque en esas latitudes australes el suelo se sigue sacudiendo, lo cierto es que Chile ha comenzado a ser mirado con atención en el continente americano por otra clase de movimientos. Se trata de la febril actividad de sus hombres de negocios que de un tiempo para acá decidieron dar un salto que abarca desde la pampa argentina hasta las montañas colombianas. Gracias al respaldo de una economía en plena expansión y a la existencia de grupos económicos con buenos saldos en la chequera, los chilenos han decidido salir de compras por el continente. Plantas de generación eléctrica en Argentina, bancos en Perú, compañías de seguros en Ecuador, industrias de productos básicos en Brasil forman hoy en día parte del portafolio que sociedades australes tienen en el extranjero. Y en el caso de Colombia, una decena de compañías ha empezado a probar suerte, incluyendo a tres empresas promotoras de salud que confirmaron su entrada al país en el transcurso del mes pasado.
Las cifras no son nada despreciables. Según el Banco Central de Chile las inversiones registradas en el exterior, de empresas de ese país, ascendían a 2.197 millones de dólares a 31 de julio de 1995. Cerca de dos terceras partes de esa suma -1.357 millones de dólares- se dirigieron a América del Sur, con un énfasis particular en Argentina. Pero quizás lo más llamativo es que tales inversiones comenzaron a hacerse en forma a partir de 1992. Por ejemplo, en 1990 las inversiones chilenas en otros países del mundo ascendieron a 15 millones de dólares, mientras que para 1994 ya habían alcanzado la suma de 882 millones de dólares.
Semejantes números han sido posibles gracias al vigor de la economía chilena con sus 14 millones de habitantes. Desde mediados de la década pasada ésta ha venido creciendo a tasas impresionantes, debido a políticas que han incluido la apertura comercial, la promoción de la inversión extranjera y el estímulo a la iniciativa privada. Y el viento sigue soplando a favor. La semana pasada el ministro de Hacienda, Eduardo Aninat, sostuvo que el crecimiento de la economía para 1995 sería del 6,5 por ciento, las exportaciones deberían pasar de 15.000 millones de dólares, el desempleo llegaría a 5,4 por ciento y la inflación debería ser inferior al 8 por ciento para todo el año. "Creemos que para finales del siglo estaremos alcanzando un ingreso anual por habitante de 4.900 dólares al año", dijo el funcionario austral. Esa cifra, unas tres veces superior a la de Colombia, sugiere que Chile sigue con paso firme por el camino de convertirse en la nación más rica de América Latina.
Como es de suponer, la bonanza económica se ha traducido en buenos balances empresariales y en un esfuerzo para conquistar nuevos mercados. Pero, además, está el ánimo de buscar oportunidades en otras tierras. "Las causas de que los chilenos estemos invirtiendo en otros países son tres -sostiene Juan Andrés Fontaine, un consultor privado en Santiago-: la búsqueda de mayores rendimientos en las inversiones que se hagan en el extranjero; la experiencia de nuestros empresarios en ambientes de competencia y apertura; y el gran desarrollo del mercado de capital local que nos permite contar con dinero abundante y más barato que otros países de la región".
Ese último factor es particularmente trascendental. Por una parte, los empresarios chilenos se pueden endeudar con facilidad en el mercado internacional y pagan las tasas de interés más bajas de la región gracias a la solidez de la economía de su país. Por otra, existe un volumen de ahorro interno importante debido al desarrollo temprano de las administradoras de fondos de pensiones, las cuales ya han acumulado recursos por cerca de 22.000 millones de dólares.
Pero más allá de esas razones, lo cierto es que los chilenos se están moviendo muy rápido. Un caso evidente es el de Colombia, en donde ya han quedado bien atrás las épocas en que lo único que llegaba del sur eran el vino y los melocotones. En el caso del comercio exterior, éste ha mostrado una dinámica bien llamativa después de la entrada en vigor del acuerdo de libre comercio entre los dos países a comienzos del año pasado. En 1994 el intercambio bilateral entre Colombia y Chile creció 51 por ciento con respecto a 1993 y alcanzó la suma de 222 millones de dólares, saldo dividido en partes iguales entre ambos países.
Sin embargo, este año los chilenos han tomado la delantera. Según el Dane, las exportaciones australes hacia Colombia llegaron a 77 millones de dólares entre enero y mayo, con un crecimiento del 78 por ciento con respecto a 1994. En contraste, las ventas colombianas hacia el país del sur en el mismo período crecieron solamente en 16 por ciento y alcanzaron la cifra de 53 millones de dólares.
Y si en ese campo hay diferencias, en el de las inversiones hay enormes distancias. Aparte de Leonisa, Carvajal, Caracol y Bima, que tienen algún grado de presencia en el país austral, no hay muchas empresas colombianas mirando hacia el sur. En cambio, desde 1992 hasta la fecha una decena de sociedades chilenas han comprado acciones por 52,5 millones de dólares en varias compañías colombianas. Estas van desde Polpaico, que el 20 por ciento de las acciones de Cementos Boyacá en 10 millones de dólares, hasta Entel -el Telecom chileno que está en manos privadas- que por siete millones de dólares participa con el 35 por ciento de Americatel, una empresa de telecomunicaciones que presta servicios de valor agregado.
Sin embargo el campo de acción más importante para los inversionistas chilenos se abrió después de la reforma a la seguridad social, que privatizó parcialmente desde 1994 el manejo de las pensiones y la prestación de los servicios de salud. En ambas áreas el país sureño le lleva a Colombia años de ventaja y experiencia en manejo de problemas que, más allá de las diferencias locales, acaban siendo comunes. "Ellos ya habían desarrollado los programas de computador, manejaban el medio latino y tenían experiencia en sistemas de mercadeo. Ese conocimiento es clave en un negocio nuevo y complejo como este de la seguridad social", afirma un directivo de una compañía administradora de pensiones en Bogotá.
Las empresas que entraron en ese campo fueron Cruz Blanca, que hoy en día posee el 27 por ciento de Colfondos, y Provida, que tiene el 20 por ciento de Porvenir. Los primeros han invertido cerca de nueve millones de dólares y tienen como socios a Colseguros, al Citibank y a Cafam. Cruz Blanca pertenece al grupo Cruzat, que tiene inversiones en Perú y Argentina, así como intereses en sociedades inmobiliarias y forestales en Chile. Además de su participación en Colfondos, Cruz Blanca ya anunció su intención de constituir una empresa promotora de salud, con una inversión cercana a los 14 millones de dólares. "Creemos que hay buenas posibilidades y vemos con buenos ojos la estabilidad de la economía colombiana. Contamos con 14 años de experiencia en el tema de la salud en Chile y Colombia es casi que un mercado natural", dice Rafael Errázuriz, de Cruz Blanca.
Por su parte, Provida es el fondo de pensiones más grande del continente, con activos que en 1994 ascendían a unos 4.500 millones de dólares. Pertenece al grupo Ecsa, que es manejado por el ex ministro Sergio de Castro en Santiago y tiene intereses en los sectores siderúrgico y financiero entre otros. En Colombia ha invertido unos ocho millones de dólares y su socio mayoritario en Porvenir es la Organización Sarmiento Angulo.
Y la entrada de nuevos inversionistas continúa. Hace unos días el grupo Isapre Colmena completó la compra de la mayoría de Humana por algo menos de dos millones de dólares, para competir en el campo de la salud.
Todos esos movimientos hacen pensar que los chilenos están llegando a Colombia para quedarse. "El interés que se ha despertado es inmenso", admite Juan Carlos Prado, de la oficina comercial de Chile en Bogotá. Se espera que ahora el turno le corresponda a las empresas chilenas que se han especializado en temas de infraestructura y que podrían participar en el desarrollo del sector eléctrico. Tanto es el interés que, de seguir las cosas como van, la inversión austral en el país podría ser la más importante proveniente de América Latina antes de que se acabe el siglo. Semejante logro no es nada despreciable para una nación como Chile que a comienzos de los 90 no figuraba en las estadísticas de inversión extranjera y ahora, por cuenta de su buen manejo económico, le está demostrando a propios y extraños que el sur... también existe.
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