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| 10/11/2008 12:00:00 AM

Cunde el pánico

Caen las Bolsas, los bancos restringen el crédito y se habla de recesión mundial. ¿Se repetirá la Gran Depresión de los 30?

Pocos recuerdan que este mes de octubre el mundo capitalista revive una de sus peores fechas en el calendario. En dos semanas se cumplirán 79 años del llamado jueves negro, el día en que sucumbió Wall Street y con ello se marcó el inicio de lo que se conoce como la Gran Depresión.

Las circunstancias que rodearon aquel desplome de la economía de Estados Unidos parecen hoy más frescas que nunca, cuando el mundo vive una crisis de magnitudes todavía desconocidas.

Las sucesivas quiebras de bancos, la restricción del crédito, el desplome de los mercados bursátiles y la recesión en la que han entrado las principales economías del planeta hacen pensar que se está viviendo algo parecido a aquellos nefastos años.

El jueves 24 de octubre de 1929, el Dow Jones cayó en una sola jornada 12 por ciento. En cinco días, bancos e inversionistas perdieron las ganancias que habían acumulado en año y medio. Para 1933, el desempleo en Estados Unidos afectaba al 25 por ciento de la población, las importaciones y las exportaciones se derrumbaron, en cinco años el PIB estadounidense se redujo 68 por ciento, mientras el comercio mundial descendió 65 por ciento.

¿Se repetirá la historia? Los economistas creen que no. Pero lo cierto es que ni los más expertos se atreven a pronosticar cuál será el final de esta crisis. Aunque hoy existen instrumentos para enfrentarla, también es verdad que a diferencia de los años 30, se vive en la era de la globalización que hace a los países mucho más interdependientes. Así como los beneficios de la economía de mercado llegan rápidamente, cualquier amago de crisis de los mismos se contagia a la velocidad de la luz.

La semana pasada quedó demostrado. Las Bolsas de valores de todo el mundo se desplomaron en cadena, desde Asia, pasando por Europa, Latinoamérica y por supuesto Wall Street. Los mercados tienen claro que, pese a las medidas que día a día están adoptando distintas autoridades en Estados Unidos y Europa, la crisis financiera no ha terminado. En el fondo hay una enorme desconfianza y no hay nada más contagioso que las malas noticias. Dudan que el paquete de salvamento económico del gobierno estadounidense dé resultados y que las economías no terminen hundiéndose.

Jeffrey Sachs, reconocido en el mundo como experto en situaciones de crisis económica, dijo que Estados Unidos se encuentra en recesión, mientras el FMI señaló que esa y otras economías avanzadas ya se encuentran en ese estado o cerca de él.

En momentos como este, el pánico se extiende a gran velocidad y pararlo es todo un desafío. La semana pasada, en un intento para dar mensajes de confianza y evitar un colapso sistémico que se lleve por delante al sistema económico mundial, siete bancos centrales del mundo, liderados por la Reserva Federal de Estados Unidos, resolvieron bajar en 0,5 puntos las tasas de interés. Pero la negativa reacción de las Bolsas indica que los mercados no creen que alguien tenga la varita mágica para resolver esta crisis, o al menos para bajarle la intensidad.

Nada como hoy

Sin duda alguna, la Gran Depresión de los años 30 dejó una enorme herida en la economía. Pero hasta ahora se había evitado mencionar la palabra 'depresión' cuando se presentaban bajonazos económicos. En la jerga de los economistas, hay ciertas palabras que evitan pronunciar a toda costa por sus consecuencias impredecibles -como ocurre con los personajes de los libros y las películas de Harry Potter, quienes por temor no mencionan a Voldemort, el malo de los malos-. Para los economistas, una 'depresión' es equivalente a su Voldemort. Por eso, aterra que tantas mentes cautas -desde respetados economistas hasta publicaciones especializadas- no cesan de insistir que la actual crisis es la peor desde 1929.

Es una comparación difícil de digerir. Para la inmensa mayoría de las personas, la 'Gran Depresión' es un hecho remoto que aprendieron en los libros de historia, como el descubrimiento de América o las guerras napoleónicas. Algo del pasado, que nada tiene que ver con su presente.

En la década de los 90, hubo una serie de crisis de diversas características y proporciones, pero ninguna como la actual. En 1995, el centro fue nuevamente México, cuando devaluó su moneda (diciembre de 1994), lo que provocó salidas de capital en varios países y la suspensión virtual del financiamiento externo. No fue una crisis global y prácticamente no hubo transmisión. Además de México se afectaron Argentina y Uruguay.

La crisis financiera asiática entre 1997 y 1998 fue considerada como la primera de los mercados globalizados y desató el temor de un desastre sobre la economía mundial por el contagio. Hubo cierres de bancos, empresas, despidos, reducción general del poder de compra, devaluaciones sucesivas y caídas de las Bolsas de Asia, de Estados Unidos y de América Latina.

Pero si los mercados temblaron con Asia, la crisis rusa a mediados de 1998 hizo estremecer a Wall Street. La Bolsa de Nueva York tuvo una de las caídas más grandes de la historia en las primeras semanas de septiembre. Todas las Bolsas de América Latina reaccionaron con grandes decrecimientos, mayores a los presentados en Estados Unidos.

La historia le reserva un espacio a la crisis colombiana de finales del 90, cuando el Producto Interno Bruto cayó más de 4 por ciento. El sector hipotecario se derrumbó, contagió al resto del sistema financiero y pasó al sector real. El salvamento de la banca le representó al país un costo de 6 puntos del PIB, de los cuales hoy se ha recuperado una parte.

En el recuento de las crisis severas, está la de Argentina. Entre 2000 y 2001 ese país tuvo la recesión más prolongada en su historia. Según el FMI, gran parte de la caída del PIB latinoamericano en 2002 se debió a esa crisis y sus efectos sobre países vecinos, especialmente Uruguay y Paraguay. Argentina experimentó una contracción económica de magnitud sin precedentes en su historia, con la caída de su PIB acumulada en cuatro años hasta el fin de 2002 aproximadamente del 20 por ciento.

Si bien todas estas crisis -junto con la generada a partir de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y el rompimiento de la burbuja del punto com- fueron dolorosas y graves en su momento, hoy parecen pequeños aguaceros comparadas con el huracán que sacude al mundo.

Según la reconocida publicación The Economist, no precisamente conocida por ser sensacionalista, si el mundo financiero y político no se despierta y toma en serio el riesgo de la hecatombe -no la de Uribe sino una mucho más vital- y aprende las lecciones de lo ocurrido hace 80 años, lo que se viene será de unas dimensiones insospechadas e incontrolables. Por algo en su portada de esta semana dice sin tapujos que el mundo está al borde del precipicio.
 
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