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| 10/20/1986 12:00:00 AM

DE COLOMBIA VIENE UN BARCO...

Expectativa por los pronunciamientos del presidente Barco en su viaje a Washington y Nueva York

Esa época entre el verano y el otoño es una de las mejores de Washington. Ya el calor sofocante de julio viene siendo remplazado por una fresca brisa que hace revolotear las primeras hojas que caen de los árboles, dándole a la capital norteamericana un tono entre romántico y solemne. Al mismo tiempo, la ciudad se encuentra en uno de los períodos más frenéticos del año. El Congreso entra en la recta final de sesiones y con las elecciones del proximo noviembre, en las cuales se disputan cerca de la mitad de las curules del Senado y la Cámara, los legisladores están ansiosos de "hacer méritos" ante los votantes.
Pero no es sólo la política interna de los Estados Unidos la que gira en torno a Washington por estos días. Tal como sucede desde 1945 cada vez que llega el otoño, la cupula del mundo financiero del planeta se reúne con ocasión de la sesión anual conjunta del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, en la que se revisa el estado de la economía mundial durante el año. La sesión, que en alguna época fue un evento monótono que apenas daba para unos cuantos titulares de prensa, ha pasado a ser hoy uno de los foros más importantes, donde los ministros de Hacienda de unos 150 países del globo intercambian opiniones entre sí y con las principales entidades financieras privadas de Occidente.
Es en ese escenario que el próximo 29 de septiembre un colombiano, Virgilio Barco, se encontrará presidiendo el cónclave monetario más trascendental del año. Atendiendo una invitación que se le hizo al país en la reunión del año pasado en Seúl, Corea, el Jefe del Estado estará a la cabeza de la delegación nacional a un evento que promete dar más de una sorpresa, tanto a los colombianos como a los observadores internacionales.
Para el presidente Barco, este no será un terreno desconocido. Siendo gobernador del Banco Mundial y después como embajador de Colombia en los Estados Unidos, el actual Mandatario asistió a las asambleas anuales de la entidad a lo largo de las dos décadas pasadas. Sin embargo, en esta oportunidad la diferencia será palpable. Esta vez, el Tercer Mundo continúa con la espada de Damocles de la deuda pendiendo sobre su cabeza. A pesar de los programas de ajuste recetados por el Fondo Monetario, los cuales han conducido a políticas de austeridad en buena parte de las naciones del mundo subdesarrollado, el problema continúa. Esa angustia es especialmente palpable en el caso de Latinoamérica. La veintena de países de la región debe, en conjunto, una suma cercana a los 370 mil millones de dólares (algo menos de mil dólares por habitante) y sus indicadores de bienestar son apenas similares a los alcanzados en 1979.
En comparación con sus vecinos, Colombia está en una situación casi envidiable. La economía está en pleno crecimiento, el país tiene abiertas las puertas del crédito internacional y, a pesar de algunos problemas internos, existe optimismo sobre el futuro.
Es precisamente esa característica la que le da a Colombia la posibilidad de hablar con relativa libertad. A como lo anunció desde el momento en que se supo del viaje, Barco estar asumiendo la vocería de Latinoamérca ante el resto de países. A pesar de que los detalles del discurso se ha mantenido en el mayor secreto, personas cercanas al gobierno han insistido en que éste tendrá mucho más de tercermundista y llamativo de lo que podría esperarse de alguien que trabajó con el Banco Mundial. Como prueba, se cita el discurso de posesión de Barco, en el cual el Presidente criticó duramente los procesos de ajuste orientados por el Fondo Monetario debido a los perjuicios que le causan grandes masas de la población.
La gran duda, sin embargo, radica en el efecto que sobre la actitud de los países industrializados puedan tener las tesis colombianas. Un claro antecedente se dio la semana pasada cuando se abrió la ronda de negociaciones sobre aranceles en el seno del Gatt, en Punta del Este, Uruguay. Allí, las posiciones entre norte y sur resultaron tan irreconciliables, que aun los más optimistas reconocieron que tardarían años antes de que se lograra algo favorable para las partes (la pasada ronda de Tokio demoró cuatro años en llegar a un acuerdo). Una postura similar se podría observar en el seno de la asamblea del Banco y el Fondo en Washington. La iniciativa más "revolucionaria" por parte del norte ha sido la propuesta por James Baker, secretario del Tesoro norteamericano, durante la reunión de Seúl hace un año. La idea consistía en aumentar los recursos del Banco Mundial y prestárselos a los países en desarrollo, con fondos adicionales proveidos por la banca privada y con la participación policiva del FMI, el cual influiría sobre el diseño de las políticas macroeconómicas globales. Aunque contó con el respaldo de los gobiernos más poderosos, ningún banco ha apoyado explícitamente el plan Baker hasta ahora. Tal vez la única nación que lo puso en práctica sin quererlo fue Colombia. Con la firma del crédito Jumbo el pasado diciembre, el país recibió dinero de los bancos, créditos del Banco Mundial y la monitoría del FMI, logrando resultados económicos satisfactorios.
Fue ese rol de nación modelo el que influyó para que a fines de este mes la delegación que presida la asamblea en Washington sea la colombiana. A pesar de que en el campo latinoamericano otros países como Brasil y Argentina han tenido cierto éxito, la mayoría de la región sigue deprimida y los casos de México, Perú, Venezuela, Ecuador y Bolivia son más desesperados que antes. Esos son los puntos que debe tocar el Presidente colombiano en una reunión que promete ser más espinosa que de costumbre. El mayor reto, consiste en convencer tanto a ricos como a pobres que una asamblea de esta naturaleza es el marco ideal para encontrar una solución a las buenas. En contraste, se encuentra la posición de Alan García quien ha escogido el camino de decidir unilateralmente qué le conviene a su país, por encima de los compromisos con sus acreedores. El tratamiento que se le da a ambas posturas es bien diferente. Mientras Colombia cuenta con el respaldo de la comunidad financiera internacional, Perú fue colocado en la lista negra por el FMI hace un par de meses.
Pero, aparte de lo que salga de Washington, el viaje de Barco tiene otras características llamativas. En primer lugar, le va a permitir al equipo económico conversar con los banqueros internacionales y consolidar los lazos que dejó la administración pasada. Dentro de ese marco se podrán tocar temas como el de nuevos créditos al país con destino a los planes de gobierno, o bien el de reasignación de algunas partidas del crédito Jumbo. En cualquiera de esos casos, las negociaciones podrían tomar hasta un año, pero la reunión de Washington sirve para medir la buena voluntad de las entidades financieras.
Otro pulso que se va a tomar es el del Banco Mundial y el FMI. Según los cerebros del gobierno, el primero tiene una serie de recursos indispensables para la ejecución de obras de infraestructura y el segundo debe olvidarse del esquema de la monitoria, que en su tiempo le produjo tantos dolores de cabeza al país.
Adicionalmente, el viaje a los Estados Unidos le va a servir a los colombianos para oír a Barco. Dentro de su apretado itinerario con visitas a Washington y Nueva York (participará en la asamblea de la ONU), el Presidente pronunciará casi tantos discursos como ha dicho en el mes y medio que lleva desde posesionado. Aparte del encuentro con la crema financiera internacional, la visita constituirá un elemento indispensable para calibrar al gobierno en su política externa y en la percepción que tienen de Colombia las demás naciones del planeta.--
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