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| 7/6/1987 12:00:00 AM

DE LA RESERVA A LA RESERVA

El retiro de Paul Volcker del Federal Reserve hizo bajar el dólar y subir el oro

DE LA RESERVA A LA RESERVA DE LA RESERVA A LA RESERVA
Para Paul Volcker, el último fin de semana de mayo no fue, ni mucho menos, el más tranquilo de los últimos tiempos. A lo largo de cuatro días, mientras pescaba en una laguna, el--por ese entonces--economista más importante del mundo, tomó una decisión que la semana pasada convulsionó las economías occidentales: renunciar al puesto de director del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Y así fue. El martes pasado la Casa Blanca anunció que después de ocho años en el cargo, Volcker había presentado renuncia irrevocable al cargo, siendo remplazado por Alan Greenspan, un prestigioso economista neoyorquino de 61 años.

Ese fue el final del reinado de Volcker, un "gigante" de dos metros de alto que, con su cigarro y sus vestidos brillantes por el uso, fue definitivo para moldear la economía mundial en lo que va corrido de esta década. Llamado al puesto de director de la Reserva Federal por el entonces presidente Jimmy Carter, en agosto de 1979, Volcker se enfrentó a una economía norteamericana en la cual la inflación estaba llegando al 13% y el dólar se encontraba en su peor momento desde la Segunda Guerra.

Decidido a cambiar las cosas, durante los primeros meses pareció que Volcker se estaba desviando aún más del buen camino. Para contener la inflación, el adusto banquero impuso una rígida política monetaria que condujo a que el 19 de diciembre de 1980 el Prime Rate o tasa preferencial de interés de los bancos norteamericanos, llegara a la escandalosa cifra del 20.5%. Semejante nivel acabó produciendo la peor recesión vivida por el mundo industrializado desde la gran depresión de 1929 pero, a cambio, Volcker logró su objetivo: la inflación empezó a bajar. En los meses siguientes el Federal Reserve soltó poco a poco la cuerda y a partir de 1982 las tasas de interés comenzaron a disminuir. Desde ese entonces, el impopular banquero empezó a ser mirado con mejores ojos. Ya a comienzos de 1983 la economía norteamericana estaba de nuevo en la senda del crecimiento, hecho que hizo que Reagan confirmara a Volcker para un segundo período de cuatro años al frente del FED.

Fue después de su reelección que Volcker acabó de moldear su estrategia. Las tasas de interés disminuyeron, situándose actualmente en el 8% anual. El dólar subió tanto que en septiembre de 1985 el gobierno norteamericano, de acuerdo con el Federal, desarrolló una estrategia para bajarlo de precio, gracias a lo cual el déficit comercial de Estados Unidos empezó a achicarse en los primeros meses de este año. Por último, la inflación quedó bajo control. En 1986 el incremento de los precios en Estados Unidos fue de apenas del 1%, cifra que contrasta ampliamente con las de comienzos de la década.

Con esa cadena de éxitos a nivel macroeconómico es claro por qué Volcker gozaba de una excelente reputación en los grandes centros financieros de Occidente. Un comentario aislado, una exclamación, un silencio suyo eran suficientes para determinar la suerte del dólar o el nivel de las transacciones en las bolsas de valores de Wall Street, Tokio o Londres.

Tales atributos quedaron demostrados el martes pasado cuando se conoció la noticia sobre la salida de Volcker. El dólar, que algo se había recuperado en el mercado, se desplomó inmediatamente, el oro subió, y aun los precios de los bienes agrícolas y minerales aumentaron ante el temor de que con la salida de Volcker vuelva la espiral inflacionaria.

Ese susto no debería confirmarse si Greenspan se ajusta a las expectativas. El nuevo director del FED es un economista republicano con muy buena fama como consultor privado y su elección fue aplaudida prácticamente por todo el mundo.
Sin embargo, en este caso se aplica aquel refrán que dice que "más vale malo conocido...". A pesar de las credenciales de Greenspan, los escépticos anotan que solo cuando comience a actuar se verán sus verdaderas intenciones. Adicionalmente el prestigio de Volcker era tal que se daba por un comentario aislado.
una exclamación, un silencio suyo eran suficientes para determinar la suerte del dolar descontado que ningún remplazo podía ser mejor.

Ese fue el hecho que llevó a las malas lenguas a decir que Volcker se hubiera quedado si Reagan le hubiera rogado un poquito.

Pero si el lamento de Reagan no fue evidente, todo lo contrario sucedió en los mercados mundiales... y en Colombia. En efecto. En las duras épocas de 1984 y 1985, cuando el país parecía encaminarse directamente a las fauces del Fondo Monetario, Volcker fue definitivo para que Colombia pudiera ganarse otra vez la confianza de la banca privada internacional. Por sus "servicios" el banquero fue condecorado en julio de 1986 por el presidente Betancur, quien le impuso la Cruz de Boyacá.

La coincidencia de la renuncia de Volcker acabó llenando de negros presagios la más reciente expedición del equipo económico, el cual viajó a Estados Unidos el miércoles pasado con el fin de conversar con los bancos sobre los préstamos que necesita Colombia en un futuro cercano. Los cambios que se han presentado recientemente debido a las medidas tomadas por el Citicorp, así como la salida de Volcker, indican que la situación no es fácil.

A pesar de que Greenspan puede ganarse con relativa facilidad la confianza de los países industrializados, queda por verse si los países en desarrollo le marchan igualmente bien.
En el intermedio, lo que sí es seguro es que al lado de todos los posibles damnificados por la salida de Volcker se encuentra Colombia, que ha perdido la que sin duda es la palanca más importante, más influyente y de más peso, de todas las que puedan existir en los mercados financieros internacionales. --

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