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| 8/21/1989 12:00:00 AM

DEBER ANTES QUE VIDA

Cuatro meses después del Plan Brady sigue el tira y afloje por el lío de la deuda externa.


El turno le tocó esta vez a Alemania Federal y a Taiwan. En una audiencia concedida en el capitolio norteamericano, el secretario del Tesoro, Nicholas Brady, le pasó la pelota a dos de los países con más dinero en el mundo. "Tienen que venir con dinero para apoyar la estrategia de la deuda" dijo el funcionario, después de ver que--como ha sucedido en las últimas semanas--su plan para el manejo de la deuda externa sigue todavía sin despegar. A pesar de que en la cumbre económica de París los siete jefes de Estado de los países más industrializados apoyaron la iniciativa, lo cierto es que los banqueros --quienes son los que tienen la plata siguen todavía mirando para el otro lado.

Porque la verdad es que no se ha podido avanzar mucho en la ejecución del Plan Brady. Desde que la idea fuera lanzada al aire, el pasado 10 de marzo, tan sólo en el caso de México se ha intentado llegar a un acuerdo, sin que este sea fácil de alcanzar. Una vez más, los negociadores mexicanos y del comité de bancos privados volvieron a empantanarse en Nueva York, la semana pasada, completando así tres meses de negociaciones sin que ningún bando pueda predecir que un arreglo se acerca.

Como si eso fuera poco, Brasil el deudor más grande del mundo, decidió a comienzos del mes no pagar intereses, sobre su deuda externa con los bancos comerciales, después de que se diera cuenta que las reservas internacionales se le estaban bajando demasiado. Si las cosas siguen como van sólo desde finales de este año los brasileños comenzarían a pagar parte de sus cuotas atrasadas.

Y el panorama no es mucho mejor. Con la excepción de México, Chile, Uruguay y Colombia, el resto de países latinoamericanos están atrasados en el pago de sus obligaciones. De seguir las cosas como van, los observadores predicen que dentro de poco tiempo se volverá a presentar una minicrisis de la deuda que obligue a soluciones "a la carrera".

Por el momento, el país que más ha avanzado es México. Presionados por el gobierno norteamericano que sabe que correría con las consecuencias de un eventual derrumbe de la economía mexicana, los banqueros se sentaron a negociar desde el 19 de abril y hasta ahora han aceptado puntos generales, sin que haya habido acuerdo a la hora de ultimar detalles. No obstante, hay avances significativos.

En principio se ha aceptado que los bancos tienen varias opciones. Una de estas es cambiar la deuda por bonos a 30 años que pagarían una tasa de interés del 6.25% anual. Actualmente, la tasa promedio que paga México sobre los 54 mil millones de dólares que le debe a los bancos comerciales es de un 10%. Si a un banco no le gusta la idea, puede escoger una reducción del 35% en el valor nominal de la deuda. Sobre el saldo, México se comprometería a pagar la tasa de interés de mercado.

El problema, sin embargo, radica en que aparte de esas concesiones los bancos deben comprometerse a prestar aun más dinero, una idea que no les suena del todo atractiva. Sin embargo, los analistas insisten en que de no ser así, México se vería imposibilitado para cumplir con el servicio de su deuda.

Las discusiones se verían ayudadas si los bancos recibieran el apoyo de los gobiernos. Por ahora se ha sugerido que el pago de los intereses de los bonos sea garantizado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entidades que ya han apartado recursos con tal fin. El problema consiste en que ese dinero no es suficiente. Por esta razón, Brady le pidió a Alemania Federal y a Taiwan que contribuyeran con algo para arreglar el problema. Sin que se pueda hablar de una donación, el dinero serviría para financiar esquemas de reducción de la deuda a una escala mayor. Como es de suponer, la "invitación" extendida por Brady fue recibida fríamente tanto en Bonn como en Taipei. "La queja fue inapropiada", comentó Guenther Dahlhoff, un funcionario del gobierno alemán.

No obstante, los norteamericanos insisten en que el problema de la deuda no les compete a ellos únicamente. Como ejemplo citan el caso de Japón, que prometió un paquete de ayuda por 35 mil millones de dólares para los países en desarrollo durante los próximos tres años. De estos, la mayoría se irá en préstamos y créditos de exportación pero Tokio anunció que unos 10, mil millones financiarían planes de reducción de la deuda, aunque el manejo de los recursos no entraría al presupuesto del Plan Brady.

Si bien esa es una cuantía importante, los escépticos insisten en que es apenas un grano de arena dentro de una playa de enormes problemas.

Incluso los recursos con que esperan contar el FMI y el Banco Mundial --unos 30 mil millones de dólares-- parecen pequeños para solucionar un problema que, sólo en Latinoamérica, supera la cifra de los 400 mil millones de dólares.

Todo eso hace aun más angustiosas las perspectivas a mediano plazo. Lo sucedido hasta ahora es un indicador claro de que todavía el ambiente no está maduro para que se empiecen a ver resultados. En particular, los banqueros privados siguen bastante reacios a soltar la cuerda porque aspiran a que el riesgo se le traslade al FMI y al Banco Mundial y que, en el peor de los casos, tengan que intercambiar deuda por acciones de empresas ubicadas en los países deudores. Debido a esto, los más escépticos sostienen que todavía se necesita mucho más para que el Plan Brady funcione, por lo menos en más de un país. Para los optimistas, se trata de que las condiciones objetivas del problema de la deuda acaben obligando a los interesados a dar un viraje ya sea a las buenas o a las malas. En el intermedio, Nicholas Brady podrá seguir demandando ayuda con la seguridad de que, a menos que se declare la crisis, prácticamente todo el mundo le va a decir que no.--
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