Martes, 17 de enero de 2017

| 1997/11/17 00:00

DEUDOR EJEMPLAR

Colombia aplica un innovador esquema para administrar de manera óptima el endeudamiento del Estado.

DEUDOR EJEMPLAR

la mayoría de los expertos en materia económica a nivel nacional e internacional coinciden en que el principal desafío que enfrenta la economía colombiana en el corto y mediano plazo es el crecimiento del déficit fiscal. Muchos culpan al actual gobierno de la disparada de este indicador y censuran su falta de voluntad política para encontrar una solución estructural al problema. Paradójicamente _y en gran parte gracias a programas adelantados por este mismo gobierno_ hoy el déficit colombiano es más fácil y más barato de financiar tanto en Colombia como en el exterior que en cualquier otro momento de la historia del país. Aunque el hecho de que sea financiable no resta gravedad al problema del déficit, los adelantos que se han realizado en materia de administración de deuda le permiten al país reducir sus costos y sus riesgos financieros y afrontar coyunturas económicas difíciles de manera más eficaz. Adicionalmente, fomentarán el desarrollo del mercado de capitales colombiano y facilitarán la financiación de empresas nacionales tanto a nivel local como en el exterior. A comienzos del presente gobierno el perfil de endeudamiento de Colombia tanto en el interior como en el exterior tenía varios problemas fundamentales. Del lado de la deuda externa, por una parte, la mayoría del endeudamiento estaba concentrada en unas pocas fuentes, pues correspondía en casi un 50 por ciento a entidades multilaterales _principalmente el Banco Mundial y el BID_ y en cerca del 25 por ciento a un puñado de bancos comerciales extranjeros. Además los plazos promedio de la deuda eran bastante cortos y las tasas de interés en su mayoría variables, lo cual aumentaba el riesgo financiero del gobierno, pues las amortizaciones se concentraban en períodos relativamente cortos y los pagos por concepto de intereses eran bastante volátiles. Finalmente, parte de la deuda externa estaba denominada en divisas (como el yen japonés) que representan una proporción marginal de los ingresos del gobierno por concepto de exportaciones, lo cual implicaba un riesgo importante de tasas de cambio (cuando hay un desfase entre la magnitud de los activos y los pasivos denominados en una misma moneda, el riesgo aumenta pues los movimientos de ésta tienen un efecto neto importante sobre el costo de la deuda). En cuanto a la deuda interna, gran parte del financiamiento del gobierno provenía de operaciones convenidas o forzosas que no se estaban realizando en condiciones de mercado y por lo tanto iban en contra de la asignación eficiente de los escasos ahorros del país. Al mismo tiempo el mercado de los títulos de tesorería (TES) _a diferencia de lo que ocurre en países desarrollados donde es el mercado más grande y más líquido_ estaba bastante subdesarrollado. El bajo grado de liquidez que tenían estos papeles en los mercados secundarios, combinado con el hecho de que presentaban un alto grado de volatilidad _pues en su mayoría ofrecían tasas variables referenciadas al DTF_, hacían que, sobre todo en el caso de los títulos a largo plazo, fueran poco atractivos para los inversionistas. Ante esta situación el gobierno decidió desarrollar una estrategia integral de administración de deuda. En palabras del director general de Crédito Público, Clemente del Valle, funcionario responsable del diseño e implementación de esta estrategia, "los objetivos principales del gobierno son diversificar las fuentes de financiamiento, optimizar la relación costoriesgo y fomentar el desarrollo del mercado de capitales local".Para cumplir estos objetivos el gobierno ha trabajado principalmente en tres frentes. El primero fue desarrollar un marco conceptual que permite hacerle un seguimiento y control eficaz al endeudamiento del país. Con la asesoría de la firma internacional Salomon Brothers se trabajó primero en identificar un marco de referencia, o benchmark, de lo que debería ser el perfil óptimo del endeudamiento colombiano de acuerdo con la composición de los activos e ingresos del Estado. La filosofía central detrás de esto es que para minimizar el riesgo financiero la composición en términos de divisas, plazos y tipo de tasa de los pasivos debe aproximarse a la de los activos. Una vez definido este perfil referencial, la idea es cambiar la composición de la deuda actual _a través de nuevas emisiones u operaciones de cubrimiento de riesgo con instrumentos derivados_ para que ésta se aproxime al benchmark, y así minimice los riesgos financieros para el Estado colombiano. En segunda instancia, el gobierno ha buscado diversificar sus fuentes de financiamiento a nivel internacional. El énfasis en este sentido ha sido ampliar la presencia del país en los mercados internacionales de renta fija. Desde mediados de 1994 la República de Colombia ha realizado emisiones de bonos por un valor cercano a los 2.800 millones de dólares en diversos mercados financieros del mundo. Estas emisiones se han hecho a tasas fijas bastante atractivas y con vencimientos desde tres hasta 30 años. Esto ha permitido crear una curva de rendimientos (ver cuadro) que sirve de referencia para futuros emisores privados y públicos del país. Además ha contribuido a consolidar la reputación del país como un acreedor serio y responsable en los mercados internacionales, lo que también debería redundar en beneficios importantes para otros emisores colombianos. Tercero, en el ámbito local se ha trabajado para dar profundidad, liquidez y transparencia al mercado de TES. Esto no solamente para incentivar la compra de los títulos, sino también para fomentar el desarrollo del mercado de capitales colombiano, creando una curva de rendimientos de papeles estatales que sirva de parámetro para emisores locales de los sectores público y privado. Las emisiones de TES a través de subastas públicas han aumentado de manera sustancial _este año alcanzarán los 2,8 billones de pesos_ reduciendo la proporción de las inversiones convenidas y forzosas en el total del financiamiento del gobierno (ver cuadro). En la actualidad las subastas están siendo administradas por 22 entidades _entre bancos, corporaciones financieras y corredores de bolsa_, que aspiran a convertirse el próximo año en creadores de mercado o market-makers. Estos estarán obligados a mantener una posición propia en TES y a cotizar constantemente precios de compra y venta para los papeles, contribuyendo a aumentar la liquidez del mercado de renta fija de manera sustancial y fomentando así la colocación de papeles de otros emisores. Algunos podrían argumentar que facilitar el acceso a recursos de financiación puede actuar en detrimento de la disciplina fiscal. La verdad es que los mercados son los mejores fiscalizadores de los gobiernos y que sólo proveerán créditos a aquellos países que implementen políticas económicas sensatas. Por esto, los desarrollos del gobierno en materia de administración de deuda son a todas luces positivos para el país, pues además de reducir los costos y riesgos financieros del Estado deberían allanar el camino para que empresas colombianas accedan en condiciones favorables a los mercados financieros locales e internacionales.

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