Miércoles, 17 de septiembre de 2014

| 1995/08/14 00:00

Y DINERO... NO HAY

El deterioro en la situación de las finanzas públicas es de tal magnitud, que el gobierno decidió apretarse el cinturón y meter al sector central en cuidados intensivos.

Y DINERO... NO HAY

PARA LA MAYORIA DE LOS COLOMBIANOS, Ernesto Samper le dedicó casi todo su tiempo la semana pasada a la dispendiosa tarea de recomponer el gabinete, una vez se produjo la crisis largamente anunciada. Pero lo cierto es que aunque sí se encargó de escoger a sus nuevos ministros, el Presidente le gastó más horas a otro tipo de milimetría. "Me pasé las noches haciendo cuentas fiscales, no burocráticas", le dijo el propio Samper a SEMANA.
La razón de tanta atención al tema de las cifras del Estado aparentemente no tiene nada de raro. Al fin y al cabo, este miércoles se discute en el seno del alto gobierno el proyecto de presupuesto que se va a poner a consideración del Congreso apenas comience la legislatura.
Sin embargo, en esta ocasión las cosas fueron más complejas que de costumbre, pues en el Ministerio de Hacienda y en la Casa de Nariño, al lado del letrero de 'Economistas trabajando', se prendió una luz amarilla. La razón de esa alerta fue al mismo tiempo simple y preocupante. Los datos mas recientes demuestran que de seguir las cosas como van, el país se enfrenta a un descalabro fiscal inmenso que puede dar al traste con la buena salud de la economía.
Por cuenta de ese diagnóstico a Colombia le va tocar tomarse una fuerte medicina. No sólo se requieren más impuestos, sino que es un hecho el recorte de las inversiones programadas en el Plan de Desarrollo conocido como el Salto Social. Además, existe la idea de meter en cintura las transferencias de recursos que se le hacen a las regiones. "No tenemos más remedio. La reforma tributaria es indispensable, pero no suficiente", afirma el ministro de Hacienda. Guillermo Perry.

DE MAL EN PEOR
Para decirlo en términos sencillos, el problema es que las cuentas del Estado se encuentran cada vez más descuadradas. Eso es evidente cuando se mira la evolución del ahorro corriente (ver gráfico) que mide el saldo entre los ingresos corrientes y los pagos que hace el sector público central. De una cifra en negro equivalente al 3 por ciento del Producto Interno Bruto en 1991, se puede pasar a una en rojo del 2 por ciento del PIB en 1996 (algo más de un billón de pesos). Como consecuencia, al Estado colombiano le está ocurriendo lo mismo que a esas personas a quienes no les alcanza el sueldo: se endeudan para tapar el hueco del mes, pero cada vez necesitan más dinero. En todo ese proceso, se acaba sacrificando la inversión porque no hay cómo financiarla sanamente.
Lo sucedido es consecuencia de varios factores, que tienen que ver sobre todo con que los gastos han aumentado mucho más rápido que los ingresos. En primer lugar, el proceso de modernización institucional adelantado por el gobierno pasado, que implicó el retiro de cerca de 50.000 servidores públicos, trajo consigo altos costos por indemnizaciones, las cuales llegaron a ser el 0,3 por ciento del PIB en 1993.
Por otra parte, la Constitución de 1991 obligó a acelerar las transferencias que se le hacen de los ingresos del Estado a los departamentos y municipios (ver gráfico), sin que las responsabilidades siguieran un proceso paralelo. Hoy en día existe consenso entre los técnicos en el sentido de que los municipios están sobrefinanciados, mientras que la Nación y los departamentos tienen problemas.
Adicionalmente, se ha hecho un esfuerzo notable para subirle los salarios al personal de la fuerza pública y a los funcionarios de la rama judicial y de la Fiscalía. Y, para completar, se estima que el costo de la Reforma a la Seguridad Social equivale a medio punto del PIB al año.
Para colmo de males, las cosas no están evolucionando bien. Al cierre del primer trimestre, los análisis hechos en el Ministerio de Hacienda demostraron que los pagos de impuestos de renta de los grandes contribuyentes iban a ser inferiores en cerca de 300.000 millones de pesos a lo esperado. Esa fue una de las motivaciones principales que llevó al gobierno a hacer de tripas corazón y después de discutir con el Banco de la República, aceptar un recorte de 530.000 millones de pesos en el presupuesto para este año.

LOS REMEDIOS
Tal como están las cosas, y si no se hace nada, el próximo año la situación sería ya muy difícil de manejar. La financiación del déficit del sector público presionaría hacia arriba las tasas de interés y le crearía problemas al control de la inflación y a la tasa de cambio.
Fue esa certeza la que llevó al presidente Samper a discutir fórmulas con su equipo económico. El resultado es una combinación de estrategias. "Paratraseando a Mockus, hay que aplicarla regla del todos ponen", sostuvo el director de Planeación Nacional, José Antonio Ocampo.
El primer sacrificado acabó siendo el Salto Social, al cual se le va a recortar la garrocha. Tal como están las cosas las inversiones públicas presupuestadas para 1996 van a pasar de 5,4 billones a 4,4 billones de pesos, aunque la idea es no afectar aquellos campos considerados como prioritarios.
El siguiente elemento es la aprobación del proyecto de Racionalización Tributaria, que la semana pasada recibió un fuerte espaldarazo del Partido Conservador, el cual de paso aseguró su permanencia en el gobierno. En un acuerdo firmado el jueves, esa colectividad se comprometió a votar positivamente la iniciativa en el Congreso, con unas modificaciones menores al texto original.
A lo anterior se sumó la conformación de una comisión de alto nivel que va a examinar el tema de la racionalización del gasto, con el fin de encontrar posibles ahorros y nuevas fuentes de ingreso. En la misma línea se espera la próxima semana una directiva presidencial que anuncie la congelación de la nómina oficial y parámetros para controlar ciertos gastos en las entidades públicas.
Tales medidas, mas un aumento limitado en el endeudamiento externo, forman parte de la primera batalla de una guerra cuyo encuentro decisivo tiene que ver con el tema de las transferencias. Por ahora se va a buscar que estas no crezcan al mismo ritmo de los últimos años, pero en el gobierno hay quienes creen que va a ser necesario meterle mano a la Constitución para tratar de regular el chorro de recursos que se está saliendo.
Aunque eso suena bien en principio, la viabilidad política de la idea es escasa. Si algo quisieran los congresistas es que el dinero que se les entrega a departamentos y municipios, lejos de disminuir, aumente. Y a pocos les suena que si las cuentas del sector central no dan, las regiones tengan que poner de su parte.
El problema de esa actitud es que si nada se logra en ese frente, parece inevitable un aumento en las tarifas del Impuesto al Valor Agregado hasta llegar al 16 por ciento. Por ahora el gobierno se niega a hablar oficialmente del tema, pero en las discusiones internas la idea ha sido discutida más de una vez. Incluso Ernesto Samper, quien en la campaña presidencial se comprometió a no aumentar los impuestos, no cierra esa puerta del todo. "El del IVA es un escenario que tendría que ser el resultado de un acuerdo político", afirma el Presidente.
Semejante declaración jamás se habría producido si la situación fuera un poco más holgada. Pero es evidente que el palo no está para cucharas y en una demostración de responsabilidad el gobierno ha preferido enfrentar el problema a esperar que le explote en las manos. Lo que viene, como siempre sucede en estos casos, es la discusión sobre quién tuvo la culpa de esto y porqué. No faltarán además las propuestas para que el Estado se apriete el cinturón, sin que haya que hacer recortes por otro lado. Y aunque ese propósito es sano, la verdad es que las ideas en ese campo tienden a ser poco efectivas.
Por eso, más allá de los juicios de responsabilidad cuyos veredictos son discutibles, lo importante es que el país entienda que tiene un problema serio en el bolsillo, el cual lo puede llevar a la bancarrota. "Hay que alistar los guardabosques antes de que se nos incendie la pradera", advierte el ministro Guillermo Perry. Y así es. Resulta mejor pararle bolas al humo ahora, que llamar a los bomberos cuando sea demasiado caro y demasiado tarde.

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