Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/08/31 00:00

Directo al grano

Vender lo que le sobra y dedicarse a su negocio es el nuevo principio del gremio cafetero en el país.

Directo al grano

El local del Ley de Unicentro en Bogotá, una empresa prestadora de salud y un banco hacen parte de las inversiones de las que ha salido, con utilidad o con pérdida, el gremio cafetero del país. Unas, como Cafesalud, fueron vendidas oportunamente y a buenos precios. Otras, como Bancafé, las perdieron ante la incapacidad de inyectarles nuevos recursos.

Hace seis años la Federación Nacional de Cafeteros decidió, obligada por la crisis que desató la ruptura del pacto internacional del café, no meter más plata en empresas distintas a la de defender su sector. Pero es desde mediados de 2002 cuando el gremio comenzó a ajustar su portafolio de inversiones y a mantener en sus manos solamente aquellas consideradas estratégicas. Quedaron atrás las aspiraciones de grupo económico y fueron reemplazadas por la esperanza de volver a hacer del café un buen negocio.

La decisión de liquidar Aces, por ejemplo, obedeció a este nuevo principio del gremio. Según Gabriel Silva, gerente de la Federación, Aces reunía todos los elementos que la hacían prescindible: no era una inversión estratégica, iba a generar pérdidas en el futuro y requería nuevas capitalizaciones.

"Había que salir de todo lo que nos estaba haciendo hueco", dice María Mercedes Cuartas, una empresaria del café de Palestina, Caldas. Y el hueco es grande. Las provisiones que ha hecho el Fondo Nacional del Café por las pérdidas que ha acumulado durante varios años en el valor de sus inversiones eran, a junio de 2003, de 671.000 millones de pesos, casi lo mismo que recibió durante todo el año pasado por exportar café. Ahí están incluidas las pérdidas que le ha traído al Fondo su participación en la Alianza Summa, los 130.000 millones de pesos de la Flota Mercante Grancolombiana y los 510.000 millones que era lo que valía Bancafé cuando lo intervino el gobierno en 1999.

¿Malas inversiones? "Ser sabio en retrospectiva es muy fácil", responde Silva. En los años de bonanza todo el gremio cafetero se sentía orgulloso de tener empresas como la Flota Mercante, el Banco Cafetero o Aces, que contribuyeron en mayor o menor medida al desarrollo de la región cafetera y del país. Sin embargo, ya a finales de los 80, se oían críticas sobre el manejo que se les daba a algunas de esas empresas y sobre el exceso de 'grasa' en la Federación Nacional de Cafeteros. Las críticas no fueron escuchadas pero el bolsillo sí. Los precios internacionales del café se fueron al piso y ahí han permanecido durante los últimos 13 años. Eso obligó a que finalmente el gremio entrara a cirugía para adelgazarse. Este proceso ha venido dándose de tiempo atrás, pero se ha acelerado en el último año, bajo la nueva administración. En los últimos 12 meses la Fedecafé y el Fondo han vendido activos por 150.000 millones de pesos. Todavía les quedan otras inversiones en lista de espera para ser vendidas, como la Compañía Agrícola de Seguros. Por otra parte, la Federación hoy funciona con 15 por ciento del personal que tenía hace una década.

El otro aspecto de la cirugía fue el cambio en las finanzas del Fondo Nacional del Café. Esta es una cuenta administrada por la Federación en la que los productores han aportado a lo largo de su existencia una parte de lo que reciben por cada libra de café exportada. Antes los cafeteros y el gobierno decidían cuánto aportaban -el valor de la contribución cafetera- según los precios internacionales subieran o bajaran. El Fondo, por su parte, fijaba un precio interno de compra para proteger a los caficultores de las caídas en el precio externo. Cuando los precios comenzaron a caer de forma permanente el esquema se hizo insostenible. Las pérdidas y las deudas eran gigantescas. En enero de 2001 el Fondo decidió dejar de sustentar el precio interno de compra y los caficultores decidieron dejar de pagar su contribución.

La situación cambió con la reforma tributaria de finales de 2002. El valor de la contribución fue determinado por la ley dentro de unos rangos, dándoles mayor estabilidad a los ingresos del Fondo, y éste se comprometió a comprar todo el café que le ofrecieran al precio al que lograra exportarlo. Todo esto ha hecho que, tras acumular un déficit de casi 450.000 millones de pesos en los últimos cuatro años, para finales de 2003 el Fondo proyecte tener un superávit de entre 5.000 y 15.000 millones.

El nuevo funcionamiento del Fondo garantiza a todos los cultivadores un comprador fijo de su café y el precio que les paga sirve de 'piso' para el café que quieran comprar otros exportadores.

A los caficultores, no obstante, les ha tocado aprender a vivir de un negocio en el que los precios son muy bajos. Eso ha hecho que los índices de pobreza en las regiones cafeteras aumenten. Por eso insisten en la necesidad de mantener un subsidio que les da el gobierno y que este año ascendió a 50.000 millones de pesos. De otra parte, el gremio que por años había sido el gran inversionista social y de desarrollo en el Eje Cafetero, ahora ha limitado su aporte a ejecutar en conjunto con alcaldías y gobernaciones algunos de los proyectos sociales. Actualmente aporta la experiencia técnica en el manejo de estos recursos.

Cafetero a sus 'cafes'

Haberse concentrado en su negocio le ha implicado a la Federación fortalecer dos líneas de acción: una es aumentar el valor agregado de la producción y exportación de café y la otra es tecnificar y hacer más eficiente la caficultura del país. La idea es que los productores ganen no solamente por vender café verde, sino que participen de las ganancias que dejan otras actividades, como la venta directa al consumidor final o la exportación de cafés especiales. La creación de cadena de tiendas Juan Valdez o la presencia directa de la marca 'Café de Colombia' en los supermercados de países consumidores hacen parte de esta estrategia.

Otro objetivo es promover el consumo interno, muy bajo con relación a otros países Mientras los brasileños consumen la mitad del café que producen en Colombia sólo se queda 12 por ciento de la cosecha. Y lo más grave, 73 por ciento de los colombianos que toman café tienen más de 45 años. Esto ha llevado, por ejemplo, a que la Federación lance una campaña de promoción, junto con la Compañía Nacional de Chocolates, Colcafé y Aguila Roja, por casi 6.000 millones de pesos.

El nuevo rumbo que ha tomado la Federación pretende darle aire a un negocio que se volvió malo en el mundo. En regiones cafeteras, como Centroamérica o Brasil, los productores se quedaron sin entidades que pudieran realmente jugar como actores en el mercado. En Colombia las instituciones cafeteras lograron superar los peores años y de que puedan llevar a cabo sus proyectos dependerá que los caficultores puedan recuperar algo de lo que ganaban en sus buena épocas.

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