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| 1/29/2017 12:00:00 AM

Trump pone a México contra las cuerdas

Con la decisión de construir un muro en la frontera mexicana, renegociar el TLC con el país azteca y aplicar un impuesto del 20 por ciento a las importaciones, el presidente de Estados Unidos causó una crisis diplomática y comercial de gigantescas proporciones. América Latina mira expectante.

El golpe fue directo a la mandíbula del orgullo y la economía mexicana. Sin que hubieran pasado cinco días de su posesión, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció drásticas medidas contra México, que causaron un cataclismo político y pusieron en suspenso las relaciones diplomáticas y comerciales de los dos países. Las consecuencias podrían ser catastróficas para esta nación, y de paso para América Latina, que tiene en el país del norte a uno de sus principales socios.

Y es que el cúmulo de noticias de la semana pasado fue vertiginoso y el país azteca todavía está tratando de asimilarlo. Trump lanzó toda su artillería la semana pasada al anunciar que revisará el tratado de libre comercio con México y Canadá, conocido como Nafta por sus siglas en inglés, con lo que cumpliría una de sus primeras advertencias de campaña. Además, para dejar claro que pasaría de los anuncios a los hechos, reveló que su país no haría parte del Acuerdo Transpacífico, conocido como TPP por sus siglas inglesas. Este tratado firmado en 2015 tiene como objetivo impulsar una gran zona de libre comercio entre 12 países de América Latina y Asia, y hacerle contrapeso a China.

Pero el puntillazo final con México vendría el miércoles, cuando el mandatario norteamericano firmó un decreto que le da vía libre a la construcción de un muro en la frontera con ese país, un tema que ha causado indignación en América Latina. En una entrevista para la cadena de televisión ABC, Trump dijo que México pagará el muro “de una manera u otra”. El objetivo es frenar el paso de inmigrantes ilegales a lo largo de una frontera de 3.153 kilómetros de longitud. El costo de la obra se ha estimado en cerca de 20.000 millones de dólares.

Para ponerle más sal a la herida y despejar las dudas sobre quien pondría los millonarios recursos para financiar este proyecto, el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, reveló el jueves que el gobierno de Estados Unidos aplicaría un impuesto del 20 por ciento sobre las importaciones provenientes de México.

Estos anuncios terminaron de dinamitar la relación entre los dos países, que estaba muy maltrecha tras las amenazas de Trump a las principales automotrices de Estados Unidos que tienen plantas en México, para frenar sus inversiones en esa nación. La situación llegó a tal nivel que el presidente de México, Enrique Peña Nieto, presionado por su oposición, canceló su visita a Washington prevista para el martes. Pero lo hizo tarde porque Trump se había anticipado horas antes por medio de un trino en el que señaló que “si México no está dispuesto a pagar el tan necesario muro, entonces sería mejor cancelar la inminente reunión”. Una verdadera bofetada.

Peña Nieto está contra las cuerdas teniendo en cuenta que goza de una aprobación del 12 por ciento por los bandazos en el manejo de las relaciones con el país del norte y a sus medidas económicas, que han sido muy impopulares. Todavía se le critica su sumisión al invitar a Trump en agosto del año pasado a su país, cuando no fue contundente en ponerles los puntos sobre las íes al entonces candidato. A esto se suma el malestar por la disparada de la inflación tras el alza del 20 por ciento en el precio de la gasolina. La devaluación del peso mexicano sigue en niveles récord y no se detiene la salida de capitales extranjeros. El viernes, luego de una conversación telefónica de una hora, los dos mandatarios trataron de bajarle el tono a la crisis y dijeron que no se pronunciarán públicamente sobre el muro. Pero el daño ya estaba hecho.

El golpe comercial

En México los ánimos están tan caldeados que varios dirigentes políticos le pidieron a Peña Nieto acabar con el TLC firmado en 1994 y no agachar la cabeza ante el coloso del norte. El ministro de Economía, Ildefonso Guajardo, dijo que su país no aceptará un nuevo pacto comercial que no sea ventajoso para todas las partes. “Si vamos a ir por algo que sea menos de lo que tenemos, no tiene sentido quedarnos”, dijo el funcionario a Televisa.

Pero las cosas no son tan sencillas como parecen, si se tiene en cuenta que la relación comercial entre los dos países asciende a 500.000 millones de dólares. Estados Unidos es el principal socio comercial de México y esta nación es la tercera en importacia para el país del norte, después de China y Canadá.

Si el Nafta desapareciera el mayor afectado sería México porque hacia Estados Unidos se dirigen más del 70 por ciento de sus exportaciones, que ascendieron en 2015 a 235.000 millones de dólares. Entre los principales productos exportados están automóviles, un sector que catapultó al país latinoamericano como el séptimo productor mundial con más de 3 millones de vehículos. El frenazo en esta industria dejaría en la vía miles de empleos. Otros sectores que sufrirían serían equipos de telecomunicaciones, productos agrícolas (aguacates y frutas) y petróleo.

Si Trump cumple la amenaza de gravar con el 20 por ciento a todas las importaciones mexicanas, Estados Unidos recibiría cerca de 50.000 millones de dólares, más que suficiente para construir el famoso muro. Sin embargo, en la Casa Blanca dejaron entrever que dicho impuesto se cargaría solo a importaciones por 60.000 millones, que es la diferencia en la balanza comercial entre los dos países y que es negativa para Estados Unidos.

Este tema ha sido muy cuestionado por los expertos económicos que aseguran que no se podría cobrar mientras esté vigente el Nafta, y que dicho arancel tendrían que ser aprobado por el Congreso. Además, México podría demandar estas normas ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). El premio nobel de Economía, Paul Krugman, cuestionó al presidente Trump por esta medida y en un trino afirmó que esto demuestra “ignorancia, disfuncionalidad, e incompetencia a todos los niveles”. Según Krugman, la política proteccionista que abandera Trump podría replicarse en otras partes del mundo y terminar con la OMC y todo el sistema comercial.

Pero el impacto negativo para México no solo sería en materia comercial. En entredicho podrían quedar la inversión extranjera del país del norte, que supera los 15.000 millones de dólares, y las remesas enviadas por los migrantes, que ascienden a 25.000 millones de dólares, más de los ingresos por exportaciones petroleras, y que también podrían ser castigadas.

Sin embargo, en esta pelea desigual, en la que Estados Unidos tiene la sartén por el mango por el cierre de fronteras y los impuestos al comercio, Estados Unidos no saldría indemne ya que le compró a México en 2015 productos por 296.000 millones de dólares (el 16 por ciento del total de importaciones). Además, si sigue a rajatabla las medidas para expulsar a los inmigrantes indocumentados se quedaría sin una fuerza de trabajo de por lo menos 6 millones de personas que dependen de este intercambio comercial.

Lo cierto es que México tiene que comenzar a buscar rápidamente salidas a esta crisis que podría ser tan o más grave como la del Tequila en 1994, que sumió al país en una depresión y se produjo en el mismo año en que se firmó el TLC con Canadá y Estados Unidos. Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, de México, dijo que los empresarios de su país se vienen preparando para una renegociación del TLC y reconoció que el fortalecimiento de la economía mexicana depende de la competitividad de las empresas de ese país. “Nuestra nación representa la economía 14 del mundo, somos el principal comprador de 31 estados norteamericanos”, dijo el directivo.

Una de las alternativas es impulsar sus exportaciones hacia los Estados con los que tiene tratados comerciales, como Colombia, con el que tiene una balanza comercial deficitaria. Mientras las importaciones provenientes de la nación azteca ascendieron el año pasado a cerca de 900 millones de dólares, el país le vendió a México productos por más de 3.800 millones de dólares.

Colombia, a la expectativa

Ante el panorama tan complicado es lógico que Peña Nieto quiera equilibrar un poco más las cargas al enviar mayor mercancía, entre otros países, a Colombia. Los industriales nacionales están a la expectativa de lo que pueda pasar en este escenario.

Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), dice que es importante que no lleguen productos mexicanos en condiciones de competencia desleal. El dirigente gremial reconoce que Trump está imponiendo un nuevo orden mundial y que los países tienen que empezar a ajustarse a esta nueva situación. Por eso es partidario de que Colombia siga adelante con su proceso para diversificar mercados, para no depender tanto de una nación en materia comercial, como pasó con Venezuela, que durante muchos años fue su segundo socio.

Colombia no depende del mercado estadounidense en forma tan dramática como México, pero cerca del 33 por ciento del total de las exportaciones colombianas van a esa nación, una cifra alta. El año pasado las exportaciones ascendieron a 9.000 millones de dólares, menos de la mitad que las de 2012, tras la firma del TLC con esa nación. Colombia importa de Estados Unidos productos por 10.800 millones de dólares.

La ministra de Comercio, María Claudia Lacouture, reconoce que “este movimiento de placas tectónicas en las políticas internacionales” representa grandes desafíos. Al contrario de lo que muchos creen, considera que Colombia puede tener oportunidades en el mercado estadounidense al ocupar el terreno que pierdan México o China. Según Lacouture, el país tiene ventajas comparativas en 136 productos. Además, no prevé una renegociación del TLC firmado con Colombia porque las exportaciones colombianas apenas representan el 0,8 por ciento del total de bienes y servicios que adquiere Estados Unidos en el exterior.

Sin embargo, para comenzar a tantear el terreno y ver de cerca cuáles son las verdaderas intenciones del presidente estadounidense con Colombia, la ministra viajará al país del norte en los próximos días para entrevistarse con el secretario de Comercio y cerca de 800 empresarios.

La oportunidad de China

En medio de esta turbulencia, China mira con mucha atención lo que sucede en materia comercial. El coloso asiático sorprendió con su postura más abierta al libre mercado y la globalización en la pasada cumbre de Davos. Allí, el presidente Xi Jinping advirtió que ningún país saldrá vencedor de una guerra comercial, en clara alusión a las amenazas de Trump. “El proteccionismo es como entrar a una sala a oscuras (...) tenemos que seguir comprometidos con el libre comercio”, señaló.

Una guerra comercial con China son palabras mayores para Estados Unidos porque esta nación es su primer socio comercial y está en clara desventaja. Mientras Estados Unidos le vendió al gigante asiático productos por 116.000 millones de dólares en 2015, ese mismo año le compró 483.000 millones, cuatro veces más.

Y mientras Trump cierra las puertas al comercio, China busca abrirlas para incrementar su relación y extender su influencia. Bajo este panorama América Latina sigue estando en su mira. En los últimos años ha incrementado sus inversiones y préstamos a varios países de la región, y diseñó un ambicioso plan de cooperación en política, comercio, economía, sociedad, cultura, cooperación internacional, paz y seguridad.

Cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) revelan que China ya es el segundo socio comercial de la región y el objetivo a mediano y largo plazo es desbancar a Estados Unidos como primer socio.

Por eso el coloso asiático recibió con gran expectativa y entusiasmo el anuncio de la salida de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico. El TPP, del que hacen parte Japón, Nueva Zelanda, Australia, Brunéi, México, Singapur, Chile, Perú y México, quedó herido de muerte, un hecho que China sin lugar a duda alguna va a aprovechar.

Estas jugadas geopolíticas marcarán el rumbo del comercio internacional en los próximos meses y años, con grandes ganadores y perdedores. Por el momento, México parece estar en esta última categoría, pero no será el único que saldrá lastimado en esta guerra comercial. 

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