Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/11/23 00:00

DURMIENDO CON EL ENEMIGO

¿Terminará Internet por destronar como vehículo de transmisión de información a las redes de telefonía tradicionales?

DURMIENDO CON EL ENEMIGO

Las grandes empresas de telecomunicaciones del mundo todavía no saben qué pensar del acelerado desarrollo de Internet. De una parte la explosión en la transmisión de datos alrededor del planeta ha incrementado el tráfico en las redes de telecomunicaciones y, por ende, los ingresos de las compañías que las controlan. Este año el volumen de tráfico de datos superará al volumen de tráfico de voz por primera vez en la historia. Teniendo en cuenta que la transmisión de datos es el motor que está jalonando el tráfico de información a nivel mundial y que las empresas de telecomunicaciones son dueñas de la mayoría de las redes que transportan este tráfico, se podría pensar que estas compañías están felices con el crecimiento de Internet.
Sin embargo Internet, al tiempo que representa una inmensa oportunidad también constituye una peligrosa amenaza para las compañías de teléfonos. Debido a su estructura eminentemente descentralizada, su desarrollo más bien desordenado y al hecho de que no está regulada es difícil para las empresas cobrar adecuadamente a los usuarios de la red por la utilización de su capacidad de transmisión. Por lo tanto muchas compañías se han valido de las 'lagunas' que genera la red para desarrollar negocios que compiten con los servicios tradicionales de las telefónicas. El primer innovador en este campo fue la empresa israelí VocalTec, que diseñó un software que permite hacer llamadas de voz por la red a cualquier lugar del mundo por el precio de una comunicación local. También hay empresas, como Arbinet, que utilizan un programa que le cobra a sus clientes por encontrar la ruta de transmisión más económica para su llamada a través de Internet.
En este contexto, las grandes compañías de telecomunicaciones en Estados Unidos y Europa se han visto obligadas a incursionar en la telefonía por Internet, prefiriendo canibalizar parte de sus mercados tradicionales antes que abrir la posibilidad de que éstos caigan en manos de otros. Por una parte, las compañías de larga distancia han comenzado a entrar a este negocio no sólo como estrategia defensiva sino también para suplir su gran desventaja frente a las empresas de telefonía local _la conexión con el usuario final_. En la actualidad una llamada hecha a través de Internet es vista como una transmisión de datos y no de voz, y como tal no está sujeta a las tarifas de acceso que cobran las compañías de telefonía local para originar y terminar las llamadas de larga distancia. Por lo tanto, utilizar la red puede generar economías importantes para las empresas que no llegan con sus redes hasta el usuario final. Empresas como AT&T, Sprint y Deutsche Telekom han lanzado servicios de telefonía por Internet que ofrecen precios supercompetitivos y en algunos casos ni siquiera requieren el uso de un computador personal. Por su parte las empresas de telefonía local, cuya capacidad de interconexión con el resto del mundo es normalmente limitada, se pueden valer de Internet para ofrecer servicios de larga distancia sin la necesidad de montar redes propias y economizando grandes sumas en el alquiler de éstas.
Sin embargo el hecho de que las llamadas telefónicas enviadas a través de Internet no estén sujetas a cargos de acceso puede ser una ventaja pasajera, y de hecho la mayoría de los expertos estiman que lo es. ¿Si se eliminan las diferencias regulatorias habría aún razones para pensar que Internet pueda ser una fuente de competencia seria para las empresas de telefonía en su negocio de voz? Antes de entrar a evaluar esta posibilidad es preciso analizar las diferencias tecnológicas entre una llamada telefónica normal y una hecha a través de la red. Una llamada telefónica normal utiliza un circuito dedicado de dos vías que conecta a ambas partes y se mantiene abierto por la duración de la conversación. Mientras el circuito esté abierto no se puede utilizar para nada más. En una llamada por Internet, en cambio, la conversación es digitalizada _convertida en una secuencia de unos y ceros_ y luego es dividida en 'paquetes' que son enviados a través de la ruta óptima entre los dos terminales en ese momento. Estos 'paquetes' se pueden separar y moverse por diferentes circuitos, mezclándose incluso con segmentos de otras transmisiones, antes de llegar a su destino final, donde son reagrupados y convertidos otra vez en una señal sonora. Este sistema permite un uso más eficiente de la capacidad de transmisión, pero también puede producir una señal de inferior calidad si los 'paquetes' no se recombinan adecuadamente.
La verdad es que, al menos con la tecnología actual, la transmisión digital en 'paquetes' no es óptima para llamadas de voz, pues no permite que las personas puedan hablar y oír simultáneamente y aún no tiene la calidad de sonido del sistema tradicional. No obstante, para servicios como el fax _que es básicamente envío de datos a través de la red telefónica_, o los mensajes de voz _que son de una sola vía_ ya es una alternativa muy económica. Por otra parte, una conversación por Internet se puede ver afectada por la congestión que con frecuencia existe en este medio.
De todas maneras el mercado de telefonía por Internet, aunque aún es relativamente marginal _particularmente en cuanto a llamadas cobradas se refiere_ ha venido creciendo rápidamente. Se espera que sólo en Estados Unidos los ingresos por este servicio superen los 1.000 millones de dólares en 2002 _es decir, un 3 por ciento del mercado total de larga distancia nacional e internacional en ese país (ver cuadros)_. En este momento, sin embargo, no parece razonable pensar que presentará una amenaza sustancial para el negocio tradicional de telefonía a raíz de los limitantes tecnológicos y el hecho de que es probable que a medida que el costo de las llamadas de larga distancia convencionales caigan por los aumentos en capacidad y la desregulación, el costo de transmitir por Internet suba a raíz del incremento en el tráfico y la nivelación de las reglas de juego. No obstante, conociendo la velocidad del avance tecnológico en Internet y la transmisión digital de datos, no es aconsejable para las empresas de telecomunicaciones permanecer al margen de estos desarrollos.

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