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| 12/13/2008 12:00:00 AM

Efecto dominó

La crisis se llevó por delante las más grandes empresas financieras de Estados Unidos. Se quebraron 22 bancos y tambalearon las más emblemáticas industrias.

No importó qué tan hondos fueran los cimientos de las grandes instituciones financieras de Estados Unidos. La crisis de Wall Street golpeó a todas por parejo. Como en un juego de dominó, las piezas se fueron derrumbando, una tras otra. Las entidades que no se hundieron quedaron seriamente debilitadas.

En marzo concluyó la historia de un pilar financiero de 85 años: Bear Stearns. El quinto banco de inversión más importante de Estados Unidos había hecho una apuesta dura en el mercado hipotecario de alto riesgo, o los llamados subprime, y sucumbió bajo su peso. Gracias a la intervención del gobierno estadounidense Bear Stearns terminó siendo adquirida por JP Morgan Chase por 240 millones de dólares

Las alarmas se encendieron con el derrumbe de Bear Stearns, pero lo peor apenas estaba por llegar.

El 14 de septiembre de 2008, Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión de Estados Unidos, se declaró en bancarrota, golpeado por las pérdidas en el sector hipotecario y por la falta de fondos. Sus accionistas intentaron conversaciones para buscar un comprador, pero no resultaron. El gobierno de Estados Unidos esta vez no intervino para ayudarlo y dejó que Lehman Brothers se hundiera en su propia suerte.

Se puso así fin a 158 años de historia. Durante este tiempo Lehman Brothers logró superar la Guerra Civil estadounidense, la Gran Depresión que siguió al crash de 1929 y dos guerras mundiales, pero terminó protagonizando la mayor quiebra en la historia corporativa del mundo. Una semana después de declararse en bancarrota, el banco británico Barclays, el tercero del Reino Unido, adquirió una sección de Lehman y pasó a controlar la operación financiera.

Con un poco de mejor suerte corrió Merrill Lynch, el tercer banco de inversión estadounidense.

Desde octubre del año pasado, la firma había registrado pérdidas por primera vez en sus 93 años de historia. Sin embargo, en septiembre de este año logró salvarse gracias al acuerdo logrado con Bank of America, que pagó 29 dólares por la acción de la otrora megaempresa de Wall Street.

Pero la crisis siguió cobrando víctimas. El Washington Mutual (WaMu), el sexto banco estadounidense en términos de activos, fue cerrado en septiembre de 2008. Las autoridades estadounidenses decidieron que JP Morgan Chase comprara una parte de sus activos. Por su tamaño, se considera el mayor hundimiento de un banco en la historia de Estados Unidos. La segunda quiebra bancaria más grande estadounidense llegó con Wachovia. Este banco terminó vendido a la firma californiana Wells Fargo.

Ya habían caído entidades como IndyMac Bank, el segundo banco hipotecario estadounidense, que pasó a ser controlado por las autoridades federales en julio de 2008. También el gobierno intervino las dos mayores compañías hipotecarias de ese país: Fannie Mae y Freddie Mac.

Las dificultades tocaron todas las puertas. Los que no cayeron, quedaron seriamente debilitados. El Citigroup, la mayor empresa de servicios financieros del mundo, hace ingentes esfuerzos para evitar entrar en un colapso.

Su situación hizo recordar al gigante American International Group (AIG). Este año, la mayor aseguradora de Estados Unidos necesitó el apoyo de las autoridades para evitar caer en el colapso. La aseguradora obtuvo asistencia financiera de corto plazo por más de 85.000 millones de dólares.

Los gigantes del sector real también se han visto en dificultades y buscan ayuda.

El conglomerado industrial y financiero General Electric ha replanteado algunas áreas de negocio para no entrar en más dificultades. Todo indica que la vida no será la misma para las grandes empresas estadounidenses.

La industria automotriz estadounidense también está al borde del colapso y busca salidas desesperadas. GM, Ford y Chrysler acumulan pérdidas millonarias y esperan un salvavidas. Como se ve, ni las más emblemáticas empresas del mundo han escapado a la crisis. Quiénes más caerán, está por verse.
 
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