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| 4/5/2014 1:00:00 AM

Ejecutivos bogotanos, a volar sobre el trancón

Los ejecutivos pronto volarán en helicópteros sobre el tráfico para dejar de perder tiempo en eternos trancones.

Las calles de Bogotá son un campo de batalla. Entre huecos y obras, 1.652.000 vehículos particulares, 350.000 motos y 100.000 buses luchan metro a metro para tratar de avanzar. La velocidad promedio en horas pico no pasa de 23 kilómetros por hora y según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo la mitad de los bogotanos se demora más de hora y media diaria para desplazarse. Encima de este infierno de pitos y exostos, el cielo parece ser uno de los últimos espacios libres de la ciudad.

En megalópolis como Tokyo, Nueva York o Sao Paulo (ver recuadro) desde hace ya varias décadas los más altos ejecutivos evaden el caos en helicóptero, surcando los aires por encima del tráfico. En Bogotá el negocio apenas da sus primeros pasos y Carlos Valencia, piloto con 17 años de experiencia, quiere ser el pionero. En noviembre pasado, atrapado en uno de los insoportables trancones capitalinos, se le ocurrió montar un negocio de transporte aéreo para altos ejecutivos. Explica que su empresa Heliair “surge en dos momentos cruciales: el país está mejor en seguridad y la ciudad no da más. Se han adoptado todo tipo de medidas pero lo único que han logrado es correr la circulación de un lado a otro”. Como en la teoría capitalista más pura: una necesidad insatisfecha es una oportunidad.

Valencia se puso a recorrer zonas clave de Bogotá para los negocios y la industria, en busca de helipuertos para formar una red para su mercado potencial: gerentes, consultores internacionales y hombres de negocios para quienes perder un minuto es un lujo. Heliair ya tiene cinco pistas en los grandes centros del poder de la capital (ver mapa) y contactos con 40 empresas dispuestas a pagar 300.000 pesos por trayecto para que sus ejecutivos se movilicen a más de 200 kilómetros por hora.

Pero le falta lo más difícil: conseguir los permisos. Debe tramitar uno con la Fuerza Aérea de Colombia, pues en Bogotá hay varias áreas restringidas y para sobrevolarlas se debe tener autorización tanto para las aeronaves como para los pasajeros. La FAC quiere prevenir que los helicópteros sean secuestrados y usados para bombardear una base o la Casa Nariño. Por eso, al menos por ahora, un verdadero servicio de taxi aéreo, que recoja pasajeros en cualquier lugar y en cualquier momento, no es posible. Valencia explica que las empresas tendrían primero que afiliar a sus empleados, comprar cupos y pedir con 24 horas de antelación el traslado.

Por otro lado, Aeronáutica Civil debe aprobar los horarios y el uso de corredores aéreos para asegurarse de que los helicópteros no entorpezcan el tráfico del Aeropuerto Eldorado. El capitán Armando Latiff, exinspector de Seguridad y Operaciones Aéreas de la Aeronáutica, cree que la operación es segura, pues muchas capitales lo hacen sin mayores problemas, aunque advirtió que si el flujo crece demasiado puede ser “problemático pues el espacio aéreo capitalino es relativamente pequeño en comparación con otras ciudades”.

Por ahora Heliair estudia el mercado y quiere ofrecer una ruta fácil Guaymaral-Eldorado, con paradas en el centro de negocios Teleport en la Carrera Séptima con calle 116, en el Hotel Tequendama en el centro y en la Cámara de Comercio de la avenida 26 con calle 68. El helicóptero, un Bell 206 L3 de cuatro puestos, cubriría en media hora el recorrido y saldría una vez en la mañana y otra en la tarde. El capitán Valencia asegura que “si hay demanda, lanzo dos rutas en la mañana, dos en la tarde, y ahí vamos viendo”. Si los millonarios quieren volar a sus fincas en Anapoima (25 minutos de vuelo), dice que también puede montarles una operación.

Frente al intenso tráfico aéreo de urbes como Sao Paulo, donde a diario se realizan más de 1.600 vuelos, Bogotá todavía está en pañales. El capitán Luis Carlos Gil, gerente comercial y de operaciones de Aviones y Helicópteros de Colombia (Aviheco) dijo que el negocio es interesante, pero aún es escéptico porque la oferta de helipuertos es limitada, hay que hacer demasiados esfuerzos a nivel regulatorio.

Pero no hay duda de que el mercado existe, aunque para menos del uno por ciento de los bogotanos, que surcarían el cielo a toda velocidad mientras el resto de la ciudad queda atrapada en el caos de la inmovilidad. Pero eso no trasnocha a Carlos Valencia, que acepta que el servicio de helicópteros “discrimina, pero igual que un taxi discrimina a los que montan en bus. Cada cual vive como puede y hace lo que puede pagar”.

Sao Paulo por el aire

La ciudad brasileña es pionera en el uso de helicópteros contra el atasco. Ya sobrepasó a Tokyo y Nueva York.

Si para los bogotanos la congestión vial es imposible, en Sao Paulo es apocalíptica. Hace poco se rompieron todos los récords con un trancón de 300 kilómetros, el metro colapsó y en la conurbación de 20 millones de habitantes llegan cada mes 100.000 vehículos nuevos. El asunto llegó a tal nivel que en los años noventa los multimillonarios compraron helicópteros para no vivir atrapados en sus carros. Pero con la bonanza que Brasil vivió en los últimos años, los taxis aéreos se dispararon. Cada día más de 1.600  vuelos privados atiborran el cielo paulista, la flota sobrepasa los 400 aparatos y en la ciudad hay 193 helipuertos.

El boom de helicópteros transformó a Sao Paulo con un vaivén permanente de aeronaves zumbando en el aire como en un episodio de Los Supersónicos. Un vocero de Helimarte, una empresa con más de 15 años de experiencia en el sector, le dijo a SEMANA que “cobramos según las necesidades del cliente. Tenemos aparatos para tres pasajeros que cuestan 1.800 reales por hora (780 dólares) y otros para cinco personas a 3.500 reales (1.500 dólares). Mientras estén cerca de un helipuerto, recogemos a nuestros clientes en cualquier parte. A diario tenemos entre 20 y 30 vuelos”.

El negocio es boyante y crece 20 por ciento cada año, aunque no ha crecido sin problemas. Entre 2001 y 2010 se han reportado 148 accidentes en Sao Paulo, todos los días las autoridades reciben diez quejas por el ruido de los aparatos y muchos pilotos no respetan ni las rutas, ni las altitudes de vuelo. Incluso, hay rutas piratas que operan sin permiso. 
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