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| 2/12/2006 12:00:00 AM

El año de los "cacaos"

2005 quedará en la memoria como el de los meganegocios: hasta se vendió Bavaria. Los grupos económicos reacomodaron sus fichas y cambiaron para siempre el ajedrez empresarial del país.

Lo más probable es que a los hinchas del fútbol les importe un comino, pero lo cierto es que este año un equipo va a terminar con ínfulas de haber clasificado al mundial: el de los grupos económicos. En lo que se puede considerar como "su mejor partido hasta la fecha", 2005 promete ser el año más importante de la historia reciente para los grandes conglomerados colombianos. Después de que el milenio comenzara con un panorama sombrío para cualquier actividad productiva, el segundo lustro del siglo XXI empieza con pie derecho para los llamados dueños del país. Al menos eso parecen indicar las cifras de ventas, fusiones y adquisiciones que tuvieron lugar este año y que desataron una euforia bursátil que no se veía desde hace décadas. Cervecería Bavaria puso el punto más alto. Luego de un proceso de expansión por el continente que tomó varios años, el grupo Santo Domingo vendió su "joya de la corona" a la multinacional sudafricana SABMiller, por 7.800 millones de dólares. El negocio, que se concretó el pasado 20 de julio, se convirtió en la operación más grande en la historia del país. Esa transacción le permitió a Santo Domingo hacerse al 15 por ciento de las acciones de SABMiller, y a los minoritarios, a unos 1.200 millones de dólares en efectivo. La transacción estuvo en manos de un joven de apenas 28 años del cual se había oído muy poco: Alejandro Santo Domingo. La siguiente jugada de Alejandro fue comprar la totalidad de las acciones de la empresa de televisión por cable TV Cable, por más de 100 millones de dólares. Con esta apuesta, el grupo Santo Domingo ratificó su interés por el negocio de televisión, en el que ya tiene diversos negocios en la región, de los cuales el más importante es el Canal Caracol. El Sindicato Antioqueño no se quedó quieto y también movió su ajedrez: vendió Coltabaco a Philip Morris, expandió su negocio cementero a niveles insospechados y creó la mayor organización financiera del país. El primero de ellos cuajó el pasado 25 de abril. Mediante una operación que se realizó en bolsa a través de una oferta pública de acciones (OPA), el conglomerado paisa vendió la empresa tabacalera más grande del país a la compañía estadounidense dueña de la marca Marlboro, que aumentó con esta operación su participación en el mercado local de cigarrillos del 3 al 55 por ciento. El vaquero de Marlboro logró enlazar al indio pielroja de Coltabaco por un valor de 314 millones de dólares. La segunda jugada del Sindicato fue en el negocio cementero. Primero fusionó sus cementeras Río Claro, Paz del Río, Colclínker, Del Valle, Tolcemento, El Cairo y Nare, en una única compañía: Cementos Caribe. A través de esta empresa y de su matriz Argos, ejecutó después una jugada maestra que nadie esperaba. Compró las concreteras estadounidenses Southern Star y Concrete Express, por 257 millones de dólares. La faena terminó con la adquisición de Cementos Andino, su archirrival en la capital del país, en 192 millones de dólares. Hoy el Grupo Argos es el quinto productor de cemento en América Latina. La tercera movida de los antioqueños en 2005 fue la creación de la mayor entidad financiera del país. En julio nació el Grupo Bancolombia, fruto de la fusión de los bancos Bancolombia y Conavi, las fiduciarias Corfinsura y Fiduciaria Colombia, las compañías de leasing Suleasing y Leasing Colombia y la firma comisionista de bolsa Suvalor. El resultado: la mayor operación realizada en los casi 135 años de la historia bancaria en Colombia y una poderosa entidad financiera con el 24 por ciento de los activos del sistema bancario, 663 oficinas, 4,5 millones de clientes y 12.000 empleados. Esta jugada no fue la única que alteró el ajedrez del sistema financiero. Otros grupos económicos con inversiones en el negocio bancario también agitaron el mercado. El Grupo Bolívar, propietario de Davivienda y dueño de varias empresas en los sectores asegurador, constructor y financiero, compró el Banco Superior por 430.000 millones de pesos. El Grupo Social fusionó los bancos Colmena y Caja Social en el nuevo Bcsc, y el Grupo Gilinski integró los bancos Sudameris y Tequendama en el GNB Sudameris. El Grupo Aval, dueño de la red bancaria más grande del país y columna vertebral de la Organización Sarmiento Angulo, continuó con la integración de las corporaciones financieras Corficolombiana y Corfivalle. Y hasta los extranjeros se llevaron su pedazo de pastel, con la compra del Banco Granahorrar por parte del español Bbva en 970.000 millones de pesos, muy por encima de lo esperado por el gobierno. Las agitadas aguas del mundo de los negocios llegaron también a orillas del Grupo Mayagüez. Este grupo -dueño de varios negocios de azúcar, y de Cine Colombia- vendió por 50 millones de dólares las Siderúrgicas Diaco y Sidelpa al grupo brasileño Gerdau, el mayor productor de aceros largos en el continente americano. Mayagüez también movió su negocio de entretenimiento y recompró el 24,3 por ciento de las acciones de su cadena de salas de cine, al fondo de inversiones Latin America Entrerprise. El grupo Carvajal no se quedó atrás. El conglomerado vallecaucano, líder en el sector editorial y de producción de papel con presencia en 17 países de América Latina, continuó con su proceso de reestructuración y fusionó sus matrices nacional e internacional. También compró la compañía impresora Tecimpre y, en junio, anunció la salida a bolsa de sus cinco principales empresas: Propal, Norma, Bico, Empaques Plásticos y Páginas Amarillas Publicar del Brasil. Lo más seguro es que estas compañías salgan al mercado público de valores a mediados de 2007. De la mano de estas movidas llegaron al país nuevos inversionistas extranjeros, con unas billeteras sin fondo y una chequera casi ilimitada. Durante el primer semestre de 2005, la Inversión Extranjera Directa (IED) alcanzó los 2.260 millones de dólares y se prevé que al finalizar el año alcance los 4.000 millones de dólares. Se trata de la cifra más alta de IED en toda la historia a excepción de 1997, año en el que llegó por esta vía un chorro de dólares producto de la venta de la Empresa de Energía de Bogotá, de varias hidroeléctricas y las inversiones para los campos petroleros de Cusiana y Cupiagua. La llegada de nuevos inversionistas, sumada a la fiebre de compras y fusiones, desató una euforia bursátil que ni Nostradamus fue capaz de vaticinar. Entre enero y noviembre de 2005, el Índice General de la Bolsa de Colombia (Igbc) subió 97,9 por ciento, muy por encima de cualquier pronóstico. Como consecuencia de este crecimiento excepcional, la bolsa colombiana fue la de mayor rentabilidad en todo el mundo -con un amplio margen sobre la de Varsovia y El Cairo, que ocuparon el segundo y el tercer puesto-, según el último ranking de la Asociación Mundial de Bolsas. ? La lógica de los negocios Obviamente, ninguno de estos negocios apareció de la noche a la mañana. Tampoco son el fruto de un coqueteo de uno o dos días. Hacen parte de toda una estrategia empresarial en la que vienen trabajando los grandes grupos desde hace años y que consiste en concentrarse en los negocios que más les interesan y salir del resto de inversiones. Las jugadas del Sindicato Antioqueño, por ejemplo, obedecen a su decisión de concentrarse en sus tres negocios estratégicos -financiero, cementero y de alimentos- y salir de todo lo demás. La venta de Coltabaco, la fusión de las cementeras y la integración de todas las entidades financieras eran pasos casi obligados para este conglomerado que en los últimos dos años ha sometido su estructura de negocios a una cirugía de marca mayor. Lo mismo pasa en el caso del Grupo Santo Domingo. Con la venta de Bavaria se terminó de diluir la presencia en Colombia del que fue el conglomerado económico más poderoso del país en la década pasada. La aparición de Alejandro en el mundo de los negocios coincidió con la reducción, a su mínima expresión, de las inversiones del grupo Santo Domingo en el país: mientras en 1997 tenía 70 empresas, hoy escasamente tiene siete: Caracol Televisión, El Espectador, TV-Cable, Cromos y tres en sociedad con el grupo Sanford. Esto es mucho para cualquier mortal, pero muy poco para una familia que llegó a representar hace apenas cinco años el 5 por ciento del producto interno bruto del país. La pregunta que se hace hoy todo el mundo es: ¿qué sigue ahora para los grandes grupos? ¿Dónde van a invertir la plata que recibieron por estas transacciones multimillonarias? ¿Dejarán ese dinero dentro del país o se lo llevarán para afuera? ¿Es esta oleada de adquisiciones y fusiones buena o mala para Colombia? Apuestas se oyen de todos los lados, pero lo cierto es que la única posibilidad que tienen estos grupos económicos de no desaparecer en un mundo cada vez más globalizado es comprar o vender. El pez grande se come al pez chico aquí y en Cafarnaum. Si a esto se suma que viene en camino el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, no hay duda de que los grupos requieren adelantar procesos de transformación orientados a tener pocas pero grandes compañías. Sólo de esta manera podrán ganar una posición estratégica que les permita afrontar con más probabilidades de éxito la feroz competencia internacional que se avecina. Comprar o ser comprado no es un lujo. Es una condición para que las empresas sobrevivan sin morir en el intento. El gran reto de las familias dueñas de estos grupos es encontrar proyectos de inversión interesantes en Colombia, en lugar de irse por el camino fácil: sacar la plata del país.
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