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| 5/16/1988 12:00:00 AM

EL BINOMIO DE ORO NEGRO

Una catástrofe natural determinó la cooperación colombo-ecuatoriana gracias a la cual se halló petróleo en la frontera

Los recientes anuncios de hallazgos petroleros en la frontera colombo-ecuatoriana, demostraron una vez más que el petróleo logró lo que ni el Pacto Andino ni miles de convenios bilaterales habían conseguido entre las dos naciones: una integración real. Ecopetrol acaba de anunciar que el pozo Quillacinga Uno, en plena selva del Putumayo y en territorio colombiano, tiene reservas mínimas de cinco millones de barriles de crudo. Es el fruto de un convenio de intercambio de información geológica de la zona de frontera suscrito entre la Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana, Cepe, y la Empresa Colombiana de Petróleos.
Ese acuerdo se firmó el 20 de febrero de 1987 en Quito y estableció un comité de enlace para selección de información y procedimientos operativos en el intercambio entre los dos países. Ya en 1982 se había suscrito uno similar que se había quedado en letra muerta. Pero la naturaleza se encargó de hacer cumplir lo que los hombres no habían podido. El 5 de marzo, casi tres semanas después de logrado el convenio, un terremoto azotó a Ecuador y destruyó el oleoducto transecuatoriano, columna vertebral del transporte de crudos desde el oriente hasta los puertos de embarque en el Pacífico del vecino país.
El suceso revivió otro muerto. El oleoducto transandino, subutilizado por la baja en la producción de los campos de Orito, se convirtió en tres días en el salvador de Ecuador, país que ha dependido por mucho tiempo del petróleo. El presidente Virgilio Barco, aconsejado por el ministro de Minas, Guillermo Perry, y por el presidente de Ecopetrol, Francisco Chona, autorizó ofrecer la capacidad excedente del oleoducto Orito-Tumaco al sistema de oleoductos ecuatorianos. En la frontera común, en el río San Miguel, se intercomunicaron los oleoductos transandino y transecuatoriano.
En menos de 50 días las obras estuvieron terminadas. Uno de los mayores triunfos fue que estuvo ausente la tramitomanía. Ni siquiera se suscribió un documento para respaldar las inversiones colombianas en la zona. Sólo cuando el trabajo de construcción concluyó, Cepe y Ecopetrol firmaron un contrato que estipuló las reglas de juego para el transporte del crudo del nororiente ecuatoriano por el oleoducto colombiano. Ecopetrol se comprometió a entregar en Tumaco 35 millones de barriles de crudo ecuatoriano a los buquetanques designados por los ecuatorianos. Para lograr ese objetivo, Colombia construyó un tramo entre Puerto Colón y San Miguel, a través de 10.5 kilómetros con una inversión total de $367 millones y en sólo 20 días.
Ecopetrol debió reservar además dos tanques de almacenamiento de petróleo en Tumaco para contener 360 mil barriles de crudo de la Cepe que debió reconocer a Ecopetrol 75 centavos de dólar por cada barri transportado. Eso no se pagó en dólares ni pesos. Cepe canceló en especie es decir, con petróleo. El 8 de mayo de 1987, Colombia y Ecuador emitieron la declaración de Lago Agrio, en donde se sentaron las bases concretas de la integración.
Oro común
En Lago Agrio también se determinó la designación de una comisión super visora, vigilante permanente de cumplimiento de los acuerdos, y de una comisión técnica, encargadas de identificar prospectos exploratorios de adelantar procesos sísmicos de de terminación de zonas promisorias. Cuando resulta productor un pozo de común acuerdo e independientemente de su ubicación geográfica, se establece un convenio de operación del campo. La ejecución del convenio bilateral colombo-ecuatoriano se inició con los proyectos Frontera, Cantagallo y Peña Blanca.
Así, de un apoyo logístico durante una emergencia natural, se pasó a un programa conjunto de exploración explotación. Fruto de eso son dos pozos que se perforan en Putumayo lado y lado del río San Miguel. Frontera Uno, en Ecuador, y Quillacinga Uno, en Colombia, que están listos para producir. Después de todos estos logros petroleros, ahora sigue la construcción de un puente binacional sobre el río San Miguel y el suministro de energía eléctrica ecuatoriana a Cumbal, Guachacal e Ipiales en Colombia. La intención de la administración Barco es hacer realidad convenios similares con Venezuela y Brasil, que ya existen, en el primer caso de intercambio petrolero en Arauca y en el segundo de desarrollo minero. Es de esperar que para reactivar esos acuerdos, no tenga que mediar una catástrofe natural.--
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