Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1995/10/30 00:00

EL BOLIVAR CABALGA DE NUEVO

En Venezuela la creencia es que todos los caminos conducen irremediablemente a la devaluación.

EL BOLIVAR CABALGA DE NUEVO

LA SEMANA PASADA LA BOLSA DE CARACAS parecía estar de fiesta. Sesión tras sesión, el aletargado mercado de otros tiempos vivió una actividad febril llena de agitadas órdenes de compra y venta. Pero la verdad es que en la capital venezolana pocos estaban celebrando. La euforia aparente era en realidad una expresión de nerviosismo que se comprobó cuando la demanda de bonos en dólares llevó la cotización implícita de la moneda norteamericana a 256 bolívares por dólar, 86 bolívares por encima de la tasa oficial. "El mercado refleja lo que todo el mundo cree inevitable: que la devaluación de nuestra moneda es cuestión de semanas, si no de días ", sostuvo un diario local.
Semejante situación no hizo más que ensombrecerle el ceño a centenares de hombres de negocios en Colombia. Si antes un salto brusco en la economía venezolana era preocupante para el país, en las circunstancias actuales puede ser un gran dolor de cabeza. Y es que las cifras no mienten. Al cierre del primer semestre el mercado venezolano se convirtió en el segundo en importancia para Colombia, con exportaciones por 396 millones de dólares, un 39 por ciento más que lo registrado en igual período del año pasado. De cada 100 dólares de exportaciones no tradicionales, 15 se obtuvieron de las ventas a Venezuela.
A su vez, el país vecino le vendió a Colombia productos por 692 millones de dólares entre enero y junio, un 26 por ciento más que en 1994. Industrias como la automotriz, que exporta casi 30.000 vehículos al año a Colombia, han encontrado su tabla de salvación en la integración comercial entre ambos países.
La balanza del intercambio se inclina ampliamente en favor de Venezuela. Pero ese diferencial podría hacerse más agudo si se produce una nueva devaluación que abarataría los productos venezolanos y encarecería los colombianos. Así ocurrió hace un año largo cuando la fuerza de las circunstancias obligó al gobierno de Rafael Caldera a devaluar el bolívar. Y según los conocedores, lo que está sucediendo ahora es muy similar al libreto de 1994.

NEGROS NUBARRONES
Las cosas no podían estar peor. A pesar de los múltiples intentos por conjurar la crisis sin abandonar el discurso populista que lo llevó a la Presidencia y que lo mantuvo durante el primer año de gobierno con una gran aceptación en medio de las dificultades, la política económica del presidente Caldera es el típico caso en que el remedio ha resultado peor que la enfermedad. Las fórmulas propuestas han sido tan dispersas e incoherentes que lo único que han logrado es aumentar la incertidumbre, agravar la situación y posponer las soluciones de fondo.
Hace dos meses Caldera anunció el octavo plan económico en 20 meses de administración y ya está hablando de que a comienzos de octubre habrá uno nuevo.
La inflación, lejos de ceder, se acerca de nuevo al mismo nivel del año pasado: 70 por ciento, la más alta de Latinoamérica. Aunque las reservas internacionales están en 9.400 millones de dólares, las reservas operativas (aquellas que realmente pueden utilizarse en forma inmediata) son en este momento cercanas a 2.500 millones de dólares, equivalentes solamente a tres meses de importaciones. Las tasas de interés permanecen en niveles superiores a 40 por ciento, lo cual sin devaluación, significa una tasa de 40 por ciento en dólares. El desempleo está en el 11 por ciento con el agravante de que el 50 por ciento de los que están trabajando son subempleados y por tercer año consecutivo, el crecimiento de la economía venezolana será negativo. El déficit fiscal se acerca al 6,6 por ciento del Producto Interno y Venezuela ya no tiene a dónde acudir para conseguir recursos. Ha comenzado a retrasarse en el pago de la deuda externa pública y privada y muchas de las agencias de crédito de exportación como Eximbak del Japón y otras del Club de París, le han cerrado las puertas hasta que se ponga al día en sus obligaciones.

CUESTA ABAJO
El liderazgo y la confianza en el presidente Caldera, que ha sido el mayor activo del actual gobierno, están desvalorizados. Y ya empieza a notarse hasta en las encuestas. La popularidad de Caldera pasó del 72 por ciento en febrero de este año al 38 por ciento en agosto y el 90 por ciento de los venezolanos, según un sondeo reciente, piensa que la situación del país está entre muy regular y mala.
El control de cambios vigente desde mediados del año pasado, no solo ha asfixiado a la economía por la escasez de divisas y la disminución de la inversión extranjera, sino que además ha generado un foco de corrupción inevitable en un país donde la mayoría de la industria depende de materias primas importadas y buena parte de los productos que se consumen, incluidos los alimentos, provienen del extranjero. El dólar oficial a 170 bolívares es cada vez más escaso y la tasa del mercado negro supera incluso el nivel de los 256 bolívares para los Bonos Brady de deuda venezolana que se registró la semana pasada en la Bolsa de Caracas.
Resulta paradójico que mientras los empresarios deben acudir al mercado negro en busca de los dólares que requieren para operar y las propias empresas de aviación locales se han visto obligadas a parar buena parte de su flota por falta de divisas para comprar repuestos, el común de los venezolanos se haya dedicado a viajar por el mundo, con dólares subsidiados a 170 bolívares. Los tiquetes aéreos cuyo precio se fija en dólares pero se paga en bolívares al cambio oficial y los cupos para viajeros que oscilan entre 1.000 y 2.000 dólares según el destino, han hecho que cualquier venezolano medio contemple la posibilidad de hacer el viaje que siempre soñó o simplemente de salir a algún país vecino o isla cercana y vender su cupo en dólares en el mercado negro.
El control de cambios y los controles de precios han llevado también a muchas compañías multinacionales que antes operaban desde Venezuela para toda la región, a reconsiderar la conveniencia de mantener sus oficinas centrales en el país. Empresas químicas como Monsanto y Dow, que habían estado por años radicadas en Caracas, ya trasladaron sus oficinas regionales a Bogotá y hay varias más que están pensando en hacer lo mismo. El presidente de una de esas compañías manifestó a SEMANA: "El problema no es solo la dificultad para conseguir divisas y repatriar utilidades. Es que para nuestras empresas ha dejado de ser productivo dirigir nuestras operaciones desde un país donde no solo el mercado es cada vez más reducido, sino que además estamos obligados a vendera precios que están muy por debajo de nuestros niveles de rentabilidad ". Enrique Orjuela, presidente de Kellog's, cuyos Cornflakes mantuvieron el precio congelado por más de un año, confesó recientemente en una entrevista que hace unos años Kellog's había decidido instalar sus oficinas regionales en Venezuela, desechando la idea de hacerlo en Colombia. "Ahora puedo decir que probablemente no tomamos la decisión correcta", aseguró.

A GRANDES MALES...
¿Cuáles son entonces las alternativas que le quedan a Venezuela en este momento? Muy pocas e irónicamente la mayoría de ellas son semejantes a las fórmulas que en su momento propusiera el equipo económico de Carlos Andrés Pérez y cuyo fracaso en la implementación llevó en buena parte a la situación de hoy.
A comienzos de septiembre hubo un aumento del 73 por ciento en el precio de la gasolina que, sin embargo, sigue siendo la más barata del mundo (unos 210 pesos colombianos el galón). La decisión, una de las más analizadas y esperadas de los últimos años, se produjo después de que el presidente de Petróleos de Venezuela -Pdvsa- expusiera ante el consejo de ministros la cruda radiografía de la mayor empresa del país, de la cual dependen el 70 por ciento de los ingresos fiscales del gobierno, y cuyo balance negativo significó pérdidas por 110.000 millones de bolívares (650 millones de dólares). Y eso no ha sido suficiente.
La mayoría de los expertos coinciden en que para poder obtener una reducción significativa del déficit fiscal, Venezuela no solo tendrá que seguir haciendo recortes a la ya anémica inversión social, sino que además tendrá que obligar a la gente a pagar impuestos, en un país donde todos están acostumbrados a que la plata no sale de su bolsillo sino de las arcas del Estado. Como le comentó a SEMANA un contribuyente: "Los venezolanos dejamos de pagar impuestos porque dejaron de cobrárnoslos ".
Además, la privatización de las empresas y bancos en manos de la Nación tiene que convertirse en realidad. Los estruendosos fracasos en la privatización de empresas como Aeropostal e Hidrocapital (la empresa de acueducto de Caracas) tiene que dejar de ser la regla para convertirse en la excepción. Para ello, aseguran los entendidos en privatizaciones, el gobierno tiene que empezar a mandar señales claras sobre cuáles son las condiciones en que está dispuesto a vender las empresas y cuál va a ser el tratamiento que le va a dar a la inversión extranjera. Por ahora, se dio un buen paso al darle a Merril Lynch el mandato para iniciar la privatización de las empresas de la Corporación Venezolana de Guayana, cuyo precio se calcula en 40.000 millones de dólares.
Sin embargo, para resolver el problema del corto plazo, la única alternativa que le queda a Venezuela es salir a buscar nuevos préstamos para pagar las obligaciones vencidas. Se calcula que el faltante del gobierno para cumplir adecuadamente sus compromisos de este año, será cercano a los 2.000 millones de dólares. El inconveniente es que cuando uno se convierte en mala paga, y además tampoco da muestras de ordenar la casa, nadie quiere volverle a prestar. Es por ello que el ministro de Hacienda, Luis Raúl Matos Azócar, se propuso hace unos días conseguir parte de los recursos que necesitaba llamando a un pool de bancos y solicitándoles un crédito puente de 1.500 millones de dólares, ofreciendo la única garantía posible en este momento: las regalías del petróleo. Pero más tardó el Ministro en hacer la propuesta que los contradictores del gobierno en salir a rechazarla, sin que hasta ahora se sepa si podrá avalarse el préstamo con las regalías o no.

CAMINO AL FONDO
Aún si el gobierno consigue con los bancos los 1.500 millones de dólares, la situación sigue siendo tan apretada que finalmente a Caldera no le quedó más alternativa que acudir al único prestamista que le queda: el Fondo Monetario Internacional. Al cierre de esta edición no se conocía aún el resultado de las conversaciones que se iniciaron el jueves pasado en Washington. Pero lo que nadie duda es que cualquier acuerdo con el Fondo estará condicionado a la toma inmediata de medidas que aseguren él inicio en firme de la recuperación económica de Venezuela y que la principal de ellas será la de llevar el bolívar a su valor real frente al dólar, lo que significa simplemente devaluar.
Cómo hacerlo, cuándo y hasta qué nivel muy seguramente hará parte de los detalles de la negociación. Si la devaluación es inminente, el gobierno quisiera por lo menos posponerla hasta después de las elecciones regionales de diciembre, para no perjudicar las posibilidades de Convergencia, el partido en el poder. En el peor de los casos tendría que hacerse después de la primera semana de octubre, cuando el gobierno puede redimirlos para pago de deuda venezolana.
En cuanto al cómo del proceso, los conocedores prevén que mientras el Fondo tratará de que se haga un tratamiento de shock que coloque el bolívar en su valor real (cercano a los 250 por dólar), el gobierno tratará de negociar un proceso gradual que permita el mantenimiento al menos temporal del control de cambios. Pero sea cual sea la respuesta, el desenlace parece inevitable, para preocupación de los exportadores colombianos. Y es que en Venezuela todas las angustias convergen en un mismo camino: la devaluación del bolívar que comienza a cabalgar de nuevo.

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