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| 2/26/2006 12:00:00 AM

El buen capitalista

Se fue Hernán Echavarría, uno de los grandes patriarcas. Su vida resume la historia del siglo XX de Colombia.

La gente exitosa en el mundo de los negocios es por lo general más envidiada que admirada. Desde que el gran escritor francés Honorato Balzac dijo que detrás de toda gran fortuna hay un gran delito, el capitalismo ha sido percibido más en términos negativos que positivos. En Estados Unidos las grandes fortunas estuvieron en cabeza de apellidos como los Rockefeller, los Morgan, los Astor y los Vanderbilt. Todos fueron vistos por la sociedad como hombres de negocio sin corazón que hicieron su agosto en un mundo que estaba por descubrirse y en el que nadie se atrevía a chistar. Su contraparte fueron familias menos famosas, pero más admiradas, como los Carnegie o los Mellon, que prácticamente donaron toda su fortuna antes de morir y contribuyeron a grandes causas sociales.

Ese papel de buen capitalista fue el que jugó Hernán Echavarría Olózaga en Colombia durante la segunda mitad del siglo XX. Su responsabilidad social y su servicio público lo convirtieron en uno de los empresarios más destacados y admirados de la historia. Fue un hombre increíblemente versátil que se destacó en todos los campos en los que incursionó. Fue director y dueño de SEMANA en su primera etapa en los años 50. Fundó más de 10 universidades, entre las que se cuentan instituciones educativas de la talla de Los Andes, el Incolda, el Cesa, el Icesi y Eafit. Tradujo decenas de manuales técnicos sobre electricidad, microorganismos, crianza de caballos y hasta cerdos, con la idea siempre de enseñarles las cosas de una manera simple a los campesinos. Fue pensando en ellos que fundó, con monseñor Salcedo, la emisora Radio Sutatenza y el periódico El Campesino.

Hernán Echavarría no era el empresario más importante del país, pero sí tal vez el más respetado. Como ningún otro industrial colombiano, escribió 28 libros, la mayoría sobre economía, su gran hobby de toda la vida. Plasmó esa obsesión en su columna semanal en El Tiempo, El Espectador y La República, en donde tuvo una gran acogida por ser accesible al lector promedio. Su preocupación por la gente y las políticas públicas se reflejó cuando creó la Fundación Corona, la Corporación Excelencia de la Justicia, el Instituto de Ciencia Política, Planeación Familiar, entre muchos otras instituciones.

Otra de sus aficiones fue la naturaleza y la ecología. Creó la fundación Natura, contribuyó a la reforestación del Magdalena, montó un vivero en la sabana de Bogotá de árboles nativos y donó al Museo de Historia Natural de Nueva York un parque natural en las Islas del Rosario, para la promoción de tortugas. Su amor por el mar lo llevó a construir cuatro embarcaciones, una de ellas llamada El Gaira, en la que navegó en repetidas ocasiones en compañía de sus hijos Gabriel, José Antonio y Lolita, y de su esposa Loli Obregón, una de las mayores bellezas aristocráticas de su generación.

El patriarca

Hernán Echavarría fue el patriarca de una de las familias más patriarcales que hay en Colombia: los Echavarría. Es una de las dinastías empresariales más exitosas del país que desde muy temprano, por allá en el siglo XVII, se convirtió en uno de los pilares fundamentales de la economía nacional. Su apellido ha estado asociado desde hace cinco generaciones a pioneros en los campos minero, textil, bancario, industrial y hospitalario. Su familia fundó Coltejer y Fabricato en 1908, creó la primera empresa de energía eléctrica de Antioquia, constituyó el Banco Comercial Antioqueño, fundó la Cruz Roja Colombiana y el Hospital San Vicente de Paúl, tuvo negocios cafeteros y ganaderos, fue pionera de la aviación en Colombia y hasta compró tierras arcillosas en Medellín, anticipando un gran desarrollo urbano. Fueron precisamente esas tierras las que años más tarde utilizaría su padre, don Gabriel, como materia prima de una nueva industria de la familia: la de las cerámicas y vajillas Corona.

Hernán y sus cuatro hermanos -Felipe, Elkin, Norman y Alice- entraron a trabajar en las empresas de la familia a finales de los años 20. En ese momento, el mundo capitalista estaba en crisis y había una escasez de dólares producto de la guerra mundial que dejó a su padre sin la posibilidad de seguir enviándoles dinero. Cuando Hernán regresó al país ya había estudiado tres años de ingeniería mecánica en la Universidad de Victoria, en Manchester, y tomaba clases de economía en el London School of Economics. En esa época de estudiante, se daba el gusto de leer a Lenin y discutir los alcances de la lucha bolchevique. Pero pronto se dio cuenta de que esto no era más que una utopía y se volvió un duro crítico de las ideas comunistas y socialistas. Hasta la caída del muro de Berlín, siempre vio al comunismo como un peligro que acechaba a la democracia.

Esa familiaridad con el socialismo llamó la atención de Alfonso López Pumarejo, quien lo nombró Ministro de Obras Públicas apenas bordeando los 30 años. Desde allí se dedicó a recorrer y estudiar la situación del país; en particular, logró profundizar una tesis que se volvió una obsesión a lo largo de toda su vida: el impuesto a la tierra. Su ataque contra la estructura semifeudal de Colombia fue su caballito de batalla hasta el final de sus días.

El buen capitalista empezó entonces una carrera de servicio público que practicó en forma indirecta toda su vida y en forma directa en algunas ocasiones, como ministro de Comunicaciones durante el gobierno de Lleras Camargo y embajador de Colombia en Washington en la administración de Lleras Restrepo. Pero, con o sin cargo público, Echavarría luchaba sin cuartel por las causas en que creía. Ese temperamento lo llevó a tres grandes batallas políticas en los últimos 50 años de su vida. La primera fue en los tiempos de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, cuando organizó una cumbre de empresarios en Cali para presionar la dimisión del general, mientras él conspiraba sacándoles gasolina a los aviones del Ejército y lanzaba volantes que pedían la renuncia en las calles de Bogotá.

La segunda fue durante la presidencia de Julio César Turbay. Como director de la entonces llamada Comisión Nacional de Valores, se encargó de prender el mechero del escándalo del Grupo Grancolombiano al denunciar manipulaciones indebidas. Esto acabó siendo uno de los factores clave que desembocaron en la caída de Jaime Michelsen y en el colapso de este grupo. Esta cruzada, que para la familia Michelsen se trataba de una conspiración antioqueña para defender a los industriales paisas de las garras del Águila, acabó distanciando a Echavarría del presidente Turbay. Éste se encontraba entre la espada y la pared entre dos de sus grandes aliados, y en conformidad con su tradicional talante conciliador, no quería ofender a ninguno, actitud que no era compatible con la de Echavarría, lo cual llevó a su renuncia como director.

Su tercera batalla, y probablemente la última de su vida, fue su participación en un movimiento de oposición en contra del presidente Ernesto Samper. Echavarría no sólo encarnó la indignación nacional que se generó por el episodio del proceso 8.000, sino que lideró un movimiento cuyo objetivo era la renuncia del Presidente de la República. No lo logró, pero nunca se arrepintió de ninguno de los esfuerzos que hizo en esa batalla.

Son tantas las causas políticas y sociales a las cuales se dedicó Echavarría durante su vida, que muy poco se ha escrito sobre lo que hizo con sus empresas. La Organización Corona -que tiene más de 10.000 empleados- es uno de los grupos empresariales más exitosos de Colombia. Fue pionera en la aplicación del concepto de que las empresas familiares tienen que independizar totalmente la administración de la familia, la cual debe limitar su participación a la toma de decisiones en el nivel de consejo directivo. Esta norma, combinada con una enorme discreción, le ha permitido un crecimiento al grupo que hoy está a punto de quedar en manos de la cuarta generación.

A pesar de tener 125 años, Corona es una compañía ágil y proactiva. En 1994 reforzó la distribución de sus productos al crear, en asocio con la empresa chilena Sodimac, las cadenas de almacenes HomeCenter. Hace dos años compró el 34 por ciento de la empresa Mansfield en Estados Unidos, que produce porcelana sanitaria, lo que evidencia el potencial de este conglomerado. Los planes de la familia son convertirla en una empresa cada vez más internacional. Para 2020 aspiran a que el 70 por ciento de sus ingresos provengan del exterior.

Hernán Echavarría murió faltándole sólo cinco años para cumplir 100 años de vida. Les queda la satisfacción a sus familiares de saber que desde el sector privado fue uno de los personajes más relevantes de ese siglo. Los frutos de su trabajo en múltiples campos les quedaron a todos los colombianos.
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