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| 4/17/1989 12:00:00 AM

EL CAMINO ES CULEBRERO

Dudas y confusión es el balance que deja después de una semana el Plan Brady sobre la deuda externa del Tercer Mundo.

La fiesta tuvo que aplazarse. Ya cuando los más optimistas creían que el Plan Brady sobre la deuda externa del Tercer Mundo era una cosa cierta y concreta, las noticias de la semana pasada dejaron en claro que lo que comenzó como un proyecto, seguía siendo un proyecto. La iniciativa presentada por el secretario del Tesoro norteamericano, Nicholas Brady, el pasado 10 de marzo generó, ante todo, confusión y esperanzas mal fundadas. De un día para otro los principales medios hablaron de una supuesta reducción del 30% en el monto de la deuda y del apoyo irrestricto de la administración Bush a la idea. Los más optimistas llegaron a creer que la solución definitiva del problema era cosa de meses.
No obstante, con el correr de los días la realidad resultó bien diferente. Aunque pocos dudan que existe voluntad para buscarle una solución al problema de la deuda, todo hace pensar que un arreglo definitivo se verá más tarde que temprano. Las primeras reacciones indicaron que poner de acuerdo a todos los protagonistas -países, bancos e instituciones internacionales- va a ser una labor colosal.
Y eso que aún no se conocen los detalles definitivos de la iniciativa. Como se sabe ésta consiste, en términos globales, en promover loSs esquemas de reducción de la deuda que han utilizado países como Bolivia o Chile aprovechando los descuentos que se ofrecen en el mercado internacional de pagarés. Aunque los mecanismos serían generales para todos, cada caso se trataría individualmente. Además los bancos comerciales deberían aumentar sus préstamos hacia el Tercer Mundo, los cuales podrían ser garantizados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, según el caso. La idea comprende también un planteamiento para lograr que el capital que se ha fugado del Tercer Mundo regrese a los países de donde salió.
Todos esos puntos suenan muy bien, por lo menos en el papel. Aun los más escépticos reconocen que la iniciativa de Brady no hace sino incorporar los cambios que han venido ocurriendo en el mercado internacional donde se ha demostrado que la deuda externa vale menos de lo que se supone. No obstante, los problemas comienzan cuando se empieza a especular sobre el valor de la reducción. La semana pasada un editorial del Washington Post habló de una rebaja ponderada del 30% que le dio pie a una cantidad de países para comenzar a hacer cuentas. La verdad, sin embargo, es que nadie sabe a ciencia cierta lo que puede pasar si los esquemas de reducción de deuda se ponen en práctica. Además hay que tener en cuenta que las deudas de los diferentes países se negocian a diferentes precios. Por ejemplo, a noviembre pasado la de Argentina se vendía a un 20% de su valor nominal, la de Bolivia a un 11%, la de Brasil a un 40%, la de Colombia a un 56% y la de Méjico a un 43%, para solo citar algunos casos.
Pero si la propuesta norteamericana tiene vacios, el camino seguirá siendo difícil incluso cuando el plan esté completo. En primer lugar, es necesario convencer a los países industrializados -los principales accionistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario- de cerrar filas en torno a la iniciativa. A pesar de que Estados Unidos tiene ya el apoyo de Japón, se necesita que por lo menos los más grandes estén de acuerdo para embarcarse en una operación que indudablemente les va a costar dinero, tanto a los gobiernos como a los bancos comerciales de sus respectivos países.
A renglón seguido el reto consiste en hacer que los países deudores acepten el plan. Es indudable que algunos de éstos se quejarán por lo que pueden alegar como un trato discriminatorio o porque el beneficio puede no ser tan grande como algunos piensan. Si la deuda de Brasil se negocia en torno de un 40%, es seguro que subirá de precio tan pronto la negociación a gran escala comience.
Adicionalmente está el mecanismo institucional. Los argentinos ya se quejaron de que el Fondo Monetario forme parte del esquema porque, según dicen, la entidad les da un trato discriminatorio.
A todas esas quejas se le suman las de los bancos. En el mundo financiero internacional hay instituciones que ya aceptaron que la deuda es impagable y hay otras que no. En Europa occidental, por ejemplo, la inmensa mayoría de los bancos ya hizo una serie de provisiones contables para cubrir las pérdidas eventuales que le deje la venta de una deuda por debajo de su valor nominal. En Estados Unidos en cambio, sólo las entidades más sólidas, como el Citicorp, se han anticipado a esa eventualidad. El resto deberia asumir una pérdida si el esquema de reducción de deuda se cumple y, lógicamente, eso no les parece bueno.
Las dudas no paran ahí. El Plan Brady sostiene que los bancos deben volver a conceder créditos para que el crecimiento económico en el Tercer Mundo se recupere. No obstante, los principales banqueros han dicho que no piensan volver a prestarle dinero a los mismos países a los que les tocó darle una rebaja, por lo menos en las mismas condiciones. Ante eso es seguro que si hay créditos, éstos se concederán bajo nuevas modalidades que aseguren que los fondos se acabarán devolviendo en su totalidad. En ese nuevo esquema se utilizarán mecanismos como la pignoración de ingresos de exportaciones de los países deudores o, para no crear resistencias, los créditos garantizados por el FMI, el BM o los Eximbank de Japón y los Estados Unidos.
Otro gran problema -precisamente- es la parte institucional. Teniendo en cuenta que el Plan Brady sugiere la participación del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial dentro de cualquier esquema de arreglo del problema de la deuda, los que conocen la realidad saben que eso no va a ser fácil. Aunque el Banco y el Fondo son hijos de una misma mamá, pues nacieron en la reunión de Bretton Woods en 1944, lo cierto es que con el tiempo la relación entre los dos hermanos se ha vuelto francamente mala. En un comienzo, el Banco estaba encargado de prestar dinero para proyectos de desarrollo en los países más pobres. A su vez, el FMI se encargaba de velar por el cumplimiento del sistema de tasas de cambio fijas que existió hasta comienzos de la década pasada, y en los años siguientes se dedicó a actuar de bombero para apagar los incendios cuando tal o cual país entraba en dificultades cambiarias.
Esa división de labores empezó a resquebrajarse a partir de 1982, cuando empezó la crisis de la deuda. Aunque en un primer momento el Fondo se convirtió en el interlocutor preferido de los banqueros y en el requisito obligado de los países, con el correr del tiempo eso empezó a cambiar. Muchas naciones se quejaron de que los técnicos del FMI seguían como autómatas una serie de recetas contenidas en los famosos planes de austeridad, sin tener en cuenta las consecuencias sociales de éstos. Como resultado, el Banco Mundial empezó a ganar adeptos por tener, supuestamente, un perfil más humano que el frío FMI. En respuesta, el Banco comenzó a hacer préstamos para apoyar cambios en ciertas políticas, invadiendo así el terreno del Fondo. Un ejemplo típico fue el de un crédito que se le hizo a Colombia por 300 millones de dólares en 1985, con el fin de adelantar una serie de planes de liberación comercial.
No obstante, la relación llegó a su peor momento en septiembre del año pasado cuando el Banco le prestó dinero a Argentina, a pesar de que ésta acababa de romper negociaciones con el Fondo sobre un programa económico. De un plumazo, un hermano desautorizó al otro y eso ocasionó una herida que todavía no se ha curado. Desde hace rato los 1.700 técnicos y financistas del Fondo se han burlado de los 6.500 profesionales del Banco (ingenieros, planificadores o economistas) a quienes consideran inferiores, pero sólo desde ese momento las tensiones entorpecieron seriamente los esfuerzos de cooperación. Esa enemistad hace que un arreglo pacífico entre las dos instituciones sea indispensable para que cualquier plan de solución del lio de la deuda resulte. Los recursos del Banco ascienden a 155 mil millones de dólares y los del Fondo a 55 mil millones, aunque es posible un aumento de capital de este último. Si se consigue combinar parte de esos fondos, es innegable que el plan Brady, o como se acabe llamando, comenzará con el pie derecho. Para eso obviamente se necesitan buenas relaciones que -sobre el papel- no deberian ser dificiles de alcanzar. Aparte de que los accionistas de ambos son los mismos, las sedes del Banco y el Fondo se encuentran una enfrente de la otra, en la calle 19 de Washington, y entre las dos entidades hay un pasaje subterráneo que, tal como están las cosas, ya va siendo hora de volver a utilizar.
Con semejante cadena de dificultades es evidente por qué el Plan Brady acabó generando todo tipo de confusiones. Aun sin entrar a discutir la idea de lograr que los capitales que se fugaron vuelvan a sus paises de origen (algo totalmente impracticable), el resto de puntos va a ser de difícil aplicación. Los intereses en juego son tantos y las posiciones de los protagonistas tan diversas, que faltará mucho trabajo antes de que una solución de fondo del problema de la deuda funcione.
La semana pasada los observadores sostenian que tanto México como Venezuela eran candidatos de primera línea para ser los beneficiarios iniciales del plan, pero dada la premura de ambas naciones (México debe conseguir un arreglo antes del próximo 31 de julio) es dudoso que si reciben ayuda, ésta forme parte de una estrategia global. Para que eso se obtenga habrá que esperar un tiempo prudencial porque un problema de estos no se arregla de la noche a la mañana y menos cuando el monto de la deuda del Tercer Mundo se acerca al billón de dólares, una suma cuya mención le hace perder el sueño tanto a prestamistas como a prestatarios.

LOS MAS GRANDES DEL TERCER MUNDO

Deuda externa total en miles de millones de dólares

Relación entre
Deuda total a Producto por serv. de deuda
PAIS fin de 1988 habitante, 1987 y export.

BRASIL $120.0 $2.020 26.7%
MEXICO 107.0 1.820 30.1
ARGENTINA 60.0 2.370 45.3
VENEZUELA 35.0 3.230 22.4
NIGERIA 31.0 370 10.0
FILIPINAS 30.0 590 22.7
YUGOSLAVIA 22.0 620 23.4
MARRUECOS 22.0 620 23.4
CHILE 21.0 1.310 21.1
PERU 19.0 1.430 12.5
COLOMBIA 17.2 1.220 30.7
COSTA DE MARFIL 14.2 750 19.6
ECUADOR 11.0 1.040 20.7
BOLIVIA 5.7 570 22.1
COSTA RICA 4.8 1.590 12.1
JAMAICA 4.5 960 25.8
URUGUAY 4.5 2.180 24.4








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