Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2010/02/06 00:00

El CD de la discordia

La venta a Alemania de un disco con los datos de miles de evasores de impuestos en Europa podría ser el escándalo fiscal más grande de las últimas décadas del Viejo Continente.

La oferta del ex empleado bancario le sonó a la canciller alemana, Angela Merkel, quien se inclinó por la compra de la información.

Han sido pocos los días de calma para Suiza en lo que va corrido de este año. No terminaba la apacible nación de los Alpes de recuperarse de los golpes recibidos tras el fin del secreto bancario, cuando el pasado lunes su nombre de nuevo descollaba en los titulares de toda Europa.

Un empleado de un banco suizo le ofreció al servicio secreto de Alemania (BND) un disco compacto con información de más de 1.500 evasores de impuestos provenientes de todos los rincones del Viejo Continente. Supuestamente, los clientes extranjeros de un renombrado instituto financiero suizo escondían en sus bodegas cientos de millones de euros no declarados. Por la entrega del CD, sin embargo, el informante puso dos condiciones: una recompensa de 2,5 millones de euros y una nueva identidad.

Los gobiernos de Europa no tardaron en concluir que la propuesta era literalmente un tesoro. Y más allá de escrúpulos éticos, bastaron pocos días para que la canciller alemana, Angela Merkel, le diera el espaldarazo político necesario a la compra del candente CD.

Aunque sabe que la transacción podría empeorar las relaciones de su país con Suiza, Merkel tiene razones para dar ese paso. La veracidad de la oferta ya está garantizada, pues el informante secreto le envió al BND docenas de muestras que comprueban sus promesas y pone en evidencia que la obtención del CD podría traer a las arcas del Estado alemán más de 400 millones de euros en multas.

En 2006, la misma Alemania le compró dos DVD a un empleado de un banco de Liechtenstein sin antes informar a la opinión pública. Y aunque la compra les trajo jugosos beneficios a varios países de Europa, el negocio secreto dejó una mancha sobre la calidad moral de Merkel y su gabinete.

Por eso, no obstante la comprobada utilidad del CD, esta vez Berlín se aventuró a negociar con el informante sólo tras pasar la prueba de fuego de los medios. Y tuvo éxito. Aun tratándose de datos obtenidos ilegalmente, la gran mayoría de los comentaristas políticos europeos secundó el pago de los 2,5 millones de euros. Además, Francia, Holanda, Austria y Bélgica expresaron su interés por el valioso botín.

El trueque entre el BND y el informante secreto tendrá lugar en estos días. Y esto sólo atizará la guerra fría financiera de Suiza contra el resto de Europa. La información contenida en el CD podría desencadenar el escándalo fiscal más grande de las últimas décadas de Europa. Y Suiza podría resultar siendo el principal responsable. Al cierre de esta edición, ya se conocía el nombre del banco de la discordia: el Credit Suisse de Zürich. Un instituto bandera de la economía de ese país.

No sin razón, la semana pasada hubo una verdadera batalla campal entre analistas, medios y políticos de Suiza y del resto de Europa.

Por un lado, los países de la Unión Europea defienden la compra del CD y la justifican como la única forma de combatir el sistemático, millonario y considerablemente impune crimen de evasión tributaria: auspiciado por el secreto bancario suizo. Suiza, por el otro, acusa a Alemania y a todos los países dispuestos a beneficiarse de la información del CD, de patrocinar el crimen al encubrir al banquero anónimo que hurtó la información interna del banco.

Desde el punto de vista ético, las voces críticas en Suiza no están del todo equivocadas. Norbert Anwander, experto en ética de la Universidad de Humboldt de Berlín, le dijo a SEMANA: "No se puede negar que la evasión de impuestos, el secreto bancario suizo y el hurto son actos moralmente condenables, pero un Estado jamás puede actuar en contra de las normas jurídicas de otro Estado; lo que Alemania está haciendo es definitivamente antiético".

Y sin embargo, Suiza no está en la posición de juzgar éticamente a nadie, dicen algunos analistas, pues durante años el papel de la nación helvética en el flujo global monetario ha sido todo menos transparente. El profesor de derecho penal de la Universidad de Basilea Mark Pieth, le dijo a Der Spiegel que ve incluso una justificación en las acciones del resto de Europa: "Suiza, como oasis fiscal, está hoy bajo mayor presión que nunca, es la hora de establecer un control sobre la industria financiera del país".

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