Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/11/06 00:00

El 'Cerrado' colombiano

En la Orinoquía colombiana se replicará el modelo que convirtió a Brasil en una potencia agrícola mundial. Si la apuesta tiene éxito, será la gran revolución alimentaria del país.

La clave del éxito de este proyecto es la investigación agropecuaria. En Carimagua (en la foto se observa parte de esta hacienda) estará localizado el gran centro de innovación y tecnología que integrarán Corpoica y el Ciat.

El mundo anda maravillado con algo que se conoce como el Cerrado brasileño. La revista The Economist lo llamó el milagro agrícola y la gran revolución de las granjas en el país suramericano, y el diario The Washington Post lo calificó como el motor de una potente agroindustria que amenaza con superar a Estados Unidos como el granero del mundo.

Muchos otros, sencillamente, se quedan sin palabras ante la hazaña que lograron los brasileños al conquistar los llamados 'cerrados' o grandes extensiones de tierra que hace unas décadas estaban cubiertas de vegetación fantasmagórica y consideradas no aptas para la agricultura. Hoy ese territorio es reconocido como la sabana más rica del planeta en biodiversidad y la más próspera y pujante región agropecuaria en la que se produce parte importante de la soya, el maíz y otros cultivos que consume la humanidad (vea el recuadro).

Cómo se produjo este milagro económico no es un secreto. Los propios brasileños, con intenso trabajo de investigación, lograron adaptar los cultivos a las condiciones climáticas y al suelo de la región, invirtieron en innovación y tecnología, construyeron infraestructura e impulsaron grandes empresas avícolas y de aceite.

Hoy muchos países quisieran importar este modelo, pero son pocos los que todavía cuentan con frontera agrícola disponible para hacer esta apuesta. Según la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), más de la mitad de la tierra que podría ingresar a la producción agrícola mundial está localizada en solo siete países, y uno de ellos es Colombia. Los otros seis son Angola, Congo, Sudán, Argentina, Bolivia y Brasil.

Esto ya es una noticia importante para el país y ha puesto a muchos analistas a hablar de la necesidad de asumir un reto como el de los brasileños. El ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes, en su columna de El Tiempo, afirmó que Colombia cuenta con reservas de tierra sin utilizar y con amplios recursos hídricos para emular a Brasil.

La verdad es que ya muchos en Colombia están soñando con la idea de desarrollar el modelo del Cerrado brasileño. Y la Altillanura, una extensa área en la Orinoquia colombiana, sería la región perfecta para hacer este sueño realidad.

Su territorio va del margen oriental del río Meta y se extiende desde el municipio de Puerto López hasta Puerto Carreño, a orillas del río Vichada, y el río Orinoco, en el Vichada. Se trata de un área de unos siete millones de hectáreas, de las cuales cuatro podrían ser perfectamente utilizadas para la agricultura. La cifra no es despreciable. Para actividades agrícolas Colombia usa actualmente 4,9 millones de hectáreas. Como quien dice, desarrollando la Altillanura casi se podría duplicar la agricultura del país.

Pues bien, el gobierno del presidente Santos le está apostando a este proyecto. La idea se convertirá en política de Estado toda vez que será incluida en el Plan Nacional de Desarrollo.

El ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, dice que la Altillanura es la última gran frontera agrícola y ganadera que le queda al país y que si se logra transformar y desarrollar, Colombia habrá dado un gran salto social y económico, como lo hizo Brasil hace unas décadas.

El tema es muy interesante porque el territorio colombiano en cuestión guarda muchas semejanzas con el Cerrado brasileño. Los suelos son ácidos, de baja fertilidad, pobres en nutrientes, tienen un alto contenido de aluminio (que se puede volver tóxico), en otras palabras, hay que rehacerlo. Esto no fue un impedimento para los brasileños, que a través de Embrapa, la agencia estatal de investigación agropecuaria (el similar a Corpoica en Colombia), logró transformar estas tierras áridas en aptas para los cultivos.

La idea en un principio es desarrollar en la Altillanura cultivos de maíz, arroz, sorgo, soya, caña de azúcar e igualmente palma, caucho y forestales.

La clave del éxito

Para convertir esta parte del territorio colombiano en el gran proyecto agropecuario que se quiere, el papel del Estado será fundamental en lo que tiene que ver con la provisión de bienes y servicios públicos. Hay muchísimo por hacer para que el milagro del Cerrado se haga realidad en Colombia. Según el Ministro de Agricultura, hay varias tareas que el gobierno tiene que emprender.

En primer lugar, como esta es una región ambientalmente frágil, como lo han mostrado diversos estudios, hay que tener cuidado para que el desarrollo que se haga sea respetuoso con la naturaleza. Por ejemplo, hay unos grandes humedales que hacen parte del ecosistema de la Orinoquia y que se deben proteger al máximo. Restrepo dice que el gobierno se comprometerá a que allá no se vaya a dar una colonización que arrase con todo.

El segundo reto tiene que ver con el que también fue el eje del Cerrado brasileño: investigación y tecnología. Lo que allá logró Embrapa acá lo harán la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica) y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat), el quinto centro de investigación más grande del mundo, que tiene su sede en Colombia. Estas dos instituciones ya firmaron una alianza para reforzar la investigación aplicada a la Altillanura. Según Juan Lucas Restrepo, director de Corpoica, se hará un plan de desarrollo tecnológico para la zona en temas de follajes (pastos), mejoramiento genético, recuperación de suelos, desarrollo de nuevas variedades de semillas, manejo de las plagas y hasta modelar el futuro para adaptar la zona al cambio climático. Hay un terreno ganado en esta tarea, pues el Ciat ya trabajó en el pasado en esta zona y, como dice el Ministro de Agricultura, hay una memoria histórica científica que será valiosa en esta coyuntura. En una parte de Carimagua, territorio de 22.000 hectáreas que pertenece al Estado, se localizará el gran centro de investigación, algo así como un pequeño Embrapa brasileño.

Un aspecto fundamental para que todo esto funcione es la infraestructura terrestre, de comunicaciones y eléctrica. El gobierno sabe que la única forma de darle valor agregado a lo que allí se produzca es a través de vías tanto terrestres como fluviales, y con interconexión eléctrica. Las inversiones necesarias en este frente se plasmarán en el Plan Nacional de Desarrollo.

Otro tema crítico que el gobierno tendrá que resolver es el de la titularización de las tierras, pues la informalidad es alta en la zona. El ministro Restrepo está empeñado en avanzar en la entrega de títulos a los campesinos, y como parte de esta política el Incoder entregará unas 17.000 hectáreas de Carimagua a pequeños y medianos campesinos. Durante el anterior gobierno se había abierto una gran polémica porque se llegó a contemplar la posibilidad de distribuir esta área entre grandes inversionistas.

La formalización es fundamental si se quiere darles a los pequeños y medianos productores participación en este proyecto. Ecopetrol es un buen ejemplo de como sí hay cabida para los pequeños productores. En la región, la petrolera está desarrollando la planta más moderna de etanol a base de caña de azúcar. Como la compañía no va a producir toda la caña, se asociará con pequeños y medianos cultivadores que puedan ser sus proveedores.

El éxito también dependerá de la forma como el gobierno fomente el asentamiento de campesinos, que al final del día serán la mano de obra de los grandes proyectos que allí se instalen. Esto implicará otros desarrollos paralelos en los que el Estado tendrá que intervenir, como vivienda, educación y salud.

Ahora bien, en una región como esta, con dificultades para el transporte, hay que poner en marcha un modelo empresarial que permita ganar economías de escala. En otras palabras, hay que propiciar las cadenas productivas tal como ocurrió en Brasil, donde se desarrollaron, además de la agricultura, empresas porcícolas y avícolas que aprovecharon la materia prima, como el maíz y el sorgo, para el alimento de los animales.

Para acelerar este proyecto es necesaria la participación de los inversionistas privados, y el gobierno espera estimular su presencia no con subsidios sino creando el marco necesario para que puedan emprender sus negocios. Para no frenar la llegada de particulares, el gobierno redefinirá la Unidad Agrícola Familiar (UAF), que es la medida que permite adjudicar tierras públicas a particulares. Hoy la UAF es de un tamaño muy pequeño para los desarrollos de gran envergadura que se necesitarán en la Altillanura. Con este rediseño, el gobierno aspira a que el capital llegue a la zona.

Los pioneros

En estricto sentido, el Cerrado colombiano no tendrá que arrancar de cero. Los primeros inversionistas llegaron hace menos de 10 años a la zona y hoy están convencidos de que sí se puede desarrollar el proyecto. Jaime Liévano, presidente de La Fazenda, una empresa que produce maíz y soya y que tiene cadena integrada con producción de cerdos, muestra el gran modelo de cómo a base de investigación esa tierra puede lograr maravillas. En su empresa se ha sembrado maíz con rendimientos asombrosos, incluso comparables con el cinturón cerealero de Estados Unidos.

Como siempre, hay quienes son menos optimistas. El presidente de Fenavi, Jorge Enrique Botero, dice que hay muchos cuellos de botella todavía para adelantarse a cantar victoria en este proyecto, entre ellos, la falta de infraestructura. "Por ahora, el sector avícola no le apuesta a esta zona, pues la limitante para transportar lo que allá se produzca es evidente".

Lo cierto es que el tema de la Altillanura ya está en el radar de muchos inversionistas. Los grandes empresarios con visión de negocios, como las familias Sarmiento y Santo Domingo, pusieron sus ojos en la zona. También inversionistas argentinos y brasileños están mirando con interés la región, y en el mercado de los granos se afirma que la multinacional Cargill quiere ampliar su operación en Colombia y evalúa la posibilidad de producir maíz y soya en la Altillanura.

En síntesis, con tantos ojos puestos en la Altillanura y con la voluntad del gobierno, esta podría resultar siendo la gran revolución alimentaria para Colombia. A muchos todavía les suena a milagro, pero Brasil demostró que los milagros sí existen.

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