Domingo, 22 de enero de 2017

| 1989/05/22 00:00

EL CLUB DE LAS 500

En 1988 las industrias norteamericanas tuvieron los mejores resultados de la historia.

EL CLUB DE LAS 500

Los adjetivos resultaron escasos para describir tanto número. Sin embargo, cuando la semana pasada la revista Fortune publicó su acostumbrada lista clasificando a las 500 compañías industriales más grandes de los Estados Unidos, el mensaje se resumió en una línea:"1988 fue el mejor año hasta ahora para las 500 de Fortune". Tanto en términos de utilidades, de ventas o de cualquiera de las razones financieras que utilizan los especialistas, el resultado sorprendió a los más optimistas.
Los números son impresionantes. Las ventas del grupo aumentaron en 7.6%, pasando por primera vez la marca de los 2 billones de dólares, una cifra 50 veces más grande que la producción colombiana de bienes y servicios durante todo un año. Las utilidades crecieron un 27% hasta llegar a los 115 mil millones de dólares y la rentabilidad promedio del patrimonio fue de un 16.2%, otra nueva marca que rompió la establecida en 1980.
Semejantes cifras confirmaron la salud de la economía norteamericana a lo largo del año pasado. Por sexto año consecutivo la producción continuó expandiéndose, en lo que se constituyó como el periodo más largo de crecimiento económico desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Adicionalmente, un buen número de compañías se benefició de la caída del dólar frente a las demás monedas duras, lo cual hizo atractivas las exportaciones de productos norteamericanos. Firmas como Caterpillar, que hace unos años estuvo al borde de la quiebra, pudieron salir adelante. En 1988 las ventas de esta empresa productora de maquinaria pesada crecieron un 28% y sus utilidades en un 76%.
Como ya se ha vuelto costumbre las posiciones de liderazgo continuaron siendo casi las mismas de siempre. Una vez más, el lugar de privilegio le correspondió a la General Motors, cuyas ventas llegaron a la nada despreciable suma de 121.085 millones de dólares. A pesar que la productora de automóviles ha venido perdiendo mercado, lo cierto es que por ahora su primer puesto parece seguro. Habrá que ver lo que suceda dentro de un par de años con la Ford, que ahora se encuentra en segundo puesto y amenaza con convertirse en la líder del mercado automotriz norteamericano a la vuelta de un tiempo.
Por su parte, la firma que más dinero ganó volvió a ser la IBM. Aunque la competencia en el mercado de computadores y equipos de oficina ha sido dura, la empresa neoyorquina continúa siendo la que más dinero da dentro del selecto grupo. Los 5.806 millones de dólares que se ganó la IBM contrastan con las pérdidas de una compañía metalúrgica ubicada en Dallas y llamada LTV que perdió 3.154 millones de dólares durante el año. Si bien el número de firmas con saldos en rojo pasó de 48 en 1987 a 42 el año pasado, hubo algunas que por más recuperación económica no dieron señas de repuntar.
Es precisamente la incógnita sobre la salud de la economía norteamericana la que ahora preocupa a los especialistas. Al cabo de más de seis años de expansión, los primeros meses de 1989 han revelado que la producción industrial está llegando a su tope. En marzo pasado el desempleo registrado en los Estados Unidos fue de un 4.9%, la tasa más baja desde 1973 y en algunos sectores ya se está comenzando a hablar de la escasez de mano de obra calificada. Según algunos especialistas, la economía está a punto de llegar a una situación de pleno empleo, donde la única desocupación que existe es la de la gente que pasa de un trabajo a otro.
Esa impresión ha sido confirmada por el retorno de la inflación. El martes pasado se informó en Washington que el aumento en los precios en el mes de marzo había sido del 0.5%, una cifra ridícula en términos latinoamericanos, pero que significa que para todo el año el alza de precios se acerca al 6%, dos puntos porcentuales más que la registrada hace un año. Esa trepada en el costo de vida se ha repetido en el resto de países industrializados, lo cual ha traido de vuelta temores sobre una repetición de lo sucedido en la década pasada, cuando la inflación se convirtió en un factor desestabilizador de las principales economías.
Lo que suceda en los próximos meses con la producción y los precios acabará influyendo sobre las tasas de interés y el comercio internacional. En el peor de los casos, una nueva recesión mundial haría todavía más angustioso el problema de la deuda externa y empobrecería aún más a los países del Tercer Mundo.
Esa eventualidad acabaría afectando el desempeño de las industrias más grandes, incluidas las 500 de Fortune. Aunque todavía queda la posibilidad de que lo registrado durante el primer trimestre del año no sea sino un chaparrón pasajero, la impresión que se tiene es que las firmas más grandes se están preparando para un diluvio. Por más optimismo que haya, todos saben que los récords no se pueden romper año tras año y que debe haber campo para la prudencia, sobre todo después de siete años de vacas gordas.

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