Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1993/11/08 00:00

EL COSTURERO

Una veintena de empresarios antioqueños de primera línea se reune todas las semanas para buscarles salida a los problemas de su región.

EL COSTURERO

UNA VEZ A LA SEMANA, TODAS LAS SEMANAS, los más altos capitanes de la industria antioqueña se reunen a cumplir con un rito que se ha vuelto sagrado en sus apretadas agendas, y que, a diferencia del ceremonial de las numerosas juntas directivas a las que pertenecen, no tiene "objetivos específicos" ni cuenta con un "orden del día".
Pero así, de manera informal, toman decisiones de proyeccion nacional e internacional, influyen sobre la marcha del Estado, y hasta se enfrentan con realidades que nunca pensaron conocer.
Este círculo cerrado está conformado por una veintena de dirigentes del sector privado paisa, llamados los "terneros" en alusión a que muchos de sus progenitores fueron, en palabras de uno de ellos "vacas sagradas" en departamento o en el país. Funciona como una vieja capilla de damas voluntarias dedicadas a tejer patines para los más necesitados. Por ello, a este cón clave se le conoce, familiarmente, con el nombre de "el costurero". Y sus labores van desde darle forma a un novedoso proyecto industrial para generar empleo, hasta escuchar primero y luego cuestionar a los más altos funcionarios del Gobierno.
Foro supragremial por excelencia -porque convoca a directivos de la Andi, influyentes socios de la Cámara de Comercio o representantes del llamado sindicato antioqueño-, "el costurero" -justifica su razón de ser en el hecho de que la estabilidad social y económica de la ciudad, el departamento y el país, es el fundamental para la marcha de sus negocios. Pero, más que la defensa de intereses particulares, lo que mueve a estos hombres -según ellos mismos- es a crear una sociedad nueva, con sus necesidades esenciales satisfechas y a tono con las exigencias del mundo moderno.
En 1990, cuando Gilberto Echeverry Mejía llegó a la gobernación de Antioquia, él y su secretario -general, Juan Rafael Arango- actual vicepresidente ejecutivo de Imusa-, se sin- tieron perdidos en la burocracia oficial y decidieron "pedirles cacao" a sus amigos y colegas del sector privado. "Nos sentíamos solitarios", dice Arango. Una veintena de ellos atendió el llamado para ayudarles a pensar en estrategias que salvaran al departamento y a la ciudad de un doble y peligroso obstáculo: el desempleo y la violencia. Y comenzaron a realizar unas veladas en las que le hablaban al gobernador sin pelos en la lengua.
Echeverry se benefició de la agudeza mental, experiencia y apoyo de sus amigos, y todos terminaron de acuerdo en que "el costurero" no podía morir con la salida de éste, en 1991, de la gobernacion."En esencia, 'el costurero' ha ocupado el espacio de los antiguos cafés del pasaje La Bastilla, en los que se hacía opinión abiertamente", dice Juan Guillermo Jaramillo, presidente de Proantioquia.
Este exclusivo e improvisado think tank ha recibido recientemente la visita del ministro de Desarrollo Económico, Luis Alberto Moreno; el fiscal general de la Nación, Gustavo de Greiff; el gobernador de Antioquia, Juan Gómez Martínez; el presidente de Bancoldex, Carlos Caballero Argáez; el alcalde de Medellín, Luis Alfredo Ramos; el consejero presidencial para Medellín, Jorge Orlando Melo, y el ministro de Comercio Exterior, Juan Manuel Santos. A este último lo invitaron para hablar de las recientes medidas del Gobierno para manejar y acceder a moneda extranjera en Colombia.
Y las críticas que le hizo Alejandro Ceballos, presidente de Leonisa, calaron tan fuerte en el funcionario, que decidió prolongar la reunión y le ordenó al piloto de la avioneta que lo había traído de Bogotá que se desplazara del aeropuerto Olaya Herrera al José María Córdova, en Rionegro, donde podía salir un vuelo nocturno.
Santos tenía motivos de sobra para estar atento. Los miembros de "el costurero" son los presidentes de las industrias y empresas de servicio más importantes de Antioquia y el país: Coltejer, Leonisa, Peldar, Imusa, Noel, Uniban, Empresas Públicas de Medellín, Conconcreto, Simesa, Promotora de Proyectos y Cementos Cairo, entre otras.
Ceballos pedía, en nombre de todos, que el Gobierno revisara esta decisión, que, según él, tendría un gran efecto negativo en los balances de sus empresas, en particular, y en la política económica de Gaviria, en general. A su regreso a Bogotá, Santos citó a una reunión, y, a los pocos días, una comisión del Banco de la República visitó a Medellín para escuchar, libreta en mano, todas las quejas sobre el espinoso tema.
Pero "el costurero" no limita sus contactos a emisarios del alto poder. Han desfilado por la sede de Proantioquia intelectuales de la academia, militares, sacerdotes, políticos, líderes estudiantiles, dirigentes sindicales, y, en una de las sesiones más recientes, 10 jóvenes de la comuna nororiental, el temido polvorín social de la ciudad.
"Para mí, esta última fue una reunión sublime -dice Juan Rafael Arango, vicepresidente de Imusa-. Tanto ellos como nosotros nos dimos cuenta de que no somos como nos describen en abstracto: ni nosotros tan arrogantes, ni ellos tan amenazantes". Unos y otros, representantes de ricos y pobres, tendieron, en esa oportunidad, un puente de diálogo hasta ahora inexistente. "Estoy descrestado", dijo Jorge Orlando Melo, responsable de la reunión.
Ese día, "el costurero" se prolongó dos horas más allá de lo esperado, y ambos grupos convinieron en verse, la próxima vez, en la comuna nororiental. Los empresarios, en un acto simbólico nunca antes registrado en la historia reciente de Antioquia, se comprometieron a ir "al barrio" a dialogar con sus pobladores.
Lo que más impresionó a Arango fue que los comuneros no pidieron limosna. "Ayúdennos a influir para que nos construyan espacios recreativos y contrátennos para que parte de sus procesos productivos se hagan en la comuna", dijeron los jóvenes. Y nosotros ya estamos echando números", le dijo Arango a SEMANA.
En realidad, desde su nacimiento "el costurero" ha tenido como preocupación central la creación de empleo, tanto para los desocupados de las zonas marginales como para los reinsertados de la guerrilla.
Como resultados directos de las gestiones realizadas por "el costurero" han nacido, hasta ahora, dos grandes empresas: la Promotora de Manufacturas para Exportación (PMX), y una plantación de espárragos. Por sus firmantes, la escritura de constitución de PMX se lee como el quién es quién de la alta empresa antioqueña. Encabezan la lista Nicanor Restrepo Santamaría, presidente de Suramericana; Fabio Rico, de la Compañía Nacional de Chocolates, y, así, sucesivamente, los presidentes de Fabricato, Coltejer, Peldar, Almacenes Exito, Conconcreto, Haceb, Cadenalco y Coltabaco, entre otros.
PMX no tiene dentro de sus aspiraciones ser simplemente una fuente de trabajo más para desocupados, ni un centro de capacitación para nuevos operarios. Aunque hecha para dar respuesta a esos dos problemas, PMX busca (ver recuadro) un concepto de excelencia laboral y calidad de producto para el próximo siglo.
En el caso del cultivo de espárragos, la idea es promover una actividad agrícola actualmente de gran demanda en el mercado europeo y estadounidense. "No se trata de sembrar por sembrar, sino de meterse en uno de los negocios más promisorios del momento", dijo Jaramillo. La idea es llegar rápidamente de las 200 hectáreas actuales a las ocho o 10 mil, en corto tiempo, para crear entre cinco mil y 10 mil empleos en el campo. Con el know how de "el costurero", se piensa también explotar la yuca en gran escala, con el fin de sustituir las importaciones de soya. Para estos dos proyectos, "el costurero" aportó 2.150 millones de pesos.
Arango ha estado en tertulias con empresarios de la capital para contarles sus experiencias. Pero hasta ahora la iniciativa sigue sin equivalentes. Y tal vez la razón es que, a diferencia de otros grupos empresariales, los antioqueños, por su homogeneidad cultural y su solidaridad, son los únicos que pueden rebajarse a tomar aguardiente, comer empanadas y compartir, sin distingos de clase, con los de arriba y los de abajo. Pero tal vez más importante que eso es la aplicación de uno de los más respetados principios paisas: "Aquí es diciendo y haciendo".

LA JOYA DEL COSTURERO
PMX, CREADA POR "EL COSTURERO" para generar empleo en Medellín, es una empresa "tipo cero": maquinaria "cero kilómetros", operarios "cero kilómetros" y burocracia casi cero.
En cinco meses de producción, ha realizado un par de exportaciones a Alemania, y negocia otras dos, una de ellas con Estados Unidos. La Promotora de Manufacturas para la Exportación se dedica a la confección de pantalonería informal, camisería y prendas en tejido de punto, pero, con los mismos principios de producción y estándares administrativos, puede incursionar en cualquiera otra área.
Es la consentida de los industriales antioqueños, sus entusiastas progenitores. Al principio se pensó que fuera una fundación, pero, debido al empuje de personas como Gilberto Echeverry, se decidió que funcionara como una empresa. Su montaje fue cuidadosamente calculado, y en él participaron los más sesudos profesionales y asesores antioqueños. La misión: fundar una empresa modelo.
"Aquí todo tiene que ser tipo exportación", dice Hernán Trujillo, asesor de cabecera de PMX y profesor de la legendaria Escuela de Minas, cuna del empresariado antioqueño.
Al mando de Jairo Hoyos, ex gerente del Metro de Medellín, PMX cuenta, actualmente, con tres plantas: dos de producción y una de capacitación. La producción textil es, por ahora, incidental, pues la Promotora se dedicará en el futuro al ensamble de piezas de cualquier tipo, incluso compleja maquinaria pesada.
Tiene, en el momento, 240 operarios -entre adiestrados y en proceso de capacitación- y 40 alumnos. La aspiración es que lleguen a un rendimiento del 60 por ciento, el mínimo requerido para una empresa exportadora.
El capital de arranque fue de 1.600 millones de pesos, que se han invertido cuidadosamente para lograr una planta que llene todas las expectativas de los exigentes compradores internacionales de hoy: nadie compra donde no haya un código ecológico y un ambiente humano de trabajo.
En 1994, según sus directivos, PMX dará mucho de que hablar.

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