Viernes, 31 de octubre de 2014

| 1988/05/09 00:00

EL CUERPO DE BOMBEROS

Con los últimos problemas monetarios y de inflación, aumentan las críticas de que el equipo económico del gobierno no tiene un plan general, sino que se la pasa apagando incendios

EL CUERPO DE BOMBEROS

Todo lo que tenía que ver con el desempeño de la economía durante el primer año de la administración Barco, parecía un cuento de hadas. Aunque había reservas sobre ese panorama encantador, explicables algunas de ellas por motivos políticos o por puntos de vista de escuelas económicas, lo cierto es que casi todos llegaban a la conclusión de que "a la economía le va bien, pero al país muy mal". A pesar de algunas voces que alertaban sobre el peligro en algunos sectores, lo cierto es que no hubo hasta septiembre de 1987, algo grave que hiciera prever complicaciones para el equipo económico del gobierno.
Ahora todo ha cambiado. Los observadores sostienen que no hay desastre, pero crece la preocupación, incluso entre las mismas autoridades porque además de perturbaciones monetarias, fiscales, financieras y del sector productivo, se han presentado hechos curiosos, casi que inexplicables, para los ortodoxos manejadores de la economía. Aunque el ministro de Hacienda, Luis Fernando Alarcon, insiste en que no hay improvisación y que las coyunturas difíciles se superaran sin mayores dificultades, hay quienes opinan que "se están apagando incendios" y se están dejando focos encendidos que cada vez alumbran más.
Pocos se dieron cuenta, pero el boom que vivía la economía comenzó a derrumbarse en octubre de 1987. En parte los problemas surgieron por una exagerada competencia de los bancos para hacerse a los excesos de liquidez de la economía, vividos tras el programa de ajuste que culminó en 1986 y por una perceptible bonanza propiciada por la llegada de capitales de origen dudoso al país. Un fiel reflejo de ello fue el crecimiento de la construcción, sin mayor financiamiento de las corporaciones de ahorro y vivienda.
Los bancos aprovecharon esa coyuntura para prestar a diestra y siniestra, y a pesar de que se vivia una política de cierta latitud monetaria, los medios de pago (billetes en circulación más cuentas corrientes) y los cuasidineros (depósitos de ahorros, a término y en UPAC) crecieron inusitadamente. De nada o poco sirvieron las Operaciones de Mercado Abierto deel Banco de la República para contraer el exceso de moneda, porque la banca comercial se encargo de presionar hacia arriba las tasas de interés, compitiendo en mejores condiciones frente, por ejemplo, a los Títulos de Participación, lo más atractivo en ese momento en el mercado.
A mediados de noviembre de 1987 el gobierno se encontró con un problema que se le salía de las manos. Podía jugarse dos cartas; una, la de salir a conseguir dinero en el mercado con papeles de jugosos rendimientos, lo que hubiera disparado más las tasas de interes. La otra, aumentar los encajes, y con ello correr el riesgo de devolverle problemas al sistema financiero en recuperación. Se jugo unas que tenía debajo de la manga: envió una carta de Gerencia, a traves del Banco de la República, en la cual solicitó a los bancos abstenerse de conceder nuevos créditos hasta comienzos de 1988.
Como dijo recientemente la Asociación Bancaria, la medida sancionó a los bancos que venían compitiendo en forma leal y cautelosa en el sector, pero premió a los que venían repartiendo codazos, desencajandose y elevando las tasas de interes. La cartera se congeló por igual para todos, nadie se salvo, y el sector productivo se resintió. A pesar de todo ello, la expansión de los medios de pago no se frenó en gran cuantía, y la meta manejable del 28%, se rompió y llegó hasta casi el 33% al concluir 1987, es decir que más de un billón de pesos se encontraban en esos momentos en la calle.

Apagando incendios
Aquí es donde se reprocha al equipo económico uno de sus grandes errores. Según los observadores del devenir monetario, los bomberos de la administración intervinieron cuando el incendio había consumido la mayor parte de la edificación. Sólo le quedaba salvar lo poco que las llamas no habían quemado e iniciar la recuperación. Pero casi que a la par de este fenómeno expansionista, estaba sucediendo otro sicológico, que aún pesa mucho.
Ese lío también comenzó en octubre de 1987 y surgió de la implantación de un nuevo sistema de llevar el encaje en los bancos. Se acudió al llamado carry over, que quiere decir algo así como "lo que sobra", que busco estabilizar el manejo de la relación reservas-depositos del mecanismo de control monetario. Su efecto fue curioso y contraproducente, a tal punto que la mayor parte de los bancos estan hoy sobre-encajados y al mismo tiempo acuden a cupos extraordinarios del Banco de la República por desencaje. La misma Junta Monetaria acaba de dictar medidas para otorgarles liquidez.
Este otro misterioso caso produjo una ola de miedo entre los banqueros, similar a la que las medidas tributarias tuvieron sobre los contribuyentes. En los dos casos, también por coincidencia, los bancos han salido damnificados. La fórmula de cálculo de encaje incluye onerosas sanciones para quienes la rompan, lo que resulta demasiado costoso para los bancos. Si un viernes un banco se desencaja, ese monto se acumula para la próxima semana, y si un fin de mes sucede lo mismo, la suma pasa para el otro. Precisamente en esas dos épocas es cuando los bancos se resienten más por los retiros en sus depósitos, y cuando más corren el riesgo de estar desencajados.

El pánico producido por el carry over hace que los tesoreros de los establecimientos financieros prefieran mantener mayor dinero que el debido en el Banco de la República, y salir a buscar por otro lado recursos que pueden ser más baratos que una sanción por déficit con el Emisor. Esa sobre-esterilización de recursos ha sido tan grande que el pasado 26 de marzo el mayor encaje sumaba $19.250 millones, una cifra capaz de otorgarle gran liquidez a los bancos para entregar crédito. El sobreencaje era de $8 mil millones en bancos privados (Bogotá, Comercial, Industrial Colombiano, Crédito, Santander, Caldas, Colpatria y Occidente); de $3.046 millones en los oficiales tradicionales (Cafetero, Ganadero, Popular y del Estado) y de $7.891 millones en los oficiales nuevos (Colombia, Tequendama, Trabajadores y Comercio). En los mixtos, por el contrario, (Real, Internacional, Anglo, Sudameris, Crédito y Comercio, Royal, Extebandes y Colombo) el desencaje supera los $1.380 millones.

Faltaron gurús
El 29 de diciembre de 1987 sucedió algo que nadie tenía en sus presupuestos. Expedidas las nuevas normas de procedimiento tributario, bajo el decreto 2503, las consecuencias de algunos de sus párrafos fueron devastadoras. Especialmente la que advertía a los bancos que desde el primero de enero de 1989 debían relacionar a la Administración de Impuestos, movimientos por consignaciones superiores a los $6 millones en el año gravable de 1988.
A partir de allí se dio un cambio curioso y excepcional en las perspectivas económicas del año nuevo. El dinero en circulación, que esta compuesto por los depositos en cuentas corrientes y por el efectivo, se cargó hacia un solo lado. La gente prefirió quedarse con el dinero que saco de los bancos en la Navidad de 1987. Pero eso no se reflejó con un crecimiento por la demanda de bienes. ¿Que se hizo? Mucho se ha especulado sobre su destino. Las versiones hablan desde la "dolarización" de la economía, es decir la gente cambiando pesos por moneda norteamericana; hasta el resurgimiento de la banca paralela y el agro, que esperan clientes a la entrada de los bancos para ofrecerles maravillas.
Inicialmente eso produjo dos hechos. Las tasas de interes que se habían disparado en diciembre por la escasez de crédito, desaceleraron su espiral a principios de enero, pero después volvieron a crecer como hasta el momento. Y el dinero que se retiro en diciembre no volvió a los bancos. El caos fue casi que incontenible, los depósitos de los cuentacorrentistas se animaron en algo en febrero, pero el aumento no fue el necesario. Aunque alguien hubiera predicho una catástrofe en cualquier campo económico, nadie hubiera atinado a referirse al pánico tributario.
El reflejo de esa situación atacó nuevamente al crédito. De por sí sobre la solicitud de prestamos se estaba dando a comienzos de año una presión irresistible que por estos días se repite. Si el Producto Interno Bruto fue del 5.6% en el 87 y la inflación del 24%, factores que no se suman sino que se ponderan, tenemos un crecimiento del 31% en el Producto Interno Bruto Nominal, lo que hace que para mantener esas ansias de producción, crezcan en gran escala las necesidades de financiación.
Tan cierto es ese hecho, que hasta mediados de marzo el crédito del sector bancario creció en 32.4% en año completo. A pesar de los saldos rojos en cuentas corrientes, los bancos prestaron todo lo que pudieron, claro esta, a elevadísimo costo. Pero a partir de la tercera semana de marzo eso cambio. Además de que la gente no llevaba plata al banco, tampoco la invirtió en otros activos financieros. Los establecimientos financieros tuvieron entonces que acudir a financiarse a través de inversiones caras como certificados de depósito y encargos fiduciarios.
Precisamente en la tercera semana de marzo, los prestamos de los bancos bajaron $897 millones con respecto a la semana anterior, y en la cuarta semana el crecimiento de créditos fue cero. No hubo dinero para prestar y a pesar de las aclaraciones que pretendió hacer el Ministerio de Hacienda las cifras no mentían. El fenómeno de tape se vío beneficiado por los banqueros, que decían off the record que no tenían plata, ya que asumir esa afirmación con nombre propio ante el público, podría haber llevado algún banco a serias dificultades.


Bomberos demorados
Lo que nadie se explica es cómo tuvieron que pasar 100 días para que se tomaran medidas que posiblemente corregirán la actitud sicológica de la gente frente al nuevo esquema tributario. Para muchos el daño ya está hecho. Y los detractores de la política económica, que no dan la cara para "no quemarse" si las cosas mejoran, advierten que las autoridades se equivocaron una vez más. Llegaron tarde con sus máquinas y cuando iban a disparar sus mangueras se dieron cuenta que el agua no era suficiente.
Se les está quemando la estructura.
Como en Colombia es típico que con las medidas que buscan evitar la expansión de los medios de pago se baje también la inflación, las fallas en el campo monetario en algo han contribuido a otra preocupación del cuerpo de bomberos. El costo de vida tiene pensando a más de uno en que la política económica también tiene unos de los grandes "agujeros negros" por aquí. El Ministerio de Hacienda fijo el 22% como meta inflacionaria en 1988, avalado por el Conpes.
Sin embargo, los que no se meten con perspectivas políticas sino que se someten a la ortodoxia económica, ya tienen entre sus cálculos un costo de vida llegando al 25% al finalizar el presente año. Sólo en el mes de abril el índice de precios al consumidor volverá a crecer un 3%, con lo que el año corrido se acercará al 14%. Eso en sólo cuatro meses, faltando ocho y con serios problemas en varios campos de la producción. Casos como los del arroz, fríjol, leche y soya, el de la carne que viene, han contribuido a arreciar el temor sobre lo que pueda pasar.
En todo este extraño "Mundo de Subuso", lo que más llama la atención es que los voceros del gobierno se hayan puesto de acuerdo para culpar a la prensa de lo que sucede. Mientras el ministro de Agricultura aseveró que los casos del arroz y el fríjol sólo existen en las noticias, el ministro de Hacienda aseguró que el pánico tributario y de escasez de crédito, fueron alimentados por los medios de comunicación. Lo cierto es que las importaciones de alimentos y las tasas de inflación certificadas por el Dane, y las cifras recogidas por los memorandos 040 y 041, confidenciales, adoptados para la Junta Monetaria, demuestran que si alguien tiene la razón son las noticias. Hay problemas con los alimentos y no hay crédito.
Para completar se está viviendo un efecto extraño y artificial con todo este problema esencialmente monetario. Se trata de un hecho estrictamente estadístico que ha presionado los medios de pago en el primer trimestre de 1988. Como por "ley de arrastre" las tasas de crecimiento del dinero en circulación se han mantenido altas, más del 32% por gran tiempo, debido especialmente a la expansión del año pasado. En este momento ya se retornó paulatinamente al 28%. De allí se llega a la conclusión que hablar por estos días de excesos de liquidez en la economía es una utopía. El comportamiento de los bancos lo demuestra.
Contradicciones o no contradicciones, se han tomado medidas que quieren sanear situaciones que por uno u otro motivo se han salido de las manos. Lo que los expertos, incluso algunos funcionarios, rechazan es que se estén haciendo cosas que no se debían. Que el equipo económico se haya trasladado a la central de alarma de un cuerpo de bomberos, para esperar que las llamadas de auxilio por incendio se escuchen, para después actuar. Algo similar a lo que sucedió en el campo fiscal. El gobierno fue advertido desde el año pasado que el gasto podría salirse de las manos. Sólo en abril se corrigieron posibles excesos al costo de un gran enfrentamiento.

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