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| 9/29/1986 12:00:00 AM

EL "DESGONCHE"

Pérdidas por 20 millones de dólares y deudas por cerca de 100, colocan en la cuerda floja al grupo de los Gonches, segundo exportador de café

Desde el 10 de octubre de 1920, cuando la afamada firma de Vásquez Correa y Compañía se constituyó en la primera empresa colombiana en quebrarse estrepitosamente en Nueva York, recurrentemente el mundo cafetero se ha visto estremecido por tambaleos o quiebras de varios de sus grandes. Algunos de estos fueron los casos de los Duque, los López, los Trujillo, etc. Esos tropiezos le han llegado ahora a una de las firmas más prudentes y tradicionales, tal como se comprobó la semana pasada, cuando se confirmó la crisis en uno de los exportadores de café más importantes del país: el conocido grupo de "los Gonches".
Con más de 30 años de experiencia en el mercadeo externo del grano, el grupo era -por lo menos hasta el comienzo de este año- el segundo exportador más importante del país, con cerca de un millón de sacos negociados al año (aproximadamente un 10% de las ventas colombianas). Originario del norte del Valle, el grupo nació de la asociación de tres hermanos: Julián, Gonzalo y Alonso Echeverri Arango, quienes dividieron sus operaciones por zonas geográficas. De esta manera, en Cali se ubicó una firma denominada Goncheverri, en Bogotá Gonchecol y en Medellín la sociedad Echeverri y López, más conocida como Gonchelópez. El sistema de distribución regional probó ser muy eficiente y desde hace muchos años, el grupo pasó a constituirse en uno de los más destacados dentro del exclusivo club de los exportadores de café colombiano. La expansión de las operaciones, así como el ritmo constante de crecimiento, le permitió a los Gonches incursionar en otras actividades diferentes a la del negocio cafetero. Al comenzar este año, el grupo era dueño del 20% del Banco Sudameris, de por lo menos dos concesionarios de vehículos, una urbanizadora, una empresa de transportes, así como de algunas inversiones en el exterior. Así mismo, al comienzo de esta década Goncheverri dejó su marca en Cali al erigir -sin financiación alguna- el edificio más alto de esa ciudad en el cual se ubicaron boutiques, las oficinas de la empresa y una serie de lujosos apartamentos. La construcción del edificio fue, según los especialistas, definitiva para explicar los tropiezos futuros del grupo. La falta de ventas y los recursos que exigió acabaron con la liquidez de las empresas y, aparte del lucro cesante, minaron la solidez de la organización frente a la eventualidad de una crisis.
Ese temor se hizo realidad, cuando a mediados de este año el grupo se convirtió en una víctima más de los sobresaltos en el mercado internacional del café. Entre enero y julio los precios en la bolsa de Nueva York pasaron de más de 2.40 dólares por libra a escasos 1.50 dólares, en medio de una montaña rusa que confundió a los comerciantes más avezados. La parte más aguda del descenso llegó en el mes de abril y siguió en mayo y junio, aliviándose hasta los últimos día de julio. Solamente hasta la semana pasada, el grano colombiano volvió a cotizarse por encima de los 2 dólares por libra en lo que parece ser indicación de un nuevo ciclo ascendente.
Todo este vaivén de los precios acabó golpeando a los exportadores. A comienzos del año se generalizó el sistema de venta del price fixing, según el cual comprador y vendedor acuerdan una operación cuyo precio no se fija en ese momento sino semanas después, dependiendo del comportamiento del café en la bolsa de Nueva York. Obviamente la ganancia o pérdida del vendedor dependerá de la diferencia entre el precio de adquisición del grano en su país de origen y el de venta en el mercado internacional. Si por alguna circunstancia el precio sube, el exportador tendrá una ganancia extraordinaria y si este baja registrará perdida. A pesar de ser eminentemente especulativo, el sistema fue benéfico para los exportadores en los últimos meses de 1985 cuando el precio del café se disparó en pocas semanas.
Sin embargo, la época de las vacas flacas llegó a partir de abril, cuando casi nadie lo esperaba y el precio entró en barrena. Después de haber comprado el café en cercanías de los 2.30 dólares por libra, los exportadores se dieron cuenta que iban a perder y, en la mayoría de los casos, quienes pudieron hacerlo "se dieron la pela" y se retiraron del juego con sus pérdidas. En el caso de los Gonches, una mezcla de falta de liquidez unida a una esperanza de mejores precios llevó a que el grupo aplazara al máximo el cruce de las operaciones, con lo cual la pérdida potencial se elevó. Como consecuencia, varios expertos consultados por SEMANA estiman que los 250 mil sacos de café exportados por el grupo durante el segundo trimestre de 1986 se vendieron con una pérdida promedio de entre 60 y 80 dólares por saco. En otras palabras, el grupo perdió en tres meses entre 15 y 20 millones de dólares.
Los problemas de los Gonches empezaron a insinuarse en el mes de julio cuando el grupo pasó del segundo al séptimo lugar entre los exportadores de café (ver cuadro). En un comienzo se sabía que todos los exportadores habían perdido, pero nadie tenía idea de quién había resultado más afectado. El primer reconocimiento formal del problema se dio en una carta que el 16 de julio le dirigió Julián Echeverri Arango a Jorge Cárdenas Gutiérrez, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, en la cual el director de los Gonches le solicitó a Fedecafé un préstamo de 148 mil sacos de café para poder operar. El mecanismo se ha utilizado en otras épocas pero no en la cuantía solicitada.
En esta oportunidad Cárdenas contestó el 6 de agosto y después de reconocer la "difícil situación por las modalidades comerciales en la exportación de café" pidió un plazo de 30 días para una respuesta, debido a las circunstancias de cambio de gobierno existentes en el país.
A pesar de haberse conservado en sigilo, la situación difícil del grupo empezó a rumorarse en el gremio cafetero, y de allí pasó al mundillo financiero. Finalmente llegó a los bancos internacionales con quienes el grupo mantiene sus operaciones (principalmente el Paribas y el Chemical) y, según se afirmó, algunos se hicieron presentes en Colombia con el fin de hacer efectivas las garantías de que disponían. El volumen de recursos en juego no es nada despreciable. Un informe de la agencia de noticias Reuter, precisó que las acreencias del grupo suman unos 90 millones de dólares con entidades del exterior y entre 17 y 20 millones de dólares con entidades y personas colombianas. Adicionalmente se teme que haya existido desviación de recursos en algunos de los créditos.
Frente a esas cifras, es claro que el grupo Gonche no podría sobrevivir si se le exige el pago de sus obligaciones. Es por esa razón que se insistió la semana pasada en que los bancos extranjeros y la Federación de Cafeteros debían buscar alguna fórmula de solución para darle una mano. La opción de las daciones en pago -incluído el sonado edificio- no parecería garantizar todas las deudas y permitir al mismo tiempo la operación de los Gonches.
Si eso no sucede, los especialistas sostienen que las consecuencias serían muy graves. Por una parte, se acabaría algo de la buena fama que ha logrado conseguir Colombia entre la comunidad financiera internacional. Por otra, los demás exportadores de café se verían afectados indirectamente en sus operaciones si los bancos comerciales deciden limitar sus líneas de crédito, en el preciso momento en que se insinúa el despegue de los precios del grano. Pero quizás lo más grave de todo es que si desaparecen los Gonches del mercado, la mayoría de las exportaciones de café colombiano quedaría en manos de firmas extranjeras. Hasta el comienzo del año, Rafael Espinosa y el grupo controlaban más de un 20% de las exportaciones totales de café y la mayoría de las exportaciones del grano del sector privado, pero si este último sale se estima que las empresas foráneas ocuparían su lugar. Tal como dijo un exportador colombiano la semana pasada, "las multinacionales se quedaron con el negocio del café".
Esa perspectiva depende de la actitud de los bancos y la Federación de Cafeteros. En medios oficiales había optimismo la semana pasada y se hablaba inclusive de arreglos preliminares. No obstante, se reconoce que el golpe es fuerte y que probablemente pasarán unos meses antes de que la situación se normalice. En el intermedio hay que anotar que el sistema del pricefixing está siendo paulatinamente desmontado, pues los exportadores se "rebelaron" contra la figura. Así como dijera uno de ellos la semana pasada, "nuestro negocio es el café y no la bolsa. Fue una lección costosa pero creo que la hemos aprendido'
LOS QUE SON
Exportaciones de café colombian en julio de 1986
(Sacos de 70 kilos)
Entidad Sacos
Federación de Cafeteros 375.897
Rafael Espinosa 68.648
Compañía Cafetera de Manizales* 44.075
Compañía Cafetera Caribe* 42.825
Carcafé* 38.000
Gavicafé* 37.500
Germán Merino* 20.675
Gonchecol 20.648
Echeverri y López 9.250
Pedro Uribe Sucesores 8.550
Compañía de Inversiones y Comercio 8.500
Juan García Casas 5.500
A. Laumayer* 4.750
Goncheverri 3.750
Comercial Agrícola 3.250
Andina Colombiana* 3.250
Expocafé 3.000
S.K.N. del Tolima* 2.875
Exportadora Antioquia 1.750
José D. Gómez 1.000
Ernesto Garcés 500

Total 704. 193

*Firmas con mayoría de capital extranjero
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