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| 6/7/2008 12:00:00 AM

El dólar está loco, loco, loco...

La semana pasada la divisa rompió a la baja la barrera de los 1.700 pesos. Alarma en el sector productivo y desconcierto entre analistas y gobierno. Nadie sabe qué hacer.

Este año, el dólar ha roto todos los pisos que parecían imposibles de traspasar. Aunque en economía todos saben que no hay nada más difícil que predecir el comportamiento de la tasa de cambio, nadie imaginaba que la divisa estadounidense pudiera llegar a los actuales niveles: 1.700 pesos. Esta cotización es la misma que tenía el país en 1999.

Hasta el gobierno es pesimista sobre el comportamiento del dólar. El ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, dijo el viernes que "si esto sigue así, vamos a ver el dólar a 1.500 ó 1.600 pesos".

De cumplirse su pronóstico, como dicen algunos, es mejor comenzar a rezar. El sector productivo no puede soportar una tasa de cambio en ese nivel. Los cafeteros dicen que la revaluación es la tercera peste después de la roya y de la broca y que por su culpa han dejado de recibir ingresos, en los últimos tres años, por 1,5 billones de pesos.

En el sector agropecuario, los bananeros, camaroneros, plataneros y floricultores están pasando las verdes y las maduras por culpa del dólar barato. Son sectores exportadores que ven diezmados sus ingresos cuando convierten las divisas a pesos, mientras que sus costos siguen elevándose.

Pero si en el campo llueve por culpa de la revaluación, en el sector industrial no escampa. Los confeccionistas y textileros están en apuros. Estiman que en el último año por efectos del dólar, se han perdido 15.000 empleos. No hay que olvidar que este es un sector intensivo en mano de obra.

¿Qué se puede hacer? Es la pregunta del millón. Ni los más acuciosos analistas encuentran la fórmula milagrosa para detener la caída. El gobierno en un intento por hacerlo, se jugó una carta que no les gustó a los inversionistas: puso mayores controles al ingreso de capitales, pero el mercado no se inmutó. Para Julián Cárdenas, analista de la firma Corredores Asociados, la medida no tuvo efecto, porque el mercado está a la espera de la decisión que tomará la Junta del Banco de la República en su sesión del 27 de junio. Todos creen que habrá un incremento en las tasas, porque la inflación está desbordada, y eso podría estimular la llegada de incluso más dólares al país.

El Ministro de Agricultura responsabiliza al Banco. Dice que si no hace algo se perderán muchos más empleos. El gobierno es partidario de que el Emisor baje las tasas para que desestimule el ingreso de capitales al país. Otros culpan al gobierno de no hacer un mayor esfuerzo en controlar el gasto fiscal. Pero el decano de economía de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, dice que ésta no es la solución. De hecho, Chile tiene una economía con cuentas fiscales muy ordenadas y está padeciendo el mismo problema de revaluación.

La verdad es que no hay que perder de vista que el debilitamiento del dólar es un fenómeno mundial. Suena a consuelo, pero está ocurriendo en todas las economías del mundo. En América Latina, Brasil y Colombia tienen las monedas más revaluadas.

Paradójicamente con la caída del dólar, las exportaciones en Colombia crecen a niveles récord: 41,5 por ciento en el primer trimestre. Según el ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, "eso es un hito del comercio exterior del país". Así las cosas, con exportaciones por 8.657 millones de dólares hasta marzo y una inversión extranjera directa de 3.461 millones de dólares hasta mayo (creció el 24 por ciento), es difícil esperar una recuperación de la divisa.

El ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, reconoció que está preocupado y que ya se está agotando el espacio fiscal para dar más apoyos a los sectores afectados.

Hace poco el ex ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, dijo que el Banco de la República y el gobierno deberían dedicarle sus energías a la revaluación y "no a tratar de regresar a una meta de inflación que sigue siendo, en cualquier caso, baja". A juicio de Ocampo, actual catedrático de la Universidad de Columbia, "debería ponerse, además, un piso (aunque no un techo) a la tasa de cambio, superior al nivel actual, que debería, además, devaluarse gradualmente: esto implica retornar por un tiempo al sistema de minidevaluaciones".

Pero esa propuesta levanta avispero. Muchos analistas dicen que sería peor el remedio que la enfermedad.
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