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| 3/18/2006 12:00:00 AM

El dueño de la plata

Con la compra de Megabanco, Luis Carlos Sarmiento se queda con la tercera parte de la banca colombiana.

A Luis Carlos Sarmiento Angulo ya no le falta nada por hacer en la vida. Al menos eso es lo que podría pensar cualquier ciudadano desprevenido que lea la prensa por estos días. La semana pasada salió en las noticias como uno de los 500 hombres más ricos del mundo, al ocupar el puesto 136 de la lista de 'billonarios' de la revista Forbes, donde aparece con una fortuna personal de 4.500 millones de dólares. Y hace unos días se hizo a la propiedad de Megabanco, la última entidad financiera en la lista de privatizaciones bancarias del gobierno y que el Fondo de Garantías Financieras (Fogafin), subastó el jueves pasado.

En un mano a mano con el Sindicato Antioqueño por el control de la entidad, Sarmiento ofertó 808.000 millones de pesos por Megabanco, más de cinco veces su valor patrimonial, convirtiéndose en la subasta bancaria mejor paga de la historia del país. Esta audaz jugada le permitió aumentar a 34,8 billones de pesos sus activos en el sector bancario y ampliar al 34 por ciento su participación dentro de este mercado.

Como los buenos jugadores de póker, a Luis Carlos Sarmiento le gusta apostar duro cuando la mano promete. Ahora que el negocio financiero va viento en popa y las perspectivas económicas del país son mejores, este bogotano de 70 años le está metiendo toda la ficha a crecer su pedazo de la torta financiera. Se trata de un suculento pastel que el año pasado dejó ganancias por 5,5 billones de pesos, de los cuales 3,37 billones de pesos correspondientes a utilidades de los establecimientos de crédito.

Con un mezcla de audacia y de músculo financiero, en cuestión de meses, Sarmiento se ha embolsillado tres bancos: el Unión, el Aliadas y Megabanco, además de hacerse al control total de la Corporación Financiera del Valle (Corfivalle). Estas movidas le han permitido consolidarse como líder indiscutible de la banca y ganarle la punta de la carrera a su competidor más inmediato: el Sindicato Antioqueño, dueño de Bancolombia, hoy con el 24 por ciento de los activos bancarios.

Su estrategia para conservar el liderato del sector es una sola: comprar bancos para integrarlos en la parte operativa, pero manteniendo las marcas. En momentos en que los otros grupos financieros están en procesos de integración y fusión, Sarmiento tomó la decisión de dejar que sus bancos compitan entre sí, con marcas separadas y nichos diferentes, pero compartiendo la misma red de cajeros y de tecnologías existentes. Las únicas dos entidades que están en proceso de fusión son Banco Occidente y Unión, cuyas asambleas tomaron la decisión el pasado 23 de febrero.

Lo que pocos saben, sin embargo, es que el éxito de sus bancos tiene tanto que ver con la estrategia como con la personalidad de su dueño. Sarmiento es el corazón que hace palpitar el aparato de sus entidades financieras, de las cuales tiene todas las cifras en la cabeza. De los grandes empresarios del país, es sin duda el que más metido está en la administración de su organización en el día a día. Participa en todas las juntas, habla constantemente con sus principales lugartenientes y revisa personalmente los balances de cada una de ellas.

A eso se suma el manejo ortodoxo que le ha dado a cada una de sus entidades. Mientras durante la crisis financiera varios bancos se fueron a la quiebra y quedaron en manos del Estado, los de Sarmiento sobreaguaron la crisis gracias a sus niveles conservadores de capitalización y de solvencia. Sólo una vez el banquero acudió a la ayuda de Fogafin para un préstamo con el fin de capitalizar la corporación de ahorro y vivienda AV Villas. Otra de sus principales obsesiones ha sido mejorar los niveles de eficiencia de sus entidades, para hacerlas competitivas frente a los indicadores de clase mundial. En esa búsqueda, la relación gastos administrativos sobre activos de su organización se ha ido disminuyendo, pero aún está lejos de los niveles que debería alcanzar.

Ha podido traducir esa filosofía ortodoxa del manejo financiero en políticas y realidades, gracias a la gente con la que trabaja. Los presidentes de sus entidades son banqueros de vieja data y con una larga experiencia en el mundo bancario. Alejandro Figueroa, presidente del Banco de Bogotá, lleva 30 años en esa institución y estaba ahí antes de que fuera adquirida por Sarmiento. Efraín Otero, presidente del Banco de Occidente, lleva más de una década en el cargo y 30 años como parte de la entidad. Lo mismo pasa con Hernán Rincón, del Popular, quien desde 1991 es su presidente y desde hace 37 años trabaja en el sector. Y así ocurre sucesivamente con el resto de presidentes y funcionarios de alto rango de la organización.

¿Qué va a hacer ahora Sarmiento? Esa es la pregunta que hoy se hacen los jugadores de la banca colombiana. Ya conocen las estrategias de este banquero cuando se empeña en crecer. Por lo pronto, se dice que sigue con atención el rumor que hay en los mercados financieros sobre un posible interés del Citibank por Bancolombia. El runrún se ha filtrado hasta en la prensa y no es descabellado pensar que en los próximos meses se conozca un anuncio al respecto. Mientras tanto, el banquero más importante del país seguirá consolidando el proceso que inició en 1972, cuando compró, por 67 millones de pesos, el Banco de Occidente, con sede en Cali, que estaba a punto de ser intervenida por el gobierno nacional, debido a que se hallaba al borde de la quiebra.
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