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| 6/23/1986 12:00:00 AM

EL ELN ATACA DE NUEVO

Petroguerrilla, emboscadas y asaltos en la nueva etapa del Ejército de Liberación Nacional

Pocas cosas resucitan con tanta facilidad como los grupos guerrilleros. Lo sucedido en los últimos meses con el Ejército de Liberación Nacional es una muestra más de ello. El ELN, que nació, creció y se reprodujo al calor de la revolución cubana y bajo la inspiración de la figura del "Che" Guevara y la presencia del cura Camilo Torres, tuvo su época dorada durante los años sesenta. Se le dio por acabado después del cerco de Anorí en 1973, cuando murieron Manuel y Antonio Vásquez Castaño, fundadores con su hermano Fabio del movimiento en 1964. Este último habría de desaparecer luego de la escena, dando lugar a toda suerte de especulaciones.
La muerte militar en Anorí fue objeto de muchas discusiones y algunos consideran que nunca se produjo y que el movimiento siguió existiendo y dando de qué hablar. Pero lo que pocos discutían era la muerte política del ELN. En efecto, el "canibalismo" que comenzó a salir a flote a mediados de los sesenta, que se había iniciado desde la propia muerte de Camilo y que hoy en día no da muestras de haber terminado, alejó a muchos simpatizantes de la primera época y creó la imagen de un grupo de lunáticos que se preocupaban más de matar a los militantes sospechosos de disidencia, que al propio enemigo en la lucha armada. Uno de los últimos episodios de este proceso suicida fue el asesinato, hace apenas seis meses, de Ricardo Lara Parada, el ex ELN amnistiado, que había conformado un grupo político de izquierda con gran arraigo en el Magdalena Medio.
El ELN había nacido el 4 de julio del 64, en la casa de un campesino en Santander, donde se reunieron algunos estudiantes de la Universidad Industrial de Santander y algunos habitantes de la región integrantes de la brigada José Antonio Galán, que había estado en Cuba poco después del triunfo de Fidel Castro en la isla. Las primeras acciones del nuevo grupo se llevaron a cabo en enero del 65, cuando se produjo la toma de Simacota, que marcaría un estilo característico del grupo.
Pero las purgas internas de hombres como Jaime Arenas y Víctor Medina, desencadenaron una desbandada que se había iniciado ya con el cerco tendido por el Ejército en Anorí. Muchos anunciaron entonces el fin del ELN. De hecho, de ahí en adelante el movimiento perdió importancia frente a otras fuerzas que jugaron un papel protagónico durante los años setenta, como el M-19. Un grupo encabezado por el médico Alonso Ojeda decidió marginarse en 1977 de la organización y promover una línea que se conoció con el nombre de "Replanteamiento", que buscaba crear una guerrilla diferente, más política y menos militar. Para ese momento, ya Fabio Vásquez, según sus allegados, había viajado a Cuba a radicarse, a estudiar derecho y a olvidarse de la lucha armada.
Sin embargo, el grupo de Ojeda tampoco logró salir adelante. Mientras el ELN seguía desintegrándose y dando uno que otro golpe aquí y allá, como si se tratara de pataleos de ahogado, comenzaron a llegar al movimiento algunos sacerdotes, que venían con el propósito de no dejar morir la herencia de Camilo Torres y del cura español Domingo Laín. La presencia de las sotanas en el ELN cobró gran importancia, hasta el punto de que uno de los sacerdotes, el cura Pérez, dirige actualmente las operaciones del Arauca, la región donde el ELN es más fuerte.
PASADO PETROLERO
Al mismo tiempo estaban surgiendo toda clase de "anexos" al ELN, o sea, pequeños grupos urbanos en Medellín y Bogotá, dedicados ya no a una lucha guerrillera al estilo de los sesenta, sino al asesinato de agentes de la Policía en cualquier esquina. Entre tanto, el asalto a la sucursal de pueblo de la Caja Agraria se cambió por mecanismos mucho más rentables como el secuestro en zonas urbanas. Atrás había quedado la guerrilla rural, desplazada ahora por el terrorismo urbano. La culminación de este nuevo estilo fue sin duda el secuestro a fines del 83, del magistrado Jaime Betancur, hermano del Presidente de la República.
Entre tanto, la dirección del movimiento andaba en otro cuento. El ELN había estado, en sus buenas épocas, muy cerca de los centros petroleros como Barrancabermeja, desde donde podía afectar sensiblemente una zona de gran importancia para el país. Sus dirigentes querían ahora revivir ese pasado petrolero afianzándose en el Arauca, el nuevo dorado del crudo en los años ochenta.
Mientras en La Uribe, Meta, y en la propia Bogotá, las conversaciones de la Comisión de Paz y otros delegados gubernamentales con las FARC, el M-19 y EPL lograban sus primeros frutos, el ELN se mantenía deliberadamente al margen de cualquier negociación, e imponía un "diálogo nacional" en un estilo muy propio: secuestrar a funcionarios de las compañías Mannessman y Occidental, pedir jugosísimos rescates (calculados siempre en cientos de millones de pesos) y exigir que esas compañías invirtieran parte de sus utilidades en la construcción de escuelas y puestos de salud en el Arauca.
La petroguerrilla, nombre que se le dio a este nuevo capítulo de la vida del ELN, es sin duda uno de los motivos esenciales de la resurrección de los "elenos". Con una gigantesca capacidad económica, el grupo parece haber vuelto a cobrar importancia.
Pero no sólo en el Arauca. En otras regiones como Antioquia, Santander, Cauca y Nariño, se han presentado asaltos y emboscadas en las últimas semanas, con lo cual el ELN ha vuelto a las primeras páginas de los periódicos, después de años de no aparecer en ellas.
Todo indica que esta otra cara de la revitalización del movimiento tiene que ver con un dirigente llamado Nicolás Rodríguez Bautista, conocido como Gavino, quien a los 12 años participó en la fundación del grupo. Rodríguez dejó el monte por una época a mediados de los setenta, pero finalmente regresó a hacer lo único que al parecer sabe: echar plomo, tender emboscadas, tomar poblaciones, o sea, todo lo que aprendió durante los primeros años de vida del ELN.
¿Cuánto puede durar la nueva etapa de este movimiento tan lleno de contradicciones y conflictos internos en su historial? Nadie lo sabe. Fuentes militares aseguran que el fenómeno no se puede minimizar, pues es innegable que el ELN cuenta hoy con recursos casi inagotables para crecer en forma significativa y causar grandes dolores de cabeza al próximo gobierno.
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