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| 4/22/1991 12:00:00 AM

EL ESPALDARAZO

El aumento del 11 por ciento en el precio interno del café deja feliz al Gobierno y satisfechos a los cafeteros.

La sonrisa del Ministro lo decia todo. Aunque suele ser un hombre de buen genio, el jueves por la tarde Rudolf Hommes estaba más contento que de costumbre. Acababa de temminar la negociación con los cafeteros sobre aumento del precio interno y, a difereneia de la lluvia de criticas que venia recibiendo de otros gremios, los productores de café le habían dado un gran espaldarazo. Después de seis horas de discusión, el reajuste de la cotización intema del grano fue tan sólo del 11 por ciento, siete puntos menos de lo que inicialmente pedsan los cafeteros. Estos últimos, querían que la carga de café quedara en 100 mil pesos. Con el acuerdo quedó en 94.375 pesos.
La diferencia no es nada despreciable. De acuerdo con los cálculos de los expertos, cada punto de incremento en el precio intemo del café representaba una expansión adicional de 7.000 millones en el medio circulante. Lo que quiere decir que con el acuerdo se logró evitar un crecimiento adicional de 50.000 millones de pesos en los medios de pago del país. Y el Gobierno considera que esa es una gran contribución a la lucha contra el aumento en el costo de vida. Eso explica la felicidad del Ministro.
Pero lo cierto es que los cafeteros tampoco quedaron bravos. Al contrario, aunque dijeron que esperaban más, se mostraron bastante satisfechos con el acuerdo. Y es que desde cuando se impuso la modalidad de dos aumentos de precios por año, el llamado incremento de mitaca siempre había sido pequeño. Y esta vez, aunque no fue el que querían, obtuvieron un incremento relativamente bueno. Tanto que aigunos expertos en el sector cafetero consultados por SEMANA consideraron generosa la posición del Gobierno.
Por todo lo anterior, la negociación se llevó a cabo en un ambiente bastante fraternal . Lo que no quiere decir que la conciliación de posiciones hubiera sido fácil. Como siempre, el Ministro comenzas pisando duro: ocho por ciento de aumento les ofreció a los cafeteros . Los productores, por su parte, pidieron 18 por ciento, que era el incremento en el costo de vida desde la última variación del precio interno.
Y empezó la puja. En años anteriores la negociación incluía diálogos separados de los miembros del Gobierno y de los representantes cafeteros. Esta vez, sin embargo, no fueron necesarios los ires y venires. Todo el mundo parecía dispuesto a un diálogo franco y abierto. Y a llegar, como se llegó, después de seis horas de conversaciones, a una decisión de consenso.
Con ello, más de uno respiró tranquilamente. Porque lo cierto es que en la administración anterior se había roto el esquema de concertación que siempre dominó las relaciones Gobierno cafeteros y que la fijación del precio interno del grano había quedado en manos de un Comité de Precios con mayorísta oficial. Este año, en cambio, no fue necesario acudir a tal mecanismo ya que al resultado final se llegó de común acuerdo.
Eso, de por sí, es un gran logro. Pero lo que más satisfizo al Gobierno fue la actitud de los cafeteros con respecto a su política de lucha contra la inflación. Hasta 1986, el precio interno del café se fijaba teniendo como criterio básico el precio internacional y usando al Fondo Nacional del Café como colchón de sustento. A partir de entonces, y dadas las restricciones de la economía, el Gobierno y los cafeteros discutían siempre alrededor de los índices de inflación pasada, sobre la base de que lo importante era recuperar el poder de compra del ingreso cafetero, perdido por culpa del aumento en el costo de vida. Pero este año Hommes logró convencer a los cafeteros de que más importante que vivir persiguiendo la inflación era evitarla, y que para eso habsa que mirar hacia adelante, no hacia atrás. Y los cafeteros optaron por aceptar las metas del Gobierno.
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