Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/06/26 00:00

El fin de los ‘nerds’

El cambio del examen del Icfes ha creado una gran confusión, pero las críticas han sido exageradas.

El fin de los ‘nerds’

Andrea Sánchez, estudiante de undecimo grado del Liceo Francés, lectora de novelas clásicas, amante de la música salsa y el reggae, entró en los anales de la historia educativa colombiana sin proponérselo. Los 69 puntos que obtuvo en la nueva prueba del Icfes, sobre un total de 100, la convirtieron en uno de los tres mejores bachilleres del país de los colegios de calendario B. Con este resultado es seguro que obtenga un cupo para estudiar biología en la Universidad Nacional aunque todavía no descarta una beca que le ofreció la Universidad de los Andes. Ella, que no se siente la más pila de su curso ni la más estudiosa, dice que no se preparó para la prueba que presentó, junto con otros 77.618 estudiantes, el pasado mes de marzo. Lo único que hizo, además de poner atención en clase, fue leer un poco sobre historia de Colombia, un tema en el que sentía que no sabía nada. Si bien Andrea estaba segura de que le iba a ir bien en el Icfes, igual se sorprendió con el puntaje. No fue la única. Después de 31 años de aplicación la entrega de los resultados del nuevo modelo de prueba desconcertó y confundió a los estudiantes y los colegios. ¿Por qué tanto alboroto? Simple, el mecanismo de medición de las aptitudes académicas cambió y se puso a tono con el nuevo siglo.

El sociólogo e investigador Rodrigo Parra, actualmente radicado en Europa, dice que el Icfes “jugó un papel muy importante en su momento en la medida en que estableció una línea de calidad en la educación, organizó lo que antes era un despelote. Los colegios comenzaron a educar a sus alumnos para que fueran capaces de responder y tener éxito en los exámenes”. Sin embargo se sacralizaron los resultados del Icfes y esto acabó siendo cruel y discriminatorio para los estudiantes. Alrededor del viejo examen floreció durante años un gran mercado de venta de formularios de prueba robados y de falsificación de resultados. Aparecieron centros de medio pelo, sin la idoneidad necesaria pero con la desfachatez suficiente para cobrar un dineral, donde se dictaban ‘cursillos’ de preparación para la prueba. Los colegios que ocupaban los primeros puestos en los promedios nacionales obtuvieron prestigio y, por ende, pudieron cobrar matrículas y pensiones más costosas. Algunos planteles llegaron incluso al extremo de sacar a los que consideraban malos estudiantes, antes de que presentaran el Icfes, para que no les dañaran el promedio general.



Las diferencias

El examen era un rito de paso para los estudiantes de último grado de secundaria. Obtener un buen puntaje garantizaba conseguir una beca, un cupo en la universidad o, en últimas, trabajo. El estrés previo a la prueba era altísimo. Las caras de felicidad o amargura luego de la entrega de los resultados, meses después, eran indescriptibles. ¿Qué calificaba el examen? Wolfgang Baier, rector del Colegio Andino, dice que “antes la buena memoria era lo único que importaba. Tuve un alumno con un puntaje de 340 que perdió tres materias en el colegio y no pudo graduarse”. En la actualidad la situación es diferente.

La primera gran diferencia es que ya no habrá comparaciones entre colegios pues los resultados no se miden por una sola cifra cuantitativa, sino que también hay mediciones cualitativas que relativizan el logro en conjunto. En esta ocasión ningún colegio, incluidos la mayoría de los de estrato alto, superó en promedio los 65 puntos, lo cual los colocó en el rango medio comprendido entre los 30 y los 70 puntos. “Un resultado de 60 puntos no es un mal puntaje si se mira que en él está el 5 por ciento superior de la población. No dice mucho si se toma como valores absolutos”, dice el padre Carlos Eduardo Vasco, profesor de educación en la Universidad de Harvard. “Siempre hemos pertenecido a la categoría de colegio muy superior para las pruebas del Icfes. Ahora estamos en nivel medio con 60 puntos. En la nivelación no puede ser que un colegio que es muy superior se vea de la noche a la mañana en un nivel medio, con colegios que nunca habían estado en el mismo nivel. Necesitamos saber en dónde estamos en comparación con otros”, le dijo a SEMANA Hans Rudolph Schwarz, rector del Helvetia.

Antes el resultado del Icfes era una cifra consolidada entre 200 y 400 puntos, resultado de la sumatoria de los puntajes obtenidos en cada área. Las nuevas pruebas, en cambio, producen cinco resultados diferentes. Primero, un puntaje cuantitativo, que va de 0 a 100, en la prueba conocida como núcleo común. Segundo, una descripción adjetivada del desempeño del alumno en cada una de las nueve pruebas del núcleo común, en una escala que va desde ‘desempeño relativo significativamente bajo’ hasta ‘desempeño relativo significativamente alto’. Tercero, una descripción del nivel alcanzado (bajo, medio o alto) en cada una de las competencias evaluadas en las pruebas. Cuarto, se muestra el grado de profundización alcanzado por cada estudiante por medio de cuatro grados, que van de menor a mayor complejidad: grado básico, grado I, grado II y grado III. Por último se presenta un puntaje cuantitativo entre 0 y 100 puntos, que corresponde al resultado obtenido en la denominada prueba interdisciplinar.



A fondo

Parece complicado pero, como todo, es cuestión de tiempo para dominar este nuevo esquema. El rector Baier dice que “los alumnos estaban confundidos, pero en realidad la prueba no es tan traumática como se pensó en un principio”. Lo importante en este Icfes modelo 2000 no es medir qué tantas cosas se saben sino qué tanta habilidad o competencia tienen los alumnos para interpretar, argumentar y proponer en las diferentes áreas. “Ahora se intenta medir la capacidad de competencia y no los conocimientos. Uno puede ser bueno en conocimientos pero malo en competencias. Por esa razón a muchos vagos les fue bien y a los pilos no tanto”, dice Hernán Escobedo, un profesor de física que participó en un comienzo en la elaboración de las nuevas pruebas.

No obstante la buena intención, como sucede con cualquier cambio, hay polémica y falta de claridad en algunos aspectos del nuevo sistema. Muchos estudiantes no saben aún si aprobaron o no el examen y desconocen si pueden o no acceder a la universidad. No existe claridad todavía sobre cuáles serán los criterios de admisión de las universidades. Mientras que a un rector de un colegio privado le dijeron que van a ser admitidos alumnos que tengan más de cinco materias por encima de 45 puntos, en la Universidad de los Andes están creando su propio sistema de medición.

Este remezón, provocado por los resultados del nuevo Icfes, volverá a sentirse con intensidad en el segundo semestre del año luego de que los colegios de calendario A presenten la prueba. La sociedad no lo tiene claro aún pero hay una revolución educativa en marcha y el examen de estado es su punta de lanza. El objetivo es, ni más ni menos, presionar una reforma de fondo a la educación en Colombia. Al modificar la evaluación los colegios se ven obligados a transformar sus currículos para adaptarse a las nuevas exigencias. Baier piensa que es “un cambio rotundo y extremadamente positivo. Un paso innovador e importante. Estoy feliz de vivir este cambio en Colombia”.



Aprender a pensar

A pesar de la avalancha de críticas sobre los primeros resultados de estos exámenes la situación es más compleja de lo que parece a simple vista. Una mirada superficial muestra que 91 por ciento de los estudiantes superan el rango bajo en todas las pruebas, es decir, que una mayoría se encuentra en la categoría media. Este hecho podría ser considerado positivo de no ser porque ninguno de los 77.618 alumnos que presentaron el examen se encuentra en el rango alto en todas las pruebas. Pierre Thomas, rector del Liceo Francés, cree que tiene que haber un problema con la escala de evaluación porque “es imposible que nadie entre en el rango de 70 a 100”. La verdad es que menos del 1 por ciento de los estudiantes se encuentra en el rango alto en cada una de las pruebas. La mitad obtuvo puntajes en cada una de éstas de entre 41 y 50 puntos. Y si estos resultados ponen a reflexionar a los investigadores, ¿qué pasará cuando se conozcan los de los colegios de calendario A el próximo semestre, que reflejan el promedio de la educación colombiana?

Para los expertos estos resultados lo que demuestran es que el examen midió competencias que los estudiantes aún no han desarrollado. Verónica Muriel, una estudiante del colegio Los Nogales, quien sacó 60 puntos en el Icfes, dice que “el examen sí mide las competencias, si uno no tiene buena comprensión de lectura le va mal, eso es bueno como una alarma para que los colegios fortalezcan ese tipo de cosas”. Y la alarma está encendida. La premisa detrás del nuevo examen es que los colombianos no saben pensar porque su educación apela a la memoria, la retención de información, y no manejan el pensamiento abstracto porque no lo necesitan.

Esto es resultado del modelo educativo que ha estado vigente hasta hoy. Wolfgang Baier piensa que “la expresión de los profesores de ‘dictar clase’ expresa las dificultades y diferencias de la educación en América Latina. Debe cambiar por palabras como ‘moderar clase’. En el salón el que habla es el alumno, él es el protagonista. Así se llegan a desarrollar las competencias”. El nuevo examen del Icfes va a seguir generando polémica durante mucho tiempo. Aunque en términos generales fue bien recibido por la comunidad académica, también es cierto que todavía le falta mucho para depurarse y es probable que pasen 10 ó 20 años antes de que logre medir los cambios educativos que necesitan los colombianos.

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