Martes, 24 de enero de 2017

| 2006/10/14 00:00

¡El Fondo está quebrado!

El FMI está sufriendo la peor crisis financiera de su historia. La austeridad que tanto predica el organismo no se aplica puertas adentro.

¡El Fondo está quebrado!

"EL cura predica pero no aplica". Ese refrán le cae como anillo al dedo al Fondo Monetario Internacional, ese organismo multilateral creado hace 60 años para prevenir y corregir las crisis financieras de sus países miembros. No sólo su balance está en rojo y su déficit está creciendo a pasos agigantados, sino que para colmo de males, no está siguiendo los 'tratamientos' que le receta a un país cuando está en esa situación. Hasta ahora, el FMI no ha recortado su nómina, ni bajado los sueldos de sus directivos, ni vendido sus activos improductivos, ni mucho menos metido en cintura sus finanzas.

Y es que como cada vez menos países recurren al Fondo, éste ya casi no presta plata, la principal fuente de sus recursos. Brasil le pagó todo lo que le debía en un solo cheque. Argentina hizo lo propio. México ha rechazado persistentemente ofrecimientos de una línea de crédito para usarla cuando algún día tenga una emergencia. Y Colombia le dijo adiós hace un mes, luego de que el gobierno consideró que el ajuste estructural, iniciado con esa entidad en 1999, ya no era necesario. El FMI ya tampoco es el prestamista de las nuevas economías asiáticas y actualmente no maneja crisis en ningún país y no ve amenazas de desastre en región alguna del mundo. En otras palabras: se está volviendo irrelevante.

A todo eso se suma el desprestigio de sus políticas y recetas ortodoxas. A la lluvia de críticas por su papel en las crisis asiática y argentina, se sumaron los ataques de grandes economistas como Jefrey Sachs, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, que lo culpan del carácter recesivo y deflacionario de sus políticas. Ni hablar de los dardos que le lanzan ex secretarios de Estado norteamericanos como Kissinger y Shultz, que han llegado incluso a sugerir que Estados Unidos se retire del Fondo, pues no consideran defendible que los impuestos de los ciudadanos terminen financiando a gobiernos corruptos como el de Yeltsin en Rusia y Suharto en Indonesia, quienes se apropiaron de parte de los préstamos.

Pero la crítica más contundente al Fondo proviene de la llamada Comisión Meltzer. En un informe al Congreso de Estados Unidos denunció que las actuaciones del FMI han empobrecido a las naciones que recibieron su ayuda. Además, que su grado de influencia sobre la política de los países ha socavado la soberanía nacional y, a menudo, ha entrabado el desarrollo de instituciones democráticas en el país deudor.

Sin duda lo que más choca del Fondo es que la austeridad que tanto predica no la aplica puertas adentro. El FMI se resiste a recortar su plantilla de 2.690 funcionarios en 141 países. Tampoco quiere bajar los sueldos de sus empleados, ni vender sus reservas de oro para cubrir, al menos, una parte de sus gastos administrativos. Y lo más grave de todo es que no sabe cómo hacer para no espantar a los países miembros que ya no quieren seguir pidiéndole plata prestada. ¿Para qué recibir créditos condicionados del FMI si pueden acceder a los mismos recursos con tasas y plazos similares en el mercado privado internacional, sin hipotecar el manejo de la economía?

Con el propósito de corregir el camino, el FMI nombró una comisión de expertos entre quienes se encuentra el ex presidente de la Reserva Federal estadounidense Alan Greenspan y el presidente de JP Morgan, Andrew Crockett, para que les recomienden a los directivos del organismo cómo financiar los gastos fijos de la entidad y qué hacer para tapar el hueco fiscal que se les abrió en sus bolsillos por estar gastando más de la cuenta. En casa de herrero, azadón de palo.

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