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| 10/29/1990 12:00:00 AM

EL FRENAZO

Con la subida en los precios del petróleo, a la economía mundial no le queda más remedio que apretarse el cinturón.


En este mundo de nostalgias, son muchos los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor.
Y eso precisamente es lo que estaban diciendo centenares de banqueros y funcionarios de más de 150 gobiernos, cuando se reunieron en Washington la semana pasada para la reunión anual conjunta del Banco Mundial y el Fondo Monetario Intemacional. El evento que congrega a la crema de los financistas del mundo, dejó de tener el ambiente de fiesta de épocas pasadas. La crisis del golfo Pérsico se encargó de amargarle el ambiente, por lo menos a los países industrializados.

Porque lo cierto es que el aumento en los precios del petróleo está teniendo, desde ya, consecuencias serias.
El valor del barril de crudo, que la semana pasada superó la marca de los 40 dólares más de dos veces lo registrado a comienzos de agosto se tradujo ya en un aumento de los precios de la gasolina a lo largo y ancho del planeta. Esa escalada podría continuar si la anunciada guerra entre los aliados e Irak se vuelve realidad. Lo dicho por Saddam Hussein, en el sentido de bombardear las instalaciones de extracción y transporte de petróleo, podría afectar seriamente la producción de una zona de la cual se extrae uno de cada diez barriles de crudo que se consumen en el mundo.

Frente a esa expectativa, no falta quienes proyectan que el barril de petroleo se cotizará en cercanías de los 60 dólares. Semejante aumento le caería como anillo al dedo a unos cuantos productores, pero pondría en serios aprietos a cerca de 130 países consumidores.

Por esa razón, había tantas caras largas en Washington la semana pasada. En lo que tiene que ver con las naciones ricas, éstas experimentarán un frenazo notorio. La rápida expansión económica que comenzó en 1982 ahora se muestra todos los indicios de acabarse. En el caso de los Estados Unidos, la economía más grande del mundo, el problema del petróleo hace más aguda una recesión que ya se anunciaba desde comienzos de año. Los estimativos del Fondo Monetario hablan de una tasa de crecimiento de 1.3 por ciento para el país del norte durante 1990. Esa cifra, de confirmarse, sería la mitad de la registrada en 1989.

A Europa occidental y a Japón les sucedería algo similar, aunque el frenazo sería un poco menos fuerte . La peor suerte la llevaría Gran Bretaña que ya estaba en problemas pero el FMI considera que el crecimiento promedio de ese grupo de países se podría acercar al 3 por ciento.

La historia, en cambio, es bien diferente para las naciones menos desarrolladas. Estas consumen ahora un 28 por ciento del petróleo que se extrae en el mundo (10 puntos porcentuales más que en 1973) y son ahora mucho más sensibles a cualquier incremento de precio.
Por esa razón, los expertos consideran que en el caso de los países no productores de crudo en Latinoamérica, Africa y Asia, éstos tendrían caídas en el nivel de su producción real. Entre los más afectados estarían Brasil, Argentina o la India.
En cualquier caso, los cálculos indican que el golpe va a ser mucho más fuerte para los pobres que para los ricos, lo cual va a iníluir sobre temas como el manejo de la deuda externa de los acreedores más grandes.

La otra cara de la moneda la están viendo unos pocos, tales como México, Venezuela, Indonesia, Nigeria, e incluso Colombia (ver artículo), que pueden salir de algunos problemas debido a la inesperada bonanza. No obstante, la suerte de este grupo de países no sirve para compensar la preocupación general vivida en Washington, cuando los eventos en el Mediano Oriente les recordaron a ricos y pobres que con seguridad los tiempos más duros están por venir.
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