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| 3/28/1988 12:00:00 AM

EL LACCOCA COLOMBIANO

Carlos Alberto Robles, el hombre que llevó a Fabricato de las vacas flacas a las vacas gordas

Fue la noticia económica de la semana. El pasado 23 de marzo, el presidente de Fabricato, Carlos Alberto Robles Echavarría, informó en asamblea que se llevó a cabo en la Cámara de Comercio de Medellín que se había liquidado con éxito, antes del plazo previsto, el concordato que había empezado en 1983. Es la primera vez que la fórmula concordataria de tales resultados en el país y guardadas las proporciones, el manejo que Robles Echavarría le dio al problema de Fabricato es comparable con el que ya el legendario Lee Laccoca, tuvo durante la inminente quiebra de la Chrysler, en los Estados Unidos.
Los problemas para Fabricato comenzaron en 1979 cuando surgió la gran crisis textil en Colombia, por culpa del excesivo contrabando de telas, la reducción del consumo interno de algodón y el elevado endeudamiento de la compañía (agravado por lo altos índices de devaluación). Para ayudar a oscurecer el panorama de la textilera, en 1981 empezó una pugna entre dos grupos interesados en apoderarse de la empresa. Fabricato, que hasta entonces había pertenecido a empresas de lo que hoy en día se conoce como el "sindicato antioqueño" (Suramericana y otras), pasó a ser manejada por los grupos Casas, Rincón, Aguirre y Grupo Colombia, propiedad de Félix Correa Maya. La puja por tener el dominio de la compañía llegó a extremos tales como que entre enero y marzo del 81, de 20 millones de acciones vendidas en bolsa, 16.8 millones pasaron a manos de estos dos grupos, que hasta el momento no parecían estar relacionados entre si. Algo similar aconteció entre abril y junio del mismo año cuando, de 19.5 millones de acciones negociadas en bolsa 17 millones pasaron a manos de los dos grupos, que alcanzaron a tener el 33% de las acciones.
La crisis financiera que estalló a fines de la administración Turbay Ayala y comienzos de la administración Betancur, y que llevó a que el gobierno interviniera a mediados de 1982 las empresas del Grupo Colombia de Félix Correa, como la Financiera Furatena y el Banco Nacional, permitió descubrir que el grupo Casas, Rincón, Aguirre no era más que un testaferro del Grupo Colombia, y que todo el poder se había concentrado en manos de Correa. Por una de esas jugadas de las finanzas, el Banco Ganadero, que había prestado buena parte de la plata que requirieron las empresas de Correa para hacerse al manejo de la empresa, pasó a ser accionista mayoritario de Fabricato con un 13% de las acciones, que le fueron dadas en prenda por las entidades del grupo que habían sido intervenidas.
Por esos días, Robles había regresado a la Junta Directiva de la compañía, de la que se había retirado en 1978 para irse a vivir en California con el fin de concluir la formación profesional de su hijos (3 mujeres y 1 hombre). Era el hombre preciso para tomar las riendas de Fabricato. Se formó en los Estados Unidos, donde terminó secundaria en la Academia Militar de Augusta y adelantó estudios de Administración de Empresas en el Texas Technological Institute. En california realizó estudios de especialización, enfocados hacia el campo de las computadoras y, luego de obtener su grado en el año 1953, regresó a Colombia donde se dedicó a los negocios personales hasta 1955, cuando entró a trabajar en Coltejer. En esta empresa hizo parte del departamento de Ingeniería Industrial, pero su vocación lo llevó a centrarse en el campo de los costos industriales, hasta que en 1958 decidió retirarse para montar su propia empresa de consultoría, en la que laboró hasta 1978.
Todo este bagaje profesional lo iba convirtiendo en la persona ideal para sacar a la empresa del atolladero en que se encontraba. Desde 1965 había ingresado a la Junta Directiva de Fabricato, lo que le permitía tener un conocimiento de primera mano de los problemas que venía enfrentando la compañía. Además, durante su ejercicio al frente de la oficina de consultoría, especializada en costos industriales, organización y métodos trabajó en varias oportunidades con empresas en crisis ya que, como él mismo lo dijo a SEMANA "la mayoría de las veces que las compañías acuden a buscar asesoría, es porque están en problemas serios". Es así como su oficina de consultoría prestó su servicios a empresas ecuatorianas, venezolanas y, a raíz del terremoto de Managua en diciembre de 1972, encabezó un grupo de profesionales en la ayuda a varias empresas nicaraguenses que estaban prácticamente perdidas y que, gracias a su trabajo, lograron salir al otro lado.
Como consecuencia de la intervención del Grupo Colombia, los créditos bancarios fueron cerrados para Fabricato, lo que la llevó rápidamente a la insolvencia. En el primer trimestre del 83, sus únicos recursos provenían del recaudo de cartera y de las ventas de contado, lo que no resultó suficiente para mantener la planta ni siquiera a un 60% de la actividad potencial. El panorama se oscureció aún más en ese año, debido a la agudización de la crisis textil. El 12 de abril se declaró el concordato y, como si fuera poco, en septiembre los empleados se declararon en huelga, cuando la compañía informó que no podía pagar una convención colectiva que alcanzaba los mil millones de pesos al año. El 31 de marzo del 83, los pasivos eran de 8 mil millones de pesos y las cuentas vencidas con proveedoes y otros alcanzaban los 1.613 millones. A 31 de diciembre del 83 el déficit se duplicó, especialmente por el cierre en los créditos, y la compañía empezó a incumplirle a sus acreedoes.
Se llegó a un acuerdo con los acreedores y se emprendió un proceso de recuperación y fortalecimiento, en el que el rol principal lo tenía Robles.
Gracias a la política gubernamental de entonces, se logró reducir el contrabando de textiles, y se llegó a un acuerdo concordatario en el que las deudas en moneda extranjera se pagarían a 12 años con 3 de gracia, que en ese año, 1985, equivalían a 4.783 millones de pesos. Las deudas en moneda nacional, contraídas con unas 30 entidades financieras colombianas, entre las que estaban incluídos los bancos de Colombia, Popular y Bogotá, eran de 1.441 millones de pesos en ese año.
Robles Echavarría comenzó a aplicar nuevas políticas que permitieran mejorar la situación de la textilera.
Adecuó los sistemas de producción y mercadeo, introdujo mejoras sustanciales en la utilización de los recursos financieros, humanos y técnicos, empeño en el que contó con una ayuda sin precedentes de los trabajadores de Fabricato, que llegaron a sacrificar salarios y a trabajar en turnos extras sin remuneración. Robles, gracias a su experiencia, hizo énfasis en la actualización tecnológica con la introducción de computadoras para el control de la producción e importó nuevos telares. El gobierno también puso su grano de arena, no sólo con el control al contrabando sino con la resolución 33 de 1984, que permitió refinanciar la deuda de 24 millones de dólares, pues el mecanismo amortiguaba la devaluación, ya que permitía pagar la deuda externa sin que la empresa fuera afectada sensiblemente por los costos que implicaba la constante baja del peso frente al dólar.
Fue así como este antioqueño de 58 años, miembro de las juntas directivas de la Andi, de Incolda Medellín y de la Junta Asesora de Proantioquia, logró fortalecer y sanear la situación financiera de Fabricato, mejorar los recursos de producción, incrementar la calidad y la productividad, y afianzar nuevamente a la compañía en el mercado de los textiles. "Hay que seguir por un derrotero claro que nos lleva a ser los mejores, no los más grandes. Con un producto de buena calidad y a buen precio, no importa el contrabando", asegura Robles, el ejecutivo que pasó por encima de la incredulidad y los malos augurios para rescatar una empresa cuyo naufragio se consideraba inminente.
Al igual que lo hicieran Acerías Paz de Río en Colombia o Chrysler en Estados Unidos, Fabricato demuestra con su recuperación que, cuando una empresa es duramente golpeada por la recesión, hay que seguir apostando por ella, incluso si algunas de las vacas flacas parecen a punto de morir, pues tarde o temprano superada la recesión, vuelven los tiempos de las vacas gordas.
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