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| 10/15/2001 12:00:00 AM

El lío de las tasas

Revive el debate por el costo de los créditos que otorgan las entidades financieras. ¿Qué hay en el fondo de este nuevo ‘round’ entre banqueros y gobierno?

Hace dos semanas el ministro de Desarrollo, Eduardo Pizano, llamó la atención del país sobre un hecho aritmético muy sencillo pero de grandes implicaciones económicas y políticas. Quien se acerca a un banco a solicitar, por ejemplo, un crédito de consumo, debe pagar una tasa cercana al 33 por ciento. Ese mismo banco, sin embargo, a la hora de remunerar los depósitos de los ahorradores apenas reconoce una tasa que se acerca al 12 por ciento. La diferencia, 21 puntos, es lo que se conoce como el margen de intermediación financiera, que no es otra cosa que la remuneración que reciben los bancos por los servicios que prestan.

Aunque podría considerarse un tecnicismo financiero reservado para las discusiones de los entendidos el margen de intermediación se ha convertido en objeto de una acalorada discusión pública en el país. La queja de muchos usuarios y de algunos miembros del gobierno es que los bancos están cobrando unas tasas excesivamente altas por los créditos que otorgan. Algo que, en opinión de los críticos de los bancos, en nada contribuye al propósito de reactivar la economía pues es bien sabido que una condición indispensable para que ésta despegue es que el crédito vuelva a fluir a las empresas y los hogares.

No es la primera vez que el tema está sobre el tapete. De hecho, la tendencia es que cada cierto tiempo alguien llama la atención sobre el margen de los bancos. Muchos colombianos todavía recuerdan cuando, hace año y medio, el entonces ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo dijo que si los bancos no bajaban las tasas de sus créditos él las bajaría “a sombrerazos”.

En esta ocasión, sin embargo, la discusión fue particularmente álgida. En parte por el contexto en que tuvo lugar, que es el de una economía alicaída y unas autoridades comprensiblemente preocupadas por ponerle fin al estancamiento. Pero también porque el tema se presentó como un reclamo. El Ministro de Desarrollo les recordó a los banqueros que el gobierno ya había hecho esfuerzos por ayudarles —a través de los créditos de Fogafin, por ejemplo—, y que ahora era el turno de la banca para aportar a la reactivación.



La defensa

En todo este debate los banqueros se han defendido con argumentos de fondo. Según ellos el margen de intermediación en Colombia, contrario a lo que muchos creen, no es alto. Todo depende de cómo se mida.

“El primer error es creer que hay una sola tasa”, dice Patricia Cárdenas, presidenta de Asobancaria. Afirma que si bien los créditos de consumo se cobran a tasas cercanas al 33 por ciento hay otros tipos de préstamos, como los ordinarios, los corporativos o los de tesorería, cuyas tasas de interés, en promedio, son de 23, 17 y 15 por ciento respectivamente.

Más allá de esto los banqueros explican que el margen de intermediación no se puede calcular como la simple resta entre las tasas que se cobran por los créditos y las que se reconocen por los depósitos. La principal razón es que no todos los préstamos que se otorgan se recuperan. Por ello, argumentan, es mejor comparar los intereses que efectivamente se reciben de los deudores con los que se pagan a los ahorradores, que es lo que los banqueros llaman el margen ex post.

De acuerdo con esta última medición Colombia no está tan mal en comparación con otros países de similar grado de desarrollo, según cálculos que hizo el Banco Mundial en 1999. El margen de Colombia, cuyo promedio histórico es de 6 por ciento, es superior al de países como Chile o México pero se compara favorablemente con el de Argentina, Brasil o Venezuela (ver gráfica). “En los años hasta 2001 esto no ha cambiado mucho. Los márgenes no han aumentado, si se miden correctamente”, afirma Miguel Urrutia, gerente del Banco de la República.



Tema sensible

En resumen, lo que dicen los banqueros es que después de un procedimiento de medición distinto, pero válido desde el punto de vista técnico, el margen de intermediación resulta ser de 6 puntos o menos y no de 21. Algo que puede convencer a los expertos en finanzas pero no del todo a los que van al banco en busca de crédito y les cobran tasas superiores al 30 por ciento.

Como las tasas más altas son las que se cobran por los créditos de consumo la discusión reciente se ha centrado en este tipo de créditos. Los banqueros afirman que estos préstamos son más costosos de administrar, entre otras cosas porque se hacen desembolsos pequeños a un gran número de deudores en lugar de hacer un préstamo grande a un solo deudor —como ocurre con el crédito empresarial—. Por esta razón, y por el mayor riesgo de no pago que entrañan los créditos de consumo, los banqueros consideran normal que se cobre más caro por ellos.

Pero, ¿qué tanto más? No hay una respuesta clara. Lo cierto es que en Colombia los préstamos destinados a consumo se están cobrando muchísimo más caros que los demás. Y son éstos los que afectan individualmente a cada ciudadano común y corriente cuando sale de compras, a diferencia de los préstamos empresariales, que sólo desvelan a los gerentes. De pronto es porque afectan a todo el mundo que las tasas de interés de los créditos de consumo se han convertido en un tema tan sensible.

La discusión sobre el tema se puede extender eternamente. Aun teniendo en cuenta las consideraciones sobre el riesgo y los costos administrativos hay quienes opinan que el crédito en Colombia es escaso y caro. A esto los banqueros responden diciendo que si el negocio financiero en el país fuera tan bueno habría muchos bancos extranjeros interesados en entrar al mercado nacional, cosa que no está ocurriendo.

Lo que queda claro después de todo este contrapunteo es que la solución al problema exige abordar temas estructurales relacionados con los costos administrativos —la eficiencia de los bancos— y con el riesgo. No es tan sencillo como bajar las tasas o reactivar el crédito por decreto, como creen algunos. Pero tampoco es imposible. Y es además urgente, puesto que ni la economía ni el sector financiero podrán salir adelante el uno sin el otro.
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