Viernes, 19 de diciembre de 2014

| 2013/07/20 03:00

El malestar del sector cafetero

A pesar de la ayuda del gobierno, un grupo de productores amenaza con un nuevo paro. ¿Qué hay en el fondo de esta protesta?

Reuniones van y vienen para tratar de conjurar el anunciado paro cafetero de agosto. En la foto durante la cumbre de la semana pasada de izquierda a derecha aparecen Orlando Beltrán y Guillermo Gaviria, voceros de Dignidad Cafetera; Francisco Estupiñán, ministro de Agricultura, el vicepresidente Angelino Garzón y Luis Genaro Muñoz, gerente de la Federación. Foto: Diana Sánchez / Semana

Hace cuatro meses se realizó el primer paro cafetero de la historia del país, con el bloqueo de importantes vías y graves consecuencias en materia económica y de orden público. Para ponerle fin a la protesta, el gobierno firmó un acuerdo con los productores, en el que se incluyó, como punto central, el reconocimiento de un subsidio directo a todos los cultivadores, por un valor cercano a los 900.000 millones de pesos, durante el presente año. 

Aunque se trata del mayor esfuerzo económico que ha hecho gobierno alguno por la caficultura, todo indica que no logró llevar la calma al sector. En los últimos días se revivió el malestar y un grupo de productores, pertenecientes al movimiento Dignidad Cafetera, amenaza con un nuevo paro programado para el 19 de agosto. 

La gente en la calle no entiende por qué, con semejante apoyo del gobierno –que querría para sí cualquier otro sector–, los cafeteros siguen protestando y no están contentos. Pues bien, en este asunto hay mucha tela de dónde cortar y se mezclan toda clase de intereses. Para tratar de explicar lo que pasa hay que ir por partes.

En primer lugar, algunos productores aducen que el gobierno no ha cumplido a cabalidad con lo pactado en el acuerdo de Pereira celebrado en marzo. Dicen que el subsidio no les ha llegado a todos los cultivadores y piden que se les pague el auxilio en el mismo momento de la venta del grano.

El gobierno y la Federación de Cafeteros aseguran que sí están cumpliendo. Las cifras oficiales indican que hasta la fecha 305.879 caficultores han recibido el apoyo prometido, lo que equivale a 501.631 millones de pesos. 

Como en el país hay 540.000 caficultores, los líderes del movimiento se valen de esta estadística para señalar que unos 250.000 productores no han recibido el apoyo. 

Según la Federación hay varias razones por las cuales no todos los caficultores han pasado a la fila a reclamar el subsidio. Entre ellas, que hay un grupo importante que tiene sus fincas en renovación, por lo tanto no ha tenido café para vender. Se ha detectado también, según una encuesta de campo que ha hecho la Federación, que los productores muy pequeños suelen cambiar su café en el pueblo por otro tipo de mercancías como alimentos, y por lo tanto no reclaman directamente el subsidio. Quien les compra la carga debe buscar un tercero para que reclame el dinero. 

El mecanismo de pago del auxilio estatal se ha vuelto tema crítico en esta problemática cafetera. El manejo del PIC (Programa de Protección del Ingreso del Caficultor) está a cargo de la Federación, que a través del Sica (Sistema de Información Cafetera) tiene los registros de quiénes son productores, cuánto producen y por lo tanto quiénes pueden reclamar el subsidio. 

Como se trata de recursos públicos, los controles deben ser muy rigurosos y por ello se definió que, cuando venda el grano, el productor debe llevar la factura que le expidan a las cooperativas y comités cafeteros –que son los encargados de verificar que la operación esté en orden– para que autoricen el giro del dinero. Este paso, según la Federación de Cafeteros, tarda 48 horas. El dinero se consigna en la cuenta del respectivo productor.

Según Guillermo Gaviria, uno de los líderes del movimiento Dignidad Cafetera, los productores quieren que se les pague el auxilio en el mismo momento en que lleven la carga, es decir que no medie ese lapso de hasta cuatro días. Una de las razones que aducen es que a los pequeños productores, que tienen sus fincas en zonas apartadas, el trámite les resulta muy engorroso y costoso.

Aunque esto puede ser cierto en algunos casos específicos, la verdad es que una semana no es un lapso exagerado para recibir el subsidio. Por eso muchos se preguntan por qué es esta una exigencia sustancial dentro del movimiento de protesta, al punto que alimenta la posibilidad de irse a un nuevo paro.

En círculos cafeteros se afirma que la respuesta está en que algunos quisieran evitar el cotejo que debe hacerse antes de entregar el subsidio estatal. Es vox pópuli que en este sector hay una alta informalidad e incluso que los grandes productores venden su café a través de terceros, para hacerle un esguince al tema tributario. Si reclaman el subsidio estatal a nombre propio tendrían que poner todo sobre la mesa –mostrar sus ingresos–, y eso significa pagar mayores impuestos. Para efectos tributarios, las facturas relacionadas con el PIC se cruzan con los sistemas de la Dian y sería fácil detectar inconsistencias tributarias.

Cambiar el esquema de pago no es tan sencillo, sin embargo se sabe que está en marcha un plan que permitiría expedir facturas en simultánea con la venta del café, pero manteniendo los controles. 

El movimiento cafetero también se ha quejado porque no se han cumplido las tareas acordadas sobre las refinanciaciones de los créditos, el costo de los fertilizantes así como el control a las importaciones y al contrabando. 

En el primero punto, el Banco Agrario asegura que ha venido refinanciando en la medida en que se lo solicitan, pero anunció que está estudiando la viabilidad de un mecanismo que permita realizar una normalización más expedita. Ahora, frente a los otros puntos de discordia, según la Federación de Cafeteros no hay razones para la queja, pues en el tema de los fertilizantes su costo ha caído un 18 por ciento, y en cuanto a las importaciones –legales e ilegales– en lugar de aumentar han caído por una razón económica y es que el precio interno anda deprimido y eso no estimula la entrada de café. Al mismo tiempo se está recuperando la producción, lo que reduce la presión por las importaciones para el consumo interno.


Mezcla de intereses

Más allá de los anteriores reclamos, que son válidos e importantes, en el fondo de esta problemática cafetera se mueven otros intereses que se reflejaron en el paro de marzo. “Los que han patrocinado este movimiento han sido los grandes productores y exportadores”, señaló un caficultor que pidió no ser identificado.

La semana pasada, por primera vez, el gerente de la Federación, Luis Genaro Muñoz, habló de intereses económicos detrás del movimiento de protesta cafetera. Afirmó que hay quienes quieren generar el caos y, en medio un clima de confusión, acabar con el esquema de comercialización del café que tiene el país. Más exactamente, hay quienes buscan terminar con la garantía de compra de café que tiene la Federación. 

Esto se considera el activo más valioso de los cafeteros colombianos, pues les da la seguridad de que siempre habrá quien compre la cosecha en más de 500 municipios del país. Este sistema ha generado mucha discusión en el pasado, porque obliga a los exportadores privados a pagar un mejor precio para poder conseguir grano. Según Muñoz la diferencia entre tener garantía de compra y no tenerla es de 1 billón de pesos. Es decir, si la venta de café se le dejara solo a los privados, esta plata se quedaría entre los intermediarios y dejaría de llegar al bolsillo de los productores.

Pero en el trasfondo de este malestar cafetero hay mucho más en juego. A las puertas de un año electoral, hay evidentemente intereses políticos. Algunos dirigentes de Dignidad Cafetera como Óscar Gutiérrez de Caldas, Orlando Beltrán de Huila y Víctor Correa de Antioquia tienen aspiraciones electorales y saben que reivindicar la causa cafetera da votos. Según observadores políticos, también para quienes ya están en el Congreso y buscan ser reelegidos enarbolar las banderas cafeteras es una estrategia electoral.

Y uno de los temas más preocupantes dentro de toda esta problemática cafetera tiene que ver con la institucionalidad. Las protestas han hecho que aflore la debilidad de la Federación, una entidad que ha perdido credibilidad y poder. Muchos piden que se adelanten las elecciones en el gremio, para que la caficultura vuelva a tener una sola voz. 

Por ahora hay claramente tres: Dignidad Cafetera; un bloque disidentes dentro de la institucional que conforman Antioquia, Caldas y Cundinamarca, que no apoyan a Luis Genaro Muñoz; y un tercero que integra el resto de comités departamentales y que lo respalda en la gerencia. Lo cierto es que para enfrentar tan difíciles tiempos, hoy más que nunca se hace necesario que la institucionalidad cafetera recupere la credibilidad y fortaleza que la caracterizó en el pasado. 

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