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| 4/15/2006 12:00:00 AM

El mediador

El alto consejero Juan Lozano está en todo: desde salvar empresas de servicios públicos, hasta negociar con bancos y empresarios. Una tarea que levanta ampolla.

A Juan Lozano no le cabe la menor duda sobre su uribismo. "Todo lo que hago, lo hago de buena fe, para sacar adelante este gobierno y apoyar con toda lealtad al Presidente", asegura con voz pausada y pensando cada palabra, lo que refuerza su aspecto de rabino. Por eso ha decidido mantener un bajo perfil en su gestión como alto consejero presidencial, aunque el precio de eso sea que muy pocos colombianos tengan en claro cuál es su tarea.

Desde cuando asumió el cargo, en 2004, Lozano ha estado detrás del salvamento de Emcali, la venta de Megabanco, el ajuste hospitalario, el avance de los sistemas de transporte masivo, el plan vial 2.500, el ajuste al Sisbén y un extenso etcétera que apenas logra mencionar completamente. Su oficina es una sala de cuidados intensivos, donde se reúnen los responsables de un tema para acordar las soluciones.

Lozano también responde por el programa de seguimiento a la gestión del gobierno (Sigob), coordina los consejos de ministros, hace de mediador con alcaldes y gobernadores y facilita la solución de conflictos sectoriales como el aéreo, el cementero y el financiero.

Por eso, aunque perdió la Alcaldía de Bogotá frente a Luis Eduardo Garzón en octubre de 2003, hoy está al frente de uno de los cargos más importantes del país. Lozano tiene la sartén por el mango en todos los temas que atraviesan la agenda social y económica del gobierno. Por su despacho desfilan ministros, directores de departamentos administrativos, dirigentes gremiales y empresariales, líderes de la acción comunal y representantes de los vendedores en las plazas de mercado. Parafraseando la frase célebre, a Juan Lozano le cabe todo el país en la oficina.

Pero eso no lo salva de ser blanco de críticas. En los corrillos del poder se asegura que no le lleva la contraria al primer mandatario y que ha intervenido en temas que no son de su competencia. Él insiste en que trabaja "con ahínco para que los compromisos de gobierno y la palabra del presidente Uribe se cumplan". Además, cree que no está en ese cargo para oponerse al Presidente, pues su consigna es facilitar en vez de enredar, y nunca hablar a título personal, sino en favor de una gestión.

Es uno de los pocos que le hablan al oído al primer mandatario y recibe directamente de él las indicaciones. Grandes asesores presidenciales ya están fuera del gobierno, como José Roberto Arango, o están ocupados con la campaña, como Fabio Echeverri. Hoy, los otros consejeros en ejercicio son Fabio Valencia, quien está metido en asuntos internacionales, de comercio y la política, y Luis Carlos Restrepo, el comisionado de Paz.

El bajo perfil con el que Lozano maneja su labor no ha sido suficiente para evitar rencillas. Él mismo reconoce que son inevitables los roces, porque a lo mejor en muchas de sus gestiones tiene que pisar callos. Por ejemplo, fue el responsable de promover una solución a la polémica por los precios del cemento. El Alto Consejero se ganó críticas porque algunos consideraron que estaba en terrenos que no eran suyos y se habló hasta de resquemores en el interior del gobierno, pues estos temas eran del resorte del Ministerio de Comercio y de la Superintendencia de Industria. Varias compañías cementeras señalaron que el Estado no podría promover acuerdos de precios porque eso restringiría la competencia.

Lozano explica: "El Presidente encontró un clamor, una oleada nacional de preocupación por la disparada en el precio del cemento. Y él mismo pidió acción para evitar un descalabro por causa de las altas cotizaciones. Fue un mensaje de responsabilidad social transmitido desde aquí. La gestión dio resultado, porque el mercado se estabilizó". Él destaca que, ante todo, es respetuoso de las competencias de cada entidad y de ahí que casi no figure. "Cuando se resuelve un problema, el vocero es el jefe de la entidad respectiva. Nunca he salido a robarme el protagonismo en los procesos", declara.

Otras críticas se han dado por su participación en la venta de Megabanco. La directiva presidencial era puntual: la entidad debía volver a manos de los cooperativistas, como una medida para impulsar la recuperación del sector. Durante el proceso, Lozano insistió bastante para que se respetara esta pauta. Pero perseveró tanto, que muchos percibieron tintes políticos en esa gestión y algunos técnicos del sector financiero mostraron su preocupación. Lo cierto es que finalmente el banco terminó en manos de Luis Carlos Sarmiento, luego de una subasta que le significó al Estado ingresos por más de 800.000 millones de pesos. El consejero reconoce que esa fue la mejor salida, aunque no coincidiera estrictamente con lo señalado por Uribe. "Algo que se aprende aquí es que uno tiene que ser perseverante en la meta, pero no puedo ser dogmático en el camino, tengo que ser flexible y estar dispuesto a encontrar soluciones".

Igualmente, ha tenido participación en la búsqueda de salidas para la pelea por las comisiones de las agencias de viaje, aunque aquí la solución definitiva está más que enredada. El Presidente ha dicho que sólo avalará un acuerdo entre las partes y no impondrá unilateralmente ninguna disposición. Hasta el momento no hay nada definitivo.

Los resultados han sido mejores en el lío de las comisiones del dinero plástico, las cuales han venido cayendo; se ha mejorado, además, el ambiente entre banqueros y comerciantes. De otra parte, Lozano fue el encargado de informarles "respetuosamente" a los banqueros que el Presidente les mandaba a decir que "está bien el alto nivel de utilidades, pero está mal la alta tensión social que genera el papel de los bancos en un país pobre como Colombia". A partir de esa queja, la banca emprendió una campaña publicitaria para tratar de mostrar el lado amable de sus instituciones y dice estar comprometida con bajar las tasas y aumentar el acceso de sus servicios para los estratos bajos. Los resultados están por verse.

Según la presidenta de Asobancaria, Patricia Cárdenas, "Juan Lozano es el gran concertador del gobierno. Acerca mucho al sector público con el sector privado. Con el sector financiero mantiene un contacto permanente y utiliza un lenguaje muy claro. Transmite y facilita el diálogo". "Dice lo que todo el mundo quiere escuchar", señala, por su parte, un empresario que lo ha visto en acción durante las reuniones con los gremios en la Casa de Nariño.

En la oficina de Lozano, que cuenta con un equipo de siete personas, también se han ventilado los embrollos por los joint venture de Telecom; los últimos dos ya están a punto de finiquitarse.

Estuvo al frente del proceso de Emcali que, según el consejero, "era una empresa que los caleños habían perdido. Tenía un detrimento anual de 250.000 millones de pesos y pasó a dejar utilidades de 90.000 millones". Actualmente, Lozano viaja todas las semanas a la capital del Valle del Cauca para seguirles poniendo el pecho a asuntos como el MIO (transporte masivo). Explica que los líos relacionados con Bogotá debe manejarlos con mucho tacto, para que no se vayan a generar lecturas equivocadas sobre su papel.

A la hora de mencionar el futuro, se muestra renuente. Prefiere no referirse a los retos de los próximos cuatro años porque no puede hablar de política. Está convencido de que debe primero resolver los problemas de hoy; esa es la única credencial verdadera. Por eso, no tiene una respuesta clara acerca de cómo será la vida más allá de este gobierno. El Alto Consejero no da muestras de cansancio. En caso de un segundo mandato, el Presidente tiene, como siempre, la última palabra.
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