Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1990/11/19 00:00

El que menos corre...

Con el registro de la primera compañía latinoamericana en la Bolsa de Nueva York, los chilenos toman la delantera continental en materia de apertura.

El que menos corre...

El funcionamiento de la Bolsa de Nueva York, ese mundo dominado por jóvenes ejecutivos de gafas cuadradas y vestido azul oscuro, donde todo semueve y se define a la velocidad del sonido, es poco menos que una ciencia esotérica para la gran mayoría de los latinoamericanos. Y por su puesto, para cualquier empresa de América Latina, por grande que sea, no deja de ser todavía algo así como un sueño poder figurar en el registro de valores de ese mercado, uno de los más importantes del planeta.
Pero lo que hasta hace muy poco no pasaba de ser una ilusión, comienza a ser una alternativa real. Hace apenas unas semanas tuvo lugar un hecho que puede tener implicaciones económicas muy positivas para América Latina.
Por primera vez en la historia, la Bolsa de Nueva York aceptó incluir en su registro de valores a una compañía latinoamericana: la Compañía de Telefonos de Chile CTC.
La CTC, originalmente estatal, había sido privatizada hace algún tiempo como parte del agresivo programa adelantado en ese país y sus acciones se cotizaban en la Bolsa de Santiago. El año pasado, cuando se hizo necesaria una inyección sustancial de recursos para atender sus requerimientos de expansión, la compañía llegó a la conclusión que, tanto por el monto-casi 100 millones de dólares como por la proyección de la empresa, lo más conveniente era recurrir al mercado internacional.
Pero el hecho de que una gran empresa telefónica decidiera hacer esto no tendría por qué ser noticia. Lo novedoso en este caso lo constituye el haber emitido unas acciones en Chile contra las cuales se expiden unos títulos en Nueva York, que son negociados libremente en la Bolsa de esa ciudad. Una vez más, los chilenos, como en el caso de la conversión de deuda en capital realizada a traves de los llamados swaps se adelantaron al resto de los países de la región, en busca de instrumentos innovadores para la atracción de capitales extranjeros.
El mecanismo que permitió hacer viable esta compleja operación, es un instrumento del derecho americano conocido como American Depositary Receipts o ADR's que, en esencia, no es muy diferente de lo que en Colombia sería un bono de prenda emitido por un almacen general de depósito. Estos ADR's son emitidos por un banco comercial en los Estados Unidos y están respaldados por la totalidad de las nuevas acciones emitidas en Chile que, a su vez, son mantenidas en custodia por un banco comercial en ese país.
Si bien las acciones físicamente nunca salen de Chile, sus verdaderos propietarios pueden ser personas naturales o jurídicas de cualquier parte del mundo, con posibilidad de ejercer sus derechos sobre la compañía en forma directa o a través del banco depositario, siguiendo las instrucciones contenidas en el correspondiente poder de representación. De esta manera, haciendo una emisión de acciones en Chile, la CTC logró obtener cerca de 100 millones de dólares en los mercados mundiales. Esto no implicó, sin embargo, que la compañía dejara de ser mayoritariamente chilena, pues la nueva colocación solamente representaba alrededor del 15% del capital de la empresa.
Como cualquier otro accionista de la compañía, los tenedores de los ADR's tienen derecho a participar en las ganancias de la empresa. Pero como ésta realiza todas sus operaciones en pesos chilenos, fue necesario idear un mecanismo que permitiera pagar dividendos en dólares. Así, la CIC entrega al banco que ejerce la custodia de las acciones en Chile, la suma correspondiente a los dividendos. Este la convierte en dólares y la gira al banco depositario en Nueva York que, a su turno, la distribuye proporcionalmente entre los dueños de los títulos. Para este propósito se necesita que no haya limitación en cuanto al giro de utilidades de las empresas con inversión extranjera, como la que existe hoy en día en Colombia.
Los ADR's, como cualquier título registrado en las bolsas de valores, se están moviendo permanentemente de mano en mano. Y tienen el atractivo adicional de que las ganancias que se puedan llegar a obtener en su venta y reventa en el mercado secundario, no estan sujetas a la legislación tributaria chilena, aunque sí lo estan a la americana.
Otro atractivo radica en la posibilidad de que el tenedor de los ADR's los pueda convertir en acciones comunes, y negociarlas directamente en la Bolsa de Santiago, cuando la diferencia de precios entre esta última y la de Nueva York le sea favorable. Frente a ésto, las autoridades monetarias chilenas temían que este fenómeno se pudiera presentar masivamente y que de la noche a la mañana llegaran los vendedores a solicitarle al Banco Central de Chile el equivalente en dólares. Pero en el evento hipotetico de que todos los tenedores de ADR's los convinieran en acciones comunes y las fueran a vender en la Bolsa de Santiago, es seguro que las fuerzas del mercado tumbarían el precio de la acción a tal punto, que la salida de dolares sería mínima.
La semana pasada estuvo en Bogotá el abogado Robert Helander, uno de los inspiradores del Plan Bush para las Américas y socio de la firma Jones, Day, Reavis & Pogue, quien actuó como asesor jurídico de Solomon Brothers Inc. en esta colocación. En su opinión, la lección del ejemplo chileno "es que los mercados internacionales de capitales, sí están abiertos a buenas compañías de los sectores público y privado de América Latina. Con los cambios que propongan los gobiernos de este hemisferio, no tengo la menor duda de que se pueden buscar y en contrar fuentes de inversión ".
Según Helander, este tipo de operaciones pueden resultar en principio costosas por la cantidad de exigencias que hace la Comisión de Valores de los Estados Unidos, pero los resultados de largo plazo compensan ampliamente tales costos. El prestante abogado americano considera que ya hay varias empresas colombianas -tanto del sector público como del privado con posibilidad de acceder a los mercados internacionales y sostiene que si no lo hacen pronto se podrían quedar por fuera del baile. En medio de tanto concepto abstracto alrededor de la apertura, la inclusión de una compañía latinoamericana en la Bolsa de Nueva Yorkes, tal vez, la prueba más tangible de que esta sí existe. Y en este caso, como en muchos otros, los chilenos demostraron que el que menos corre, vuela.












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