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| 3/18/1991 12:00:00 AM

EL MILAGRO COLOMBIANO

A pesar del terrorismo y la restricción crediticia la economía resiste y los extranjeros siguen admirados.

Nadie daría cinco centavos por una economía sometida a todas las presiones que sufre hoy la economía colombiana. El asedio guerrillero y la inclemente inflación han obligado al Gobierno a tomar drásticas medidas en materia monetaria y a reducir en repetidas ocasiones sus metas de crecimiento económico. Aun así, hay muchos empresarios que siguen Optimistas. Y, lejos de perder la calma, el capital extranjero mira con buenos ojos los cambios que se están produciendo en el país.

Por tercera vez en menos de dos meses, el Gobierno modificó la semana pasada sus estimativos sobre crecimiento del producto para 1991. Del modesto 3.5 por ciento, que fue la primera cifra barajada, los calculos pasaron al dos por ciento, cifra que apenas alcanza para cubrir las necesidades generadas por el crecimiento de la población.

Hace menos de un mes las presiones inflacionarias obligaron a las autoridades a pegar el primer frenazo.
Después de quedarse sin opciones, la Junta Monetaria decidió cortar de un tajo los problemas ocasionados por el aumento del dinero en circulación y congeló por tiempo indefinido los nuevos depósitos bancarios, a sabiendas del impacto que tan drástica medida podía téner en el sector productivo. Entonces, el Gobierno tuvo que reconocer que la economía no crecería más allá del 2.5 por ciento.

No contaba todavía, sin embargo, con lo que vendría después. Una escalada terrorista, sin precedentes cercanos, dirigida en buena parte a destruir objetivos económicos: instalaciones petroleras, torres de energía eléctrica, carreteras y medios de transporte. Según estimativos preliminares del propio Gobierno, como consecuencia de los daños causados por los grupos subversivos la economía colombiana dejara de producir cerca de 125 mil millones de pesos en 1991. Dicha cifra (del orden de los 200 millones de dólares) representa medio punto del producto interno bruto del pais (estimado en 40 mil millones de dólares). De allí que las autoridades económicas hayan decidido reducir sus estimativos de crecimiento al dos por ciento.

Nada permitiría, en tales condiciones, ser optimista sobre el futuro inmediato de la economía colombiana. Es más, los estimativos que se han realizado sobre el comportamiento de la actividad productiva en los primeros días del año indican que la desaceleración de la economía parece inevitable. De acuerdo con el presidente de Fenalco, Sabas Pretell de la Vega, las ventas al por menor de productos tan importantes para la canasta familiar de los colombianos como los alimentos, el vestuario y el calzado, registraron una caída del orden del dos por ciento en enero del presente año, con respecto al mismo período del año anterior.

Curiosamente, no todo el mundo está preocupado. En general, las conversaciones privadas entre hombres de negocios son menos alarmistas que las declaraciones de los funcionarios. Hay algunos que sostienen, incluso, que en 1991 las cosas arrancaron mucho mejor de lo que se esperaba.

Las cifras oficiales, desgraciadamente, no alcanzan a medir todavía el comportamiento del sector productivo en lo que va corrido del año.
Pero es claro que a los empresarios no les fue nada mal el año pasado. Y es muy posible que, por inercia, las cosas sigan bien. Coltejer, una de las primeras empresas en entregar su balance de actividades de 1990, aumentó sus ventas en un 32 por ciento y arrojó utilidades por más de 8.500 millones de pesos.
Igual comportamiento presentó Fabricato, cuyas ventas aumentaron en un 30 por ciento y sus utilidades se acercaron a los 7.000 millones de pesos.

Pero las cosas no sólo iban bien para los industriales al finalizar el año pasado, sino que la mayoría pensaba que la situación económica seguiría mejorando. Esa, por lo menos, es la conclusión que se saca al revisar la Encuesta de Opinión Empresarial de Fedesarrollo, que es en este momento uno de los pocos instrumentos confiables para seguir de cerca el pensamiento de los industriales y los comerciantes del país. De acuerdo con dicha encuesta, de cada 100 industriales consultados 93 pensaban en diciembre que la situación económica del país era igual o mejor que la de los meses anteriores, y 89 creían que seguiría igual o mejor en los meses posteriores.

Tan optimista era en ese momento la visión de los empresarios, que los analistas de Fedesarrollo pusieron en duda el estimativo inicial del Gobierno sobre el crecimiento de la industria en 1990.
De acuerdo con el Dane, dicho crecimiento habría sido del 3.3 por ciento.
Pero, sobre la base de lo expresado por los propios industriales, los expertos de Fedesarrollo consideran que la cifra de aumento no puede ser en ningún caso inferior al cuatro por ciento. Y se apoyan para ello no solamente en la percepción en torno de nivel de actividad, sino en el comportamiento de las existencias y el nivel de pedido en las empresas consideradas en la encuesta.

EL MILAGRO
En 1990 no se presentó una escalada terrorista tan grave como la actual. Ni se apretaron tanto las clavijas en materia monetaria. Pero tampoco reinó la calma total en el país. Al contrario, delitos como el secuestro registraron cifras nunca vistas. Y el ambiente se vio enrarecido por la presencia de tres procesos electorales en menos de 10 meses. Pero a pesar de todo, la economía no se paró.

No es extraño por eso que los extranjeros que conocen al país vivan admirados con su resistencia. SEMANA conoció en días pasados tres estudios realizados en el último año por embajadas o empresas multinacionales sobre las perspectivas de la economía colombiana. Y todos coinciden en que, a pesar de los factores de violencia y la debilidad de las instituciones, las potencialidades que ofrece Colombia en materia de inversión y desarrollo económico siguen siendo las mejores.

En un estudio enviado a su Cancillería por la Embajada Francesa, se habla sin tapujos del
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