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| 3/24/2012 12:00:00 AM

El Mundial de Ocampo

La postulación del colombiano José Antonio Ocampo a la presidencia del Banco Mundial ha sido de película. ¿Por qué Colombia no le dio su aval? ¿Qué hay detrás de su nominación?

El miércoles pasado la noticia se regó como pólvora en Colombia. El exministro de Hacienda José Antonio Ocampo fue presentado como candidato a la presidencia del Banco Mundial (BM), uno de los cargos más importantes del planeta en la banca multilateral. Las agencias internacionales de prensa anunciaron desde Washington, sin revelar las fuentes, que el colombiano fue postulado -junto con la ministra de Finanzas de Nigeria, Ngozi Okonjo-Iweala- por un grupo de países en desarrollo, lo que representaría un gran desafío para Estados Unidos, que ha ejercido, desde hace 62 años, la jefatura del Banco Mundial.

El anuncio tomó por sorpresa a los colombianos, que no tenían en mente que un compatriota pudiera estar en la baraja de aspirantes a un cargo de tan alta dignidad global. El Banco Mundial es uno de los organismos especializados de las Naciones Unidas, fuente de asistencia financiera y técnica para los llamados países en desarrollo. Está integrado por 186 países miembros y, junto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), es una institución fundamental en el desarrollo mundial.

Ningún nacional antes había aspirado a un puesto tan importante. De hecho, Ocampo es el colombiano que ha ocupado la más alta posición en la historia de las Naciones Unidas, donde dirigió el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales.

Aunque las posibilidades de ser elegido para presidir el BM sean remotas, incluso utópicas, pues desde su creación ha sido nombrado un estadounidense, un sector de la élite de economistas nacionales interpretó su candidatura como un honor para el país. Para Mauricio Cabrera, por ejemplo, es un orgullo que el nombre de Ocampo sea considerado para estas instancias. "Él tiene toda la trayectoria internacional, experiencia y pergaminos para aspirar a ese cargo". Igual pensó el decano de Economía de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria.

Algunos funcionarios del gobierno también destacaron la postulación de Ocampo. El ministro de Minas y Energía, Mauricio Cárdenas, dijo en su cuenta de twitter: "Felicitaciones al maestro y amigo José Antonio Ocampo. Acaba de ser postulado por los países en desarrollo para presidir el Banco Mundial". Por su parte, el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, trinó: "José Antonio Ocampo tiene credencial suficiente para ocupar la presidencia del Banco Mundial y sería un gran honor para Colombia".

Cualquiera se imaginaría entonces que el gobierno nacional saldría a respaldar la nominación de Ocampo y a celebrar con bombos y platillos que un compatriota aspirara a tan alta posición. Pero no ocurrió así. Mientras algunos de sus colegas expresaban con emoción la postulación, el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, que es gobernador de Colombia ante el Banco Mundial (cada país miembro está representado en la Junta de gobernadores del organismo), desinfló las aspiraciones, pues dejó en claro que José Antonio Ocampo no cuenta con el aval del gobierno.

¿Qué pasó? ¿Por qué Colombia no apoyó a Ocampo? ¿Por qué el exministro se lanzó a esta aventura sin contar, previamente, con el respaldo de su propio país? ¿Hay algo más detrás de la negativa del gobierno?

La posición del gobierno de Santos se ve antipática, pero obedece a razones de alta política internacional y de cómo pretende moverse Colombia en su política exterior, donde ya está pisando duro.

Para el ministro de Hacienda, Colombia quiere concentrar todos sus esfuerzos en la candidatura del vicepresidente de la república, Angelino Garzón, a la dirección de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). "Es claro que con aspiraciones de dos colombianos a cargos tan destacados, se correría el riesgo de que se presente un efecto excluyente para ambas, situación que es importante evitar", dijo.

En este sentido, el gobierno está haciendo gala del más puro pragmatismo político: mientras Garzón es un serio aspirante a la dirección general de la OIT, pretender que un colombiano -por más méritos y pergaminos, como los que tiene Ocampo- aspire a la presidencia del Banco Mundial es una ilusión. Más aún si ya hay un compatriota, el exministro Luis Alberto Moreno, en la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Además, desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, cuando se fundaron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, Estados Unidos y Europa sellaron una especie de pacto de caballeros para que al frente del primer organismo estuviera un europeo y en el segundo un estadounidense. El acuerdo tácito se ha venido cumpliendo a rajatabla desde entonces.

El viernes pasado, el gobierno de Barack Obama designó a Jim Yong Kim como su candidato al Banco Mundial, y aunque su nombre causó sorpresa, porque se trata de un médico y no una persona con experiencia política y financiera, como siempre ha sido el jefe del BM, nadie duda que se va a seguir respetando el pacto para que un estadounidense ocupe la silla.

Con alguna suspicacia hay quienes piensan que, en el fondo, el gobierno colombiano se la quiere jugar toda por la candidatura de Garzón a la OIT, si se tiene en cuenta que ha sido un funcionario incómodo en muchos episodios y esa sería una manera de neutralizarlo.

Ahora bien, un hecho que los conocedores del tejemaneje de los organismos multilaterales consideran insólito es la decisión de José Antonio Ocampo de lanzar su nombre sin contar previamente con el apoyo de Colombia. ¿De dónde surgió su nombre como posible candidato?

El exministro le dijo a esta revista que hace una semana el llamado Grupo de los 11 del Banco Mundial, que reúne a los países en desarrollo entre ellos China, India y Brasil, lo escogió de una lista amplia de opcionados para postularse a la jefatura del BM.

Ocampo sabía que era difícil recibir el aval de Colombia y se fue a buscar el apoyo de Brasil. Y en este punto parece que se encuentra el mayor malestar del gobierno colombiano. Esta revista conoció que la Casa de Nariño no vio con buenos ojos que Ocampo decidiera buscar esta candidatura -sabiendo que Colombia no lo apoyaría- y buscara primero el respaldo de Brasil, donde cae muy bien, tiene muy buenos amigos y es muy respetado. Algunas fuentes consultadas señalaron que el exministro habría jugado a tratar de obtener el apoyo de los brasileños para presionar el aval de Colombia.

La verdad es que el peso de Brasil es muy importante. Hace parte de los Bric (Brasil, Rusia, India, China) y ha buscado un giro en el manejo de la economía mundial y ve con buenos ojos respaldar un candidato de países en desarrollo. Aunque se supo que al país suramericano le gustaría postular al exministro de Hacienda colombiano, su posición es muy incómoda, tras la negativa de Colombia de darle el aval.

El viernes pasado la candidatura de Ocampo fue finalmente inscrita en la carrera al Banco Mundial. Ya se cerraron las postulaciones para reemplazar a Robert Zoellick, que se retira en junio. Por lo visto, por los países en desarrollo, que piensan que la elección debería estar basada en el mérito, abierto y transparente, competirán por la dirección del Banco Mundial la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala (respaldada por Nigeria, Angola y Sudáfrica), el economista de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs y el colombiano José Antonio Ocampo, quien además fue director de la Cepal.

Sin embargo, la suerte parece estar nuevamente echada. Las apuestas le dan toda la opción a Jim Yong Kim, el médico estadounidense nacido en Corea del Sur y criado en Iowa. La aspiración de un colombiano otra vez será.
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