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| 11/23/1998 12:00:00 AM

EL MUNDO ES UN PAÑUELO

El planeta vive una revolución en las telecomunicaciones y Colombia no se queda atrás.

En el sector de las telecomunicaciones cinco años son una eternidad. En 1993 la inmensa mayoría de los colombianos no tenían otra alternativa que recurrir a los servicios, con frecuencia deficientes, del monopolio de telefonía local de su ciudad y de Telecom para comunicarse con el país y el resto del mundo. Las comunicaciones móviles eran el feudo exclusivo de algunas empresas dispersas de radio teléfonos y de ciertas organizaciones públicas y privadas. Y para enviar y recibir datos por vía electrónica las compañías tenían que recurrir a montar y administrar redes propias y los individuos no tenían otra opción que utilizar el fax.
Hoy la situación es radicalmente diferente. En ciudades alrededor del país han surgido más de 30 empresas de telefonía local con capital público y privado dispuestas a competir con los monopolios tradicionales. Como resultado de esta dinámica de competencia en el país se instalaron cerca de 1.500.000 líneas fijas en los últimos cinco años. Por otra parte, entre finales de este año y principios del próximo entrarán al mercado de larga distancia nacional e internacional dos nuevos operadores: Orbitel _cuyos accionistas son las Empresas Públicas de Medellín (EPM), el Grupo Empresarial Bavaria y la Organización Sarmiento Angulo_ y la Empresa de Telecomunicaciones de Santafé de Bogotá (ETB). El nuevo esquema de competencia en larga distancia ofrece la ventaja de que los usuarios de este tipo de servicios tendrán la posibilidad de escoger cada vez que discan la opción que más les convenga entre estas dos empresas y Telecom.
Del lado de la telefonía móvil, en cada región del país hay ya dos operadores de celulares con redes altamente digitalizadas de amplio cubrimiento. Tras solo cuatro años en operación este servicio tiene hoy en día más de 1.700.000 usuarios, que representan cerca de un 4,3 por ciento de la población total del país. Además se espera que con la licitación de un sistema muy parecido al celular llamado PCS _siglas inglesas para servicios personales de comunicación_, el año entrante ingresen uno o dos nuevos proveedores de telefonía móvil por región. De otro lado, hay más de 100 operadores del servicio de buscapersonas o bipers alrededor del país. Las empresas, por su parte, cuentan con una serie de alternativas en comunicaciones inalámbricas corporativas a través de los sistemas de trunking de compañías como Avantel y Trunking Celumóvil, que permiten comunicarse simultáneamente con una o más personas.
Finalmente, del lado de la transmisión de datos, ha habido una explosión de crecimiento en el uso de Internet, que hoy se calcula tiene 400.000 usuarios en el país. Para atender esta demanda han surgido innumerables empresas que ofrecen acceso a Internet y redes de transmisión de datos, entre las que se incluyen Colomsat, Impsat, Latinonet, Cablenet y Normanet, y las empresas de telefonía de voz han montado unidades de negocio para atacar este mercado. Y esto para no hablar de la proliferación de empresas con licencia para ofrecer televisión por cable, la llegada de la televisión satelital con capacidad interactiva y el próximo ingreso al país de la telefonía satelital. El resultado de todos estos cambios es que las opciones de comunicación, intercambio de información y entretenimiento de los colombianos se han multiplicado, a la vez que el costo de las mismas presenta una tendencia descendente.

Sólo el comienzo
Sin embargo los expertos consideran que todo esto es solo la punta del iceberg de una revolución que transformará para siempre la forma de vida de millones de personas en todo el mundo. Por muchos años se pensó que el sector de las telecomunicaciones era el ejemplo clásico del monopolio natural con enormes economías de escala y barreras de entrada sustanciales. Al ser esencialmente un negocio de costos fijos cada usuario adicional significaba un incremento en los ingresos con solo un aumento marginal en los gastos y al ser intensivo en capital imponía obstáculos considerables al ingreso de nuevos participantes. Por lo tanto los gobiernos en todo el planeta decidieron regularlo estrictamente _con la intención de proteger al usuario del poder del monopolista_ o incluso nacionalizarlo. Este fue el caso de Colombia, donde empresas estatales mantuvieron el monopolio de los principales servicios de telecomunicaciones hasta la presente década.
El avance de la tecnología, particularmente en el campo de la digitalización (el lenguaje digital permite a los computadores interpretar y manipular señales de audio, datos y video que han sido convertidas en secuencias de unos y ceros) acabó con el paradigma tradicional de este sector. Del lado de la oferta las nuevas tecnologías _como la telefonía inalámbrica y las redes de fibra óptica_ redujeron el peaje de entrada al negocio, y del lado de la demanda, la era digital disparó el consumo de servicios de comunicaciones. En este contexto comenzaron a surgir empresas, como MCI en Estados Unidos, las cuales utilizaban nuevas tecnologías o lagunas en la reglamentación para arrebatarles parte de un negocio cuyo valor a nivel global se estima actualmente en 700.000 millones de dólares por año a los monopolios tradicionales.
Los gobiernos, presionados por compañías privadas ansiosas de ingresar al sector y la creciente sed de productos de los consumidores, comenzaron a desregularlo y abrirlo al capital privado. En general, la liberalización se aplicó primero a los servicios nuevos productos _como la telefonía celular_ y a los segmentos y servicios que se percibían como menos vulnerables, como el corporativo y el de larga distancia. Sin embargo, como tradicionalmente éstos habían subsidiado a los usuarios residenciales y a la telefonía local, la liberalización de estos últimos se tornó inevitable. Al mismo tiempo los países que se habían retrasado en este proceso comenzaron a reaccionar ante la posibilidad de que otros desarrollaran ventajas competitivas sustanciales en uno de los negocios más promisorios de la historia. Hoy en día son pocos los países que prohíben el ingreso de capital privado al sector y restringen la competencia.

Explosión de datos
El factor que está impulsando en mayor grado el vertiginoso desarrollo del sector de las telecomunicaciones en la actualidad es la explosión en la transmisión de datos. Mientras el tráfico de llamadas de voz a nivel mundial está creciendo a una tasa cercana al 5 por ciento anual, el volumen de tráfico de datos se está duplicando cada 100 días. De ser una porción insignificante del volumen total hace apenas unos años, el tráfico de datos ha pasado a representar hoy en día cerca de la mitad del total de tráfico que fluye por las redes de telecomunicaciones del planeta. Según Lucent Technologies, el número de usuarios de Internet a nivel mundial aumentó de 30 millones en 1994 a 134 millones este año _lo cual equivale a una tasa de crecimiento del 45 por ciento por año_ y se espera que para 2001 alcance los 250 millones de usuarios. Es decir, algo más que el 4 por ciento de la población mundial. Y esta tendencia antes de revertirse tenderá a acelerarse, apuntalada por el llamado fenómeno de 'convergencia' que describe la posibilidad que existe con la tecnología actual de enviar todo tipo de información o contenido _voz, datos, audio, video, etc._ a través de la misma 'tubería'.
El crecimiento acelerado de la demanda ha hecho que el número de jugadores en el negocio se multiplique. Por una parte, empresas que han sido exitosas en otras áreas, como la automotora Daimler Benz en Alemania o los grupos Santo Domingo y Sarmiento en Colombia, han ingresado al negocio para aprovechar su amplio potencial de crecimiento y su alta rentabilidad. Además, empresas ajenas al sector que poseen activos que tienen un valor estratégico en el mismo _como compañías de ferrocarriles, de transmisión eléctrica (caso ISA en Colombia) o de televisión por cable, que son propietarias de derechos de vía esenciales para instalar redes de telecomunicaciones_ también han decidido entrar. De otra parte están las compañías nuevas basadas en tecnologías innovadoras, como Iridium, Globalstar, Teledesic _en telefonía y transmisión de datos satelital_, VocalTec _en la utilización de Internet para llamadas telefónicas_, y 10297 _que compra capacidad a los dueños de las redes y utilizan software sofisticado para revenderla de manera óptima_. Finalmente están las empresas tradicionales del sector, las cuales, resignadas a perder cuota de mercado en sus propios segmentos y países, han decidido expandirse a otros servicios _por ejemplo de telefonía de larga distancia a telefonía local_ y a otras regiones.
Con el aumento en la inversión y las nuevas tecnologías _que no solo han producido autopistas más eficientes para el envío de información sino que han contribuido a optimizar la utilización de las ya existentes_, la capacidad instalada de transmisión se ha disparado. Aunque nadie duda que con la expansión del volumen de información transmitida, eventualmente habrá que ampliarla aún más, hoy en día en varios países del mundo no se puede hablar de déficit de capacidad sino de superávit. El resultado inevitable de esta situación es que los precios de toda la gama de los servicios de telecomunicaciones muestran una pronunciada tendencia a la baja. En Estados Unidos, por ejemplo, donde se han construido cuatro redes nacionales de fibra óptica en la última década, el precio por minuto de larga distancia nacional ha caído un 50 por ciento. En este contexto, el costo de una llamada local es virtualmente el mismo que el costo de una llamada entre dos polos opuestos del planeta. La única razón por la cual persisten diferencias en los precios de estas comunicaciones son las distorsiones producidas por rezagos del régimen regulado. Por este motivo muchos expertos del sector aseguran que en el futuro cercano esta variable no tendrá ninguna incidencia en el precio de una llamada.
Con la caída en los precios también disminuirán los márgenes de las empresas del sector. Por lo tanto, éstas tendrán que buscar nichos de mercado en los cuales puedan desarrollar ventajas competitivas sostenibles o buscar consolidarse con otras empresas para lograr economías de escala y diversificación geográfica y de servicios que les permita sobrevivir y prosperar. En esta etapa de transición que ofrece oportunidades, pero también presenta serios riesgos competitivos y tecnológicos para las compañías del sector, quien seguramente se verá beneficiado será el usuario. Este lo único que debe esperar son más y mejores servicios a precios cada día menores.
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