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| 8/13/2011 12:00:00 AM

El mundo está loco, loco

El sube y baja de las bolsas de valores tiene desconcertados a todos. Nada calma los ánimos. Los economistas tampoco saben si esta es una crisis nueva o la continuación de la anterior.

Desde que se conoció que la firma calificadora Standard & Poor's rebajó la calificación de la deuda de Estados Unidos, las bolsas en todo el mundo se han movido como en una montaña rusa. Un día se descuelgan estrepitosamente, otro dan un salto y se recuperan y luego vuelven a caer casi al vacío.

El nerviosismo se apoderó de los inversionistas y ante cualquier rumor, como el de la semana pasada sobre los problemas de Francia para mantener la calificación triple A, se desata una ola de pánico y todos corren a vender. Es preferible no ganar a perder, es la clave de cualquier inversionista. Se estiman que con las caídas de las últimas semanas se han evaporado cerca de 900.000 millones de euros en ambos lados del Atlántico.

La BBC de Londres, en su portal en internet, describió bien lo que está sucediendo: "Viendo lo que ha pasado en la última semana, parecería que se han vuelto todos locos. La economía es ya cosa de psicólogos".

Sobran las razones. Cualquiera pensaría que la rebaja en la nota de la deuda de Estados Unidos haría huir despavoridos a todos los inversionistas de los bonos del Tesoro gringo, pero no fue así. Los inversionistas se refugiaron precisamente en estos papeles.

Analistas y banqueros tratan de encontrar las similitudes con la recesión de 2008, para saber qué instrumentos utilizar y así salir de la actual situación.

En la anterior crisis, los bancos se veían más vulnerables que hoy. Hace tres años, en un principio los temores eran por la liquidez, pero luego se volvieron problemas de solvencia. Pronto tambalearon muchas de las instituciones más poderosas, se suspendió el crédito y por esta vía se afectó toda la economía mundial. Los gobiernos tuvieron que salir al rescate y eso, de cierta forma, tranquilizó.

Pero ahora el asunto es a otro precio. Son los gobiernos los que están emproblemados, con las deudas hasta el cuello. Y así es muy difícil salir al rescate. Estados Unidos y Europa ya quemaron toda la artillería que tenían para estimular la economía. Lo que está viendo el mundo es la incapacidad de los gobiernos y las instituciones financieras internacionales de poner la economía en orden.

El economista del Instituto Brookings Mauricio Cárdenas Santamaría dice que no se sabe dónde está el antídoto para esta crisis. "Estamos en plena tormenta, sin instrumentos con que navegar. Estamos totalmente a la deriva. No hay cómo hablar de un estímulo fiscal ni de cómo bajar las tasas de interés".

En medio del afán por encontrar la similitud con la crisis de 2008 surge otra teoría que cambia las cosas. El execonomista jefe del FMI Kenneth Rogoff afirmó en el diario chileno El Mercurio que "no se trata de una nueva recesión, sino de la continuación de la misma crisis financiera". Para el profesor de Economía de Harvard, especialista en quiebras de Estados, las crisis financieras producen un largo proceso de contracción. Y esto es lo que se está viviendo.

Ante el desconcierto y la irracionalidad que se está viendo en esta crisis, algunos están recomendando mirar la psicología. La BBC de Londres recuerda que, en 2002, el Premio Nobel de Economía fue para Daniel Kahneman, un psicólogo que dijo no haber tomado nunca clases de economía, lo cual es "un indicio de cómo el estudio del comportamiento humano es relevante para comprender las finanzas del siglo XXI".

La verdad es que ante la imposibilidad de que los líderes de los países desarrollados se pongan de acuerdo, y que las instituciones financieras globales, como el FMI, logren una verdadera coordinación para el manejo de la economía mundial, una nueva fórmula basada en la teoría sobre cómo toman decisiones los seres humanos sí que haría falta.
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