Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/05/04 00:00

EL NEGOCIO DEL MOMENTO

Los próximos dos años cambiarán para siempre la historia de las telecomunicaciones en Colombia.

EL NEGOCIO DEL MOMENTO

Ningún sector de la economía colombiana ha experimentado en los últimos años un revolcón similar al de las telecomunicaciones. Este es un desarrollo a todas luces alentador, pues en una era en la cual la información se ha convertido en una variable clave de generación de riqueza, la capacidad de transmitir datos de manera eficiente constituye uno de los pilares de competitividad de cualquier economía. Hasta hace unos años, las telecomunicaciones en Colombia estaban altamente reguladas y la prestación del servicio de telefonía era del dominio exclusivo de empresas estatales. Para obtener una línea en la mayoría de las ciudades del país había que esperar muchos meses. Y una vez obtenida la línea, si el consumidor no estaba satisfecho con su compañía telefónica, no había nada que pudiera hacer. Además, los monopolios públicos de telefonía local o básica y de larga distancia no tenían ningún incentivo real para mejorar su servicio, que con contadas excepciones, dejaba mucho que desear. Adicionalmente los subsidios del Estado a la telefonía básica se traducían en una tarifas prohibitivas para las llamadas de larga distancia. Hoy en día, aunque persisten ciertos de los rezagos del antiguo sistema, el país finalmente se encamina hacia tener un sector de telecomunicaciones que se ajuste a los estándares internacionales. En la actualidad el marco regulatorio en Colombia favorece la competencia en todos los servicios telefónicos. La reglamentación permite a cualquier colombiano montar una empresa para prestar servicios de telefonía local. En efecto, varios grupos colombianos, incluyendo a Carvajal, el Grupo Robayo y Transtel _del empresario vallecaucano Gonzalo Caicedo_ han constituido empresas de telefonía en varias ciudades intermedias del país. El resultado es que mientras a diciembre 31 de 1996 sólo había una empresa privada de telefonía básica en el país, al cierre del año pasado había 25. Por otra parte, las empresas públicas han comenzado a incursionar en mercados diferentes a su región de origen. La más agresiva en este frente ha sido Empresas Públicas de Medellín (EPM) _sin dudas el operador de telecomunicaciones más admirado del país_ que adquirió el control de la empresa de teléfonos de Manizales, está en proceso de instalar 95.000 líneas telefónicas en Bogotá y posiblemente ingrese al mercado caleño en un futuro cercano. Telecom, por su parte, que hasta este año había mantenido el monopolio sobre el mercado de larga distancia nacional e internacional y sobre la básica en muchos municipios medianos y pequeños del país, también está montando empresas de telefonía básica en Bogotá, Medellín y Cali. En larga distancia nacional e internacional _un mercado que representa más de 1.200 millones de dólares al año_ la competencia finalmente está despegando. Hasta ahora, dos empresas, la Empresa de Telecomunicaciones de Santafé de Bogotá (ETB) y Orbitel _consorcio conformado por EPM, el Grupo Empresarial Bavaria y la Organización Sarmiento_ se han adjudicado licencias para ser operadores de larga distancia tras pagar el 'peaje' de 150 millones de dólares. Aunque esto es un hecho positivo pues redundará en más y mejores alternativas de servicio para los usuarios, muchos observadores han cuestionado la conveniencia de cobrar por las licencias, pues después de todo éstas las terminarán pagando los colombianos a través de mayores tarifas. Un esquema alternativo que ha demostrado ser muy exitoso es el chileno, donde al igual que en el caso de la telefonía básica en Colombia, existe un mercado libre sin ninguna restricción o requisito de entrada. No obstante, lo que sí es verdad desde todo punto de vista es que tener tres o cuatro operadores es mejor que tener uno. El tercer gran segmento del sector de las telecomunicaciones, el de la telefonía inalámbrica, está en una etapa de desarrollo más avanzada que los que componen la telefonía fija. Después de todo este fue el primer segmento en abrirse a la competencia y al capital privado tras la adjudicación de seis licencias de telefonía celular en 1994. A pesar de que con sólo dos operadores por región no se puede hablar verdaderamente de un régimen de libre competencia, el crecimiento de la telefonía celular en Colombia ha sido espectacular. Gracias en parte a factores propios de Colombia como el pobre cubrimiento y calidad de la telefonía fija, la quebrada topografía y la inseguridad, el número de suscriptores de telefonía celular ha crecido a una tasa más rápida que en cualquier otro país del mundo. Sin embargo, los colombianos siguen pagando tarifas celulares muy altas. Se espera que esta situación cambie con la adjudicación de seis licencias para el servicio de Personal Communication Services _PCS por sus siglas en inglés_ que el gobierno haría bien en otorgar a empresas sin operaciones de telefonía celular en Colombia para así fomentar la competencia en el sector. Aún así, mientras en telefonía básica y en telefonía de larga distancia la liberalización apenas comienza y, especialmente en la básica, se está desarrollando un proceso de crecimiento algo desorganizado, en telefonía celular ya se ha entrado a la siguiente fase: la de la consolidación. Este proceso, que en un mercado libre es un desarrollo natural dadas las inmensas economías de escala que caracterizan al sector de las telecomunicaciones _el ingreso marginal de transmitir una llamada más es inmensamente superior al costo_, es la tendencia más característica del sector de telecomunicaciones global en la actualidad. La compra hace dos semanas de Occel por parte de Comcel es la primera gran operación de consolidación en el sector de las telecomunicaciones en Colombia. Y si hay algo seguro es que no será la última. También se habla de que Comcel podría adquirir Celcaribe, lo cual le daría a la compañía cubrimiento nacional. Si esto ocurre, Cocelco y Celumóvil se verían forzados a un matrimonio por conveniencia.La tendencia hacia la consolidación se trasladará rápidamente a la telefonía fija, pues no tiene ningún sentido que en un país como Colombia y en un sector tan intensivo en capital como el de las telecomunicaciones, haya 63 empresas de telefonía básica como existen actualmente. Tanto las empresas estatales como los grandes grupos locales ya están comenzando a pensar en extender sus redes de telefonía básica, pues al fin y al cabo es el operador de telefonía básica el que tiene el acceso final a los clientes _factor crítico de competitividad en las telecomunicaciones del futuro_. El año pasado, EPM le ganó a la Organización Sarmiento la puja por la telefónica de Manizales, y este año se espera que varias empresas locales liciten en las privatizaciones de las telefónicas de Pereira y Bucaramanga. Sin embargo, el premio mayor se lo adjudicará el que se quede con la ETB cuya privatización se espera que ocurra en un futuro cercano. Con casi dos millones de líneas, la ETB no sólo es la empresa más grande del país por líneas instaladas, sino que es una de las mayores en el mundo entre las que no han sido privatizadas. Por este motivo, mientras se espera que varios grupos locales participen en la privatización de la ETB, es muy probable que lo hagan en asocio con los gigantes del sector a nivel internacional.No obstante, la consolidación no se desarrollará exclusivamente dentro de los diferentes segmentos del sector de las telecomunicaciones sino que los principales jugadores realizarán adquisiciones y expansiones en otros segmentos buscando armar un portafolio completo de productos que incluya desde telefonía fija, hasta telefonía inalámbrica y servicios de valor agregado. Esta estrategia, conocida a nivel internacional como bundling o one-stop-shopping, tiene como objetivo permitir a una misma empresa satisfacer todas las necesidades de telecomunicaciones de sus clientes. En este contexto, no es absurdo pensar que algunos de los grupos locales con operaciones en varios segmentos del mercado se integren para obtener la masa crítica en volumen y oferta de productos que les permita competir eficazmente. En conclusión, los usuarios colombianos sin duda se beneficiarán del aumento en la competencia y las millonarias inversiones en expansión que realizarán las empresas de telecomunicaciones en los próximos años. Igualmente, aquellos grupos que desarrollen estrategias coherentes en el sector podrán obtener rentabilidades muy interesantes en un negocio cuyo potencial de crecimiento es incalculable. Sin embargo, para garantizar que este escenario se dé, es necesario que se fortalezca la regulación colombiana, no solo para prevenir que el proceso de consolidación se lleve a un extremo poco deseable y el país vuelva a un sistema cuasimonopólico, sino también para que se establezcan reglas claras que permitan atraer los más de 10.000 millones de dólares en inversión que requiere el sector en los próximos 10 años para alcanzar los objetivos del Plan Nacional de Telecomunicaciones.

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