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| 12/2/1985 12:00:00 AM

EL NUEVO MIDAS

Un desconocido desbanca a Getty del título del hombre más rico de Estados Unidos.

El nombre no podía ser más desconocido: Sam Moore Walton. Un hombre canoso, de 67 años, vestido como un ejecutivo cualquiera que no sería reconocido por nadie en ninguna calle del mundo. Se trata, sin embargo, de acuerdo con la última edición de la revista norteamericana Forbes, del hombre que ha quitado a los Getty, los Rockefeller, los Ford, el título de que habían gozado en el pasado: el hombre más rico de los Estados Unidos.
Como es ya una tradición, la revista Forbes hace anualmente una lista de los 400 norteamericanos más ricos. Durante los últimos 20 años había estado encabezada la mayoría de las veces por la familia Getty. Primero fue el legendario petrolero John Paul Getty, quien murió en 1976, y luego su hijo Gordon Peter, quien conservó la primacía hasta el año pasado. La avaricia del padre era tan legendaria como su fortuna. En sus 10 mansiones regadas por todas las grandes ciudades del mundo, todos los teléfonos eran de monedita para que ningún invitado le fuera a poner conejo con una llamada de larga distancia. A su muerte, disputas familiares alrededor de una serie de trusts le quitaron durante unos años el manejo de la fortuna a sus descendientes, quienes lo recuperaron solamente después de un largo y complicado pleito. Finalmente, el control quedo en manos de su hijo Gordon Peter, un pianista medio hippie, cuya única aspiración era la de ser compositor y el único con el cual el padre no había peleado. Getty Oil, la compañía fundada por el patriarca fue vendida a la Texaco por 10 mil millones de dólares y el músico bohemio recibió el control del 41% de las acciones, que correspondía a la familia, y que equivalía a 4 mil 100 millones de dólares, de los cuales tuvo que pagar 1.100 en impuestos. El resto de las acciones era del público. En ese momento, sus tres hermanos, que en el testamento del padre habían sido despojados de la administración de sus trusts, decidieron demandarlo y pedir que la fortuna se dividiera en partes iguales. Getty junior consideró que era mucho camello manejar tres mil millones de dólares y aceptó que la herencia se dividiera con sus hermanos en cuatro partes iguales de 750 millones de dólares cada una. Perdió entonces el título del hombre más rico del mundo y pasó a un modesto renglón 15 en el escalafón. Interrogado sobre qué opinaba de ese bajonazo, se limitó a contestar: "Se recuerda más a un compositor que a un hombre de negocios".
Sacados del ring los Getty, Sam Moore Walton, el desconocido número dos, saltó al primer lugar. Su fortuna asciende a 2.800 millones de dólares (el pobre David Rockefeller no tiene sino mil), representados en el 39% de una cadena de almacenes tipo Ley, de nombre Walt-Mart Stores. Fundó el primero en 1962, en Rogers, un pueblito de Arkansas. En 1970 había llegado a 30 almacenes y el 61% de sus acciones fueron ofrecidas al público. Con los recursos obtenidos en esa operación la cadena se fue extendiendo hasta completar 745 almacenes en la actualidad. Las ventas en 1984 llegaron a 6.400 millones de dólares. La estrategia que en escasos 20 años convirtió a Walton en el rival de todos los jeques árabes fue muy sencilla: alejarse de las grandes ciudades y saturar las pequeñas, controlar costos y, sobre todo, crear mistica y entusiasmo en el personal. Organiza convenciones y después del discurso sobre ventas y mercadeo todos los asistentes terminan de pie gritando "vivas" como de partido de fútbol. En una de éstas, el año pasado ofreció que si se cumplían las metas de ventas, se pararía en la mitad de Wall Street vestido de hawaiana y haría el hula-hula. Dicho y hecho. Ante centenares de fotógrafos y transeúntes estupefactos, el hombre más rico del mundo con guirnalda de flores al cuello y falda cumplió su promesa. "En nuestra empresa nos gusta divertirnos", fue su lacónico comentario. Todo billonario que se respete tiene una camioneta vieja sin chofer, vive en una casa de clase media y vuela en segunda, porque primera es demasiado cara. Hombre de familia, casado, con cuatro hijos, su único hobby es cazar perdices. Interrogado sobre lo que significaba ser el hombre más rico de los Estados Unidos, dijo: "Mi mayor capital es el afecto de mis empleados y mi familia".
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