Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/02/19 00:00

El ortodoxo

La devaluación y las rigurosas medidas económicas anunciadas por Chávez son lo menos grave que le podía pasar a Colombia. Ahora falta que lo prometido se cumpla., 49351

El ortodoxo

En su alocucion televisada del martes pasado el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, mostró su otra cara, la del cordero degollado que pide la comprensión y colaboración de los agentes económicos locales e internacionales para sacar a su país del atolladero económico y financiero en que se encuentra. Anunció un paque-

te de medidas que incluyó la eliminación de la banda cambiaria, que se tradujo en una devaluación del bolívar del 19 por ciento al día siguiente. Y presentó también un importante recorte presupuestal que busca hacerle frente a la caída de los ingresos derivados del petróleo.

Lo que hizo el mandatario, en el fondo, fue sincerar las cuentas. El presupuesto del gobierno se basaba en la suposición irreal de que el petróleo venezolano se exportaría a 18,5 dólares por barril, cuando el precio observado en los últimos meses se acerca a los 16 dólares. Ahora las cuentas fiscales de Venezuela se basarán en este último valor, lo que implica una caída de 22 por ciento en los ingresos presupuestados. Para hacer frente a esta situación Chávez hizo tres cosas.

La primera fue permitir la devaluación, con la cual cada dólar de crudo exportado se convertirá en más bolívares para tapar el hueco fiscal. La segunda es un recorte de 7 por ciento en los gastos del gobierno. La tercera fue el anuncio de una reforma tributaria. En su discurso Chávez mencionó la aplicación de tributos adicionales como el Impuesto al Débito Bancario (IDB) de 7,5 por mil a todas las transacciones, la eliminación de exoneraciones al IVA y el monotributo a los vendedores ambulantes.

Estas medidas sorprendieron al común de los venezolanos que regresaban de las fiestas de carnavales. Nadie esperaba que un mandatario tan inclinado a la izquierda y declarado enemigo del mercado tomara unas medidas que fueron calificadas de ortodoxas y “fondomonetaristas” por el diario Talcual, que dirige el ex ministro de Planeación y crítico de Chávez Teodoro Petkoff. “Son las medidas más neoliberales de la historia”, dijo a su vez Miguel Rodríguez, quien fue ministro de Hacienda de Carlos Andrés Pérez, y no desaprovechó esta oportunidad para desquitarse políticamente del actual mandatario.

El hecho es que los anuncios fueron en general bien recibidos por los agentes económicos. Los venezolanos, así como los empresarios colombianos y los inversionistas extranjeros, temían que Chávez se empecinara en impedir la devaluación del bolívar mediante controles a las operaciones cambiarias. De haber seguido este camino se habría estrangulado la economía para desembocar después en una maxidevaluación descontrolada como ocurrió en Argentina, que liberó el tipo de cambio cuando ya era demasiado tarde.

Venezuela estaba en una cuenta regresiva, camino de una profunda crisis cambiaria. En diciembre pasado el Banco Central vendió 1.000 millones de dólares para sostener el tipo de cambio. En enero fueron 1.300 millones de dólares los que se le fueron al emisor y en los tres días hábiles previos al anuncio de las medidas ya se habían esfumado otros 600. En lugar de gastar sus reservas defendiendo una banda cambiaria que era indefendible, como hizo Colombia hace tres años, Venezuela optó por devaluar de una vez, lo cual permite amortiguar mejor el frenazo económico que trajo la caída en los precios del petróleo, que da cuenta del 75 por ciento de las exportaciones y el 50 por ciento de los ingresos fiscales del país vecino.

Las dudas

La devaluación del bolívar, sin embargo, trae un riesgo grande y es que se dispare la inflación. Al defender las medidas anunciadas el director del Banco Central de Venezuela, D.F. Maza Zavala, dijo a SEMANA que “la flotación del dólar no impactará sobre la inflación de 10 a 11 por ciento prevista para este año, y que la oferta y la demanda del mercado regularán el tipo de cambio”. No obstante hay quienes tienen sus dudas.

Economistas opositores, como Agustín Berríos, Alberto Quirós Corradi, Orlando Ochoa y Antonio Paiva, expresaron sus reservas sobre las soluciones ofrecidas por el mandatario para solventar el déficit fiscal. Coincidieron en que “continuará la incertidumbre y se disparará la inflación con la libre flotación de la moneda. Mientras no se despejen las crisis política y de gobernabilidad no hay credibilidad ni confianza en el gobierno para impulsar la paz social y la estabilidad económica”.

Aunque el paquete de medidas de Chávez se ve sensato en el papel, inversionistas y empresarios están ansiosos de que se vuelvan realidad. “Yo quisiera creer que las palabras de anoche se van a traducir en hechos concretos”, dijo el miércoles Pedro Carmona, presidente de Fedecámaras y uno de los más visibles opositores de Chávez. Los empresarios no están convencidos de la sinceridad de un mandatario que desaprovechó la oportunidad de ajustar las finanzas públicas durante la bonanza petrolera y ahora súbitamente se ha convertido a la ortodoxia fiscal. Nadie sabe muy bien si el presidente va a hacer un ajuste de verdad o más bien le está apostando a una jugada política de corto plazo. Y el éxito de las medidas dependerá de que se logre entre el empresariado y los medios financieros un mínimo de credibilidad en ellas.

Para los empresarios colombianos, que exportan 2.500 productos al país vecino, las noticias de Venezuela son menos malas de lo que se temía. Si Chávez no hubiera devaluado ya la crisis después habría sido peor. También es cierto que, al devaluar, se alivia la presión de los industriales venezolanos, que piden más proteccionismo. De otro lado, el peso colombiano se devaluó también y compensó en buena medida la pérdida de valor del bolívar. Pero esto no quiere decir que no vaya a haber crisis en el vecino país. Para este año el pronóstico de consenso de los analistas apunta a un crecimiento de 0,2 por ciento en el PIB venezolano, lejos del 5 por ciento del año pasado.

“Más allá de la situación económica, la mayor preocupación de los exportadores colombianos está en el lado político”, afirma Javier Díaz, presidente de Analdex. Cuando los presidentes pierden apoyo empiezan a hacer locuras, como bloquear el comercio, y esto es lo que más desvela a los empresarios de este lado de la frontera. En los próximos meses se sabrá si Venezuela se encamina hacia un ajuste económico ordenado o si continuará la volatilidad de su moneda y la inestabilidad de sus políticas.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.