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| 12/4/1989 12:00:00 AM

El otro Fondo

Un proyecto de ley propone por primera vez la creación de un fondo de inversión extranjera en Colombia.

Los que no han oído hablar del tema piensan que se trata de una asociación de ideas. Incluso hay quienes creen que es el nombre perfecto para describir a un país en crisis. Sin embargo, la verdad es que cuando en los círculos financieros se menciona la iniciativa del Fondo Colombia la historia es muy diferente.
Se trata, ni más ni menos, de permitirle a los inversionistas extranjeros que participen en el mercado de valores del país a través de un mecanismo que ya ha sido ensayado en otras naciones del Tercer Mundo. La propuesta había sido presentada por varias entidades internacionales e incluso el Banco de la República preparó un documento sobre el tema, pero sólo hace pocos días fue incluída en un proyecto de ley que, de aprobarse, cambiaría radicalmente las condiciones en que se mueve el mercado de valores en Colombia.
En términos simples la idea consiste en que una serie de personas o entidades compren en el exterior acciones de un fondo común cuyo único objeto sería invertir en el país. Los dineros -estimados en unos 30 ó 40 millones de dólares- se destinarían tan sólo a la compra de acciones de compañías inscritas en bolsa y algunos papeles de renta fija. Por tanto, los dueños de las acciones del fondo se beneficiarían en la medida en que el valor de sus adquisiciones suba. Los inversionistas originales obtendrían su dinero y utilidades eventuales, ya sea cediéndole sus derechos a otros o bien esperando a que al cabo de varios años los activos del fondo se liquiden.
Dicho esquema se esta aplicando en ciertos mercados de valores. En América Latina se cuentan las experiencias de Chile, Brasil, México y Argentina, países en donde la estrategia ha funcionado de manera relativamente satisfactoria. Hoy por hoy los partidarios de la iniciativa señalan el caso chileno que ha traido consigo una reactivación del mercado accionario, alimentado, a su vez, por el boom económico que se vive. Algo similar es lo que pasa a miles de kilómetros del continente americano, al otro extremo del Pacífico. El Fondo Tailandia ha sido descrito como la estrella indiscutida de las bolsas a lo largo y ancho del globo, superando de lejos el desempeño de los mercados tradicionales como Tokio, Nueva York o Londres.
Con ese precedente es lógico que se piense en Colombia. A pesar de sus problemas, lo cierto es que el país ha tenido una economía estable y en los últimos años el sector privado ha visto reverdecer sus laureles. No obstante, el mercado accionario continúa deprimido. Las transacciones de estos papeles apenas si se acercan al 5% del volumen negociado en las tres bolsas del país. Los compradores y vendedores son pocos y para la mayoría del público las aguas del mercado accionario están llenas de tiburones.
Todo esto ha conducido a que en la mayoría de los casos los precios de estos valores no se ajusten a la realidad. Según el especialista Rudolf Hommes "las acciones de las empresas que se cotizan en bolsa (en Colombia) están subvaloradas". Aunque en teoría eso debería estimular a los inversionistas, Homnies dice que eso no sucede debido "a que ya se compraron las gangas y los compradores poseen una proporción suficiente de las acciones en circulación para tener el control absoluto de las empresas". Las cifras del gobierno confirman esa afirmación.
Una investigación reciente de la Comisión Nacional de Valores reveló que el 81% de las acciones de compañías inscritas en el Registro Nacional de Valores pertenece a menos del 0.2% de los accionistas, que siete grupos económicos controlan el 30% de las empresas inscritas y que en cada caso los grupos dominantes poseen en promedio el 64% de las acciones.
Semejante nivel de concentración ha llevado a los más escépticos a decir que en términos prácticos el Fondo Colombia es imposible. Además, aparte de que el mercado es muy reducido, habría necesidad de cambiar toda una serie de normas sobre inversión extranjera para permitir que el mecanismo funcionara en forma ágil y que, en último término, los inversionistas pudieran repatriar su dinero.
En respuesta, los defensores de la idea sostienen que el mercado es casi inexistente, precisamente porque no hay dinero para alimentarlo. "Si el Fondo Colombia empieza a funcionar será posible comprar y vender acciones con facilidad y eso mismo creará una dinámica positiva", le dijo a SEMANA un partidario del esquema. Más aún, se afirma que los precios de las acciones subirán, reflejando así la verdadera situación de las empresas. Como si lo anterior fuera poco, se cree que el mercado ganará en tecnificación y profesionalismo. Quizás por todas esas razones el presidente de la Bolsa de Bogotá, Hernán Beltz Peralta, le dijo a SEMANA que "vemos la idea con muy buenos ojos".
Todos esos planteamientos hacen abstracción de la discusión filosófica, sobre si la propiedad de algunas empresas nacionales debe continuar en manos colombianas. Aunque los promotores del Fondo Colombia se apresuran a aclarar que este no compraría más del 5% de las acciones en circulación de una determinada compañía, hay quienes afirman que ese no es sino el primer paso para que el país "sea entregado a los extranjeros".
Cierto o no, la verdad es que el debate se enmarca dentro de la polémica sobre la apertura económica. Los partidarios de esta -incluyendo algunos integrantes del equipo económico- sostienen que dentro de la estrategia comercial es clave la modernización del sector financiero y del mercado de valores. Por esta razón se tiene la impresión de que la iniciativa es mirada con buenos ojos en el gobierno que, al parecer, espera que en un futuro no muy lejano el Fondo Colombia sea uno de los mecanismos para sacar a Colombia del fondo del pozo en que se halla.
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