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| 6/11/2011 12:00:00 AM

El pacto de caballeros

La elección de próximo director del FMI será la más reñida en la historia de este organismo. Por primera vez hay un candidato de un país emergente y existe la posibilidad, aunque remota, de que no quede en manos de un europeo.

Desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, cuando se fundaron el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), Estados Unidos y Europa sellaron un especie de pacto de caballeros para que al frente del primer organismo estuviera un europeo y en el segundo, un estadounidense.

El acuerdo tácito se ha venido cumpliendo a rajatabla desde entonces. Pero con los reacomodos en la economía mundial, también la lucha de poderes por el FMI ha cambiado. El peso global que han ganado los países emergentes los ha llevado a aspirar a la dirección del organismo.

Además, dentro de todas las promesas que se han hecho tras la última crisis financiera mundial, los países del G-20 acordaron que las futuras elecciones para la dirección del FMI se harían de una manera abierta y transparente, lo que, supuestamente, abrió la puerta para que una persona de un país emergente pueda tener posibilidades de ser elegida. Y ahora, ante la proximidad de la elección del reemplazo del francés Dominique Strauss-Kahn, llegó el momento de saber si realmente algo ha cambiado.

El Fondo anunció hace unas semanas la adopción de un procedimiento para que la elección se haga de manera "abierta, meritocrática y transparente", y el viernes pasado se cerró el plazo para que los gobernadores del FMI (representantes de los gobiernos) propusieran sus candidatos. Aunque se planteó que los nombres se mantendrían en confidencialidad hasta el final del periodo de postulaciones, dos aspirantes optaron por hacerlo público: la ministra de Finanzas francesa, Christine Lagarde, y el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens. Se conoció también que Grigori Marchenko, del Banco Central de Kazajistán, habría sido postulado. En algunos círculos se habla de la aspiración de otros países, entre ellos Sudáfrica. El FMI ha informado que solo hará pública la terna que quede después de depurar la lista de candidatos que se presente.

Lo cierto es que ya comenzó la campaña para la elección, y el tema concentra la atención del mundo entero. Economistas de la talla de Paul Krugman, Jeffrey Sachs y Joseph Stiglitz han pedido que se evalúen los méritos, antecedentes y competencias de los candidatos y no el poder de voto de los países miembros. El secretario general de la Organización para la Cooperación Económica (OCDE), Ángel Gurría, pidió que el proceso de selección sea "abierto, transparente, basado exclusivamente en el mérito y también rápido".

Lagarde y Carstens están en pleno proselitismo, visitando a los diferentes ministros de Finanzas y de Economía de los países involucrados en la votación, para convencerlos de su nombre. Muchos son escépticos de las reales posibilidades del candidato mexicano, pues dudan de que el pacto de caballeros, que lleva funcionando más de sesenta años, se rompa. Encuestas que han publicado varios diarios económicos en Europa y en México dan como ganadora a la ministra francesa.

El director de Fedesarrollo, Roberto Steiner, quien fue representante de Colombia ante el FMI, dijo recientemente en su columna de opinión en Portafolio que "todo pareciera indicar que, una vez más, se repetirá el ritual mediante el cual el Directorio ratificará la decisión tomada por unos pocos en Berlín, Londres, París y Washington, que favorecerá al candidato propuesto por los europeos". El sistema de elección es sui géneris: solo 24 de los 187 países miembros tienen facultad de votar, y en la práctica lo que ha pasado siempre es que Estados Unidos y un par de poderes acuerdan, e imponen, el nombre de un europeo.

Por eso las posibilidades de que Carstens llegue a la dirección del FMI son remotas. La candidata Lagarde es muy sólida y contará con el apoyo de los países europeos, que además de querer conservar su poder, atraviesan por un momento crítico en sus economías. La posición de Estados Unidos es incómoda y no querrá arriesgarse a perder en un futuro su posición en el Banco Mundial votando en contra de la candidata europea.

El exministro de Hacienda de Colombia y actual profesor de la Universidad de Columbia José Antonio Ocampo dice que pese a los cambios que se hicieron este año, Estados Unidos, la Unión Europea y Japón tienen la mayoría. "Estados Unidos apoyará a la Unión Europea, porque seguro quiere mantener el Banco Mundial", dice. Y si a ellos se unen Australia y Canadá, como muchos suponen, tendrían los votos decisivos.

Lagarde sería la primera mujer en llegar a esta posición, y la mayoría reconoce su liderazgo y capacidad para comandar en este momento el organismo. Stiglitz ha dicho que "como ministra de Finanzas de Francia ayudó a sacar a su país de la Gran Recesión. Fue una franca defensora de las reformas del sector financiero y se ganó el respeto de todos aquellos con quienes tuvo que trabajar".

Ahora bien, Carstens también es un buen candidato, por su experiencia y trayectoria. Fue el número tres del FMI y conoce muy bien la institución. Cuenta con el respaldo de muchos países de América Latina. Colombia promovió en la pasada Asamblea de la OEA, en San Salvador, una declaración oficial de apoyo a su candidatura. Los gobiernos de Belice, Bolivia, Colombia, Honduras, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela firmaron el respaldo, convencidos de la "necesidad de promover una mayor participación de las economías emergentes de la región en el proceso de selección del cargo de director gerente del FMI".

Pero si bien se trata de un respaldo político numeroso y significativo, no se traducirá en votos, porque, dado el mecanismo como funciona el Fondo, los países se agrupan por sillas y son las cabezas de estos las que votan. Del grupo de firmantes el único con derecho a votar es México. En América Latina también tienen voto Argentina y Brasil, pero los dos, hasta el momento, se han mostrado parcos para expresar su posición frente al mexicano. Algunos analistas piensan que el obstáculo mayor que podría tener Agustín Carstens es la falta del endoso de Brasil, que si bien hace parte de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China), que buscan un giro en el manejo de la economía mundial, no tienen consenso interno.

José Antonio Ocampo cree que dada la velocidad del proceso y la dificultad de encontrar acuerdos entre los países emergentes o en desarrollo, a diferencia de los más homogéneos como los miembros de la Unión Europea, los segundos saldrán ganando. "Ganará Francia. Desafortunadamente, el candidato mexicano no es visto realmente como representante de los países emergentes, porque no ha defendido a lo largo de su carrera los puntos de vista que los países emergentes ahora reclaman", señala.

Más que el nombre de quien sea el elegido, lo más significativo es saber cuál será el rumbo que seguirá el FMI. Stiglitz escribió en una de sus recientes columnas lo siguiente: "A pesar de lo mucho que me gustaría ver a alguien de los mercados emergentes y del mundo en desarrollo presidir el FMI, la principal prioridad es elegir un líder con las capacidades y el nivel de compromiso y entendimiento necesarios, en un proceso abierto y transparente, alguien que siga transitando el sendero de la reforma en el que se embarcó el Fondo".

Y aunque las apuestas favorecen a la candidata francesa, hay que reconocer que ya se ha avanzado algo y que si el aspirante mexicano obtiene un número alto de votos, sentará un precedente valioso para el mundo emergente y se abrirá la posibilidad para que en el futuro se rompa de una vez por todas el pacto de caballeros entre Estados Unidos y Europa que ha imperado por seis largas décadas.
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