Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/03/27 00:00

EL PUENTE ESTA QUEBRADO

El concordato de Pinski pone de presente la crisis de la ingeniería colombiana.

EL PUENTE ESTA QUEBRADO

La noticia se veía venir desde hace rato. Quizás por eso, fueron pocos los especialistas sorprendidos la semana pasada, cuando se anunció que la Superintendencia de Sociedades había aceptado la solicitud de concordato presentada por Pinski y Asociados, la compañía constructora más grande del país. De un plumazo, la empresa caleña -con contratos por casi 20 mil millones de pesos- quedó protegida de sus acreedores que habían iniciado más de 30 procesos ejecutivos en su contra.
Así se terminó de escribir un capítulo comenzado en marzo de 1987, cuando Pinski entró en conversaciones con una docena de bancos y otras entidades financieras para lograr reestructurar deudas por más de 3 mil millones de pesos. En ese momento la empresa sufría un problema crónico de liquidez que le impedía atender todos sus gastos oportunamente. Aunque la reestructuración se firmó en diciembre de ese mismo año, ya a principios de 1988 se tenía la impresión de que no había nada que hacer. No obstante, en junio del año pasado se inició una nueva ronda de negociaciones con los bancos que naufragó en noviembre cuando el comité se dividió en torno a las peticiones hechas por la empresa. Como consecuencia, la recomendación que recibió Pinski fue la de buscar accionistas que le pudieran inyectar recursos frescos a la compañía.
Esa última carta se jugó en diciembre de 1988, cuando se entablaron negociaciones con diferentes personas y entidades. Los contactos más serios se hicieron con varios inversionistas antioqueños, hasta el punto en el cual, a comienzos del año, se anunció la venta de la mitad de las acciones de Pinski por la suma de 3 mil millones de pesos. La noticia le hizo pensar al público que con el cierre de la negociación ya los problemas de la constructora se habían superado.
Sin embargo, lo cierto es que la venta no se concretó. La publicación en la prensa de los nombres de los supuestos inversionistas hizo que, uno a uno, éstos se retiraran "por razone de seguridad", según le explicó uno de ellos a SEMANA. Ante el fracaso de esa gestión, a Pinski no le quedó un camino diferente al del concordato. Según un conocedor de la situación de la empresa "se necesitaban fondos frescos por mil millones de pesos, por lo menos". Sin bancos que se los prestaran y sin inversionistas disponibles, la constructora caleña se quedó sin cartas en la mano.
De esa manera culminó una historia de éxito comenzada en 1954, cuando un ingeniero de 22 años de edad llamado Ezequiel Pinski Saragovia fundó la compañía que llevaría su nombre. En un comienzo la empresa creció con lentitud y sólo hasta la década de los setenta comenzó a tener proyección nacional. No obstante, el gran salto ocurrió en esta década cuando Pinski participó en grandes obras, tanto a nivel nacional como municipal. El montaje de Cerromatoso, la remoción de tierras en el Cerrejón, la instalación de torres para el oleoducto de Caño Limón, así como la construcción de puentes y viaductos en Bogotá, Medellín y Cali, demostraron que Pinski habia llegado a las ligas mayores. Todo eso fue combinado con una hábil campaña de relaciones públicas, gracias a la cual el nombre de la constructora empezó a ser asociado con adjetivos como rapidez y cumplimiento.
Sin embargo, la buena estrella comenzó a apagarse hace unos tres años. El cambio en las prioridades de la inversión pública, más orientada hacia proyectos sociales que hacia grandes obras de construcción, sorprendió a las grandes firmas de ingeniería que de un momento a otro vieron que el número de contratos disponibles disminuía. En el caso concreto de Pinski, la empresa necesitaba un buen volumen de obras para justificar las inversiones que había hecho en maquinaria y equipo, con ocasión del gran boom de comienzos de la década. Ese factor la llevó a licitar con un margen muy bajo y en ciertas ocasiones a pérdida. Un ejemplo concreto es el de la construcción del túnel de conducción del acueducto de Pereira, adjudicado a Pinski por 588 millones de pesos, cuando el costo de la obra se estimaba en 620 millones.
Esa tendencia a licitar a pérdida originó un círculo vicioso que hizo todavía más agudas las dificultades de la constructora. Si a eso se le agrega los costos crecientes de la importación de maquinaria, la falta de financiación adecuada, las demoras en el pago oportuno de ciertas obras por parte del Estado y el error de la misma empresa al no haber diversificado sus frentes, es evidente que la suerte de Pinski estaba cantada.
Curiosamente, con la caída de la empresa caleña se confirma que algo estructural anda mal en la gran ingeniería colombiana. Ya antes el mismo calvario había sido recorrido por firmas como Grandicón, Constructora Sanz, Conciviles y Arinco, lo cual hace pensar que aquí sucede algo equivalente a cuando en una clase se rajan todos los alumnos: quien se ha equivocado probablemente es el profesor y no los estudiantes.
En este caso el profesor es nada menos que el Estado. Aparte de que en cuanto a seriedad y pago oportuno de las obras, el sector público colombiano tiene mucho que aprender, los ingenieros se quejan de que las normas legales atentan en su contra. El principal blanco de críticas es el decreto 222 de 1983 sobre contratación administrativa, el cual parece favorecer a los contratistas extranjeros sobre los nacionales debido, entre otras razones, a que les permite entrar al país maquinaria reexportable que no paga impuestos de nacionalización, un factor que reduce sensiblemente los costos de construcción. Y las perspectivas no son mejores. En el nuevo decreto sobre contratación administrativa que debe expedirse este año, la ley prevé la eliminación de los tribunales de arbitramento, lo cual en la práctica le quita a las compañías constructoras la posibilidad de reclamación.
Circunstancias como esa no despejan para nada el futuro de la gran ingeniería colombiana. Para los conocedores, las firmas que han sobrevivido lo han hecho gracias a que se han concentrado en la pequeña y mediana ingeniería, mientras que otras se han vuelto urbanizadoras.
Por su parte la suerte de Pinski es todavía incierta. La semana pasada el esfuerzo del superintendente de sociedades, Luis Fernando Alvarado, se concentró en convencer a las entidades que le adjudicaron obras a la constructora caleña, de que no decretaran la caducidad de los contratos tal como lo permite el decreto 222. "Si eso ocurre, no hay posibilidad de salvación", le dijo el superintendente a SEMANA.
Aún asumiendo que no pase nada, todavía falta ver cómo se terminan las 39 obras que está ejecutando Pinski. La semana pasada los trabajos continuaban normalmente, pero es necesario resolver algunos impasses con empleados y subcontratistas.
La constructora tiene a su favor el hecho de que el problema es tan grande, que son pocos los interesados en que no salga adelante. Aparte de contratos por casi 20 mil millones de pesos, la empresa tiene deudas con el sector financiero por 3.601 millones de pesos, genera más de 6 mil empleos y puede poner en peligro la salud del sector asegurador si a éste se le cobran las pólizas de cumplimiento ante fallas eventuales en la entrega de las obras. Tal como dice el apoderado de la compañía, el abogado Fernando Londoño Hoyos, "a nadie le puede resultar negocio la quiebra de Pinski".
Incluso todavía es posible que la anunciada venta del 50% de la compañía se realice. SEMANA se ha enterado de que hay inversionistas antioqueños interesados, si se cumplen dos condiciones: la no cancelación de los contratos adjudicados y el secreto absoluto sobre el nombre de los nuevos accionistas.
No obstante, mientras algo se define, el futuro de Pinski es dudoso. Por el momento la experiencia de la constructora caleña debe servir de ejemplo para aquellas firmas que quieren subir de categoría, en un país donde no existen las condiciones y garantias para que se desarrolle la gran ingeniería. A pesar de la calidad técnica de los constructores colombianos es evidente que hay problemas de otra índole que también cuentan. Tal como le dijera el propio Ezequiel Pinski al superintendente de sociedades en una reunión reciente: "Construir ha sido mi éxito, pero crecer ha sido la causa de mis dificultades".

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