Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/04/10 00:00

El remiendo

Revive la polémica por el manejo poco transparente que el Dane le dio al más reciente cálculo del PIB. Lo que está en juego es la credibilidad de las estadísticas oficiales.

El remiendo

"Última hora:PIB cuarto trimestre de 2004". Este mensaje apareció, en titilantes letras amarillas, en la página de Internet del Dane al final de la tarde del pasado 31 de marzo. El boletín anunciaba que la economía colombiana había crecido 4,28 por ciento en los últimos tres meses de 2004 y 3,96 por ciento (cultivos ilícitos incluidos) en el año completo. Unos quedaron satisfechos con el resultado -el gobierno, en primer lugar- y otros lo calificaron de mediocre. El episodio no tendría nada de inusual de no ser porque en esta oportunidad la publicación de los datos de crecimiento fue objeto de varios cambios que sorprendieron a los analistas económicos.

En primer lugar, la inusual demora en la publicación del dato del PIB. El Dane se tardó un mes más de lo normal para decirle al país cuánto creció la economía en 2004. Tradicionalmente, a finales de febrero se conocía el cálculo del PIB por el lado de la oferta, es decir, cuánto produjo cada sector económico. Varias semanas después se publicaba el PIB por el lado de la demanda, esto es, cuánto consumieron los hogares, los inversionistas y el gobierno. Pero esta vez el Dane decidió presentar ambos resultados al mismo tiempo.

Cuando por fin salió la cifra a la luz pública, el Dane incluyó en su comunicado de prensa una frase que causó malestar: "El crecimiento de la economía colombiana se ajustó al promedio del comportamiento de América Latina". Economistas como Javier Fernández Riva o Sergio Clavijo, director de Anif, cuestionaron esa afirmación, primero porque no le corresponde al Dane hacer interpretaciones sobre las cifras y, segundo, porque no es cierto que Colombia haya crecido a la tasa media de otras economías latinoamericanas. Mientras estas últimas se expandieron 5,7 por ciento en 2004, según el Banco Mundial, la actividad económica colombiana creció 3,96 por ciento.

Pero los cambios no se limitaron a una cuestión de forma. Sin ofrecer ninguna explicación, el Dane hizo un ajuste de fondo en la contabilidad del PIB que corrigió hacia arriba la tasa de crecimiento económico desde comienzos de 2003 hasta el tercer trimestre de 2004. La mejoría estadística se debió a la revisión de las cuentas de un sector que tenía preocupado al gobierno: el de las obras civiles. Este incluye construcción de puentes, carreteras y obras de infraestructura que entre enero y septiembre de 2004 no pararon de caer. De hecho, el mediocre dato del PIB del tercer trimestre del año pasado -2,47 por ciento- se debió en buena medida a la caída en el campo de las obras civiles.

Preocupado, el gobierno le ordenó al Dane averiguar qué estaba pasando con las obras civiles. Los técnicos de la entidad comenzaron entonces a escarbar entre las cifras y encontraron que desde 2002 no se estaban teniendo en cuenta las inversiones que hacían los contratistas privados en las obras de TransMilenio. Si bien se les preguntaba a entidades públicas como el IDU o el Invías cuánto estaban desembolsando para pagar este tipo de construcciones, no se incluían los desembolsos que los contratistas privados -que son los que ponen la mayor parte de la plata que el Distrito y la Nación se comprometieron a pagarles a futuro- le estaban metiendo a TransMilenio.

"Decidimos mejorar la cobertura e incluir a TransMilenio dentro de nuestras fuentes de información", dice la directora de cuentas nacionales del Dane, Luz Amparo Castro. Eso permitió que, por ejemplo, en el tercer trimestre de 2004 las obras civiles no cayeran 25 por ciento -como se calculó en su momento- sino 16 por ciento y que, junto con otros ajustes menores, el crecimiento de todo el PIB pasara en el tercer período de 2,47 a 2,93 por ciento. El ajuste se hizo retroactivo para los años 2003 y 2004.

Todos los expertos consultados por SEMANA coinciden en que el ajuste que se hizo en obras civiles al incluir TransMilenio es técnicamente correcto. Sin embargo, hay varias críticas. La primera es que cuando se trata de estadísticas oficiales, cualquier modificación debe ser transparente y, en este caso, el Dane no explicó ni antes ni después de publicadas las cifras del PIB que éstas habían incluido una modificación. Gracias a entidades como Anif y Asobancaria, el país supo del cambio en la contabilidad de las obras civiles.

Otra preocupación que surge del ajuste hecho por el Dane es que al tiempo que incluye las inversiones privadas en obras civiles, el fisco no contabilice en todos los casos el compromiso de pago de las entidades públicas para hacer estas obras como un gasto que afecta el déficit fiscal.

Como anota Sergio Clavijo, en el momento en que un municipio contrata con el sector privado, por ejemplo, la construcción de un puente, adquiere una obligación, así todavía no haya sacado plata en efectivo para pagarla. Puede que el dinero aún esté en la cuenta bancaria del municipio, pero, en realidad, ya se lo gastó y debería aparecer como una cuenta por pagar. Desafortunadamente, no todos los municipios calculan el déficit o el superávit fiscal siguiendo este parámetro. Un alto componente de la información territorial se evalúa con la metodología de caja, es decir, teniendo en cuenta solamente los saldos en las cuentas de las entidades dentro del sistema financiero. No es el caso de grandes ciudades como Bogotá o Medellín. Pero en municipios pequeños es posible creer que la plata todavía sigue ahí, a pesar de que ya está comprometida. Esto hace ver las cifras de déficit o superávit mejor de lo que realmente son.

La pregunta de fondo es entonces por qué el gobierno no unificó las reglas de contabilidad para todo el mundo. Así como ajustó la forma de medir las obras públicas en el PIB, también debió unificar la contabilidad pública bajo principios de causación, esto es, reconociendo como gastos los compromisos de pago. O todos en la cama, o todos en el suelo.

El jueves de la semana pasada se conoció que el ajuste en las obras civiles no será el único cambio en las cuentas del PIB. A partir de mayo el Dane contará con la asesoría del Fondo Monetario Internacional (FMI) para actualizar la metodología en los casos en que sea necesario. "No queremos introducir mejoras nosotros, a la criolla. Queremos tener estándares internacionales", dijo al diario La República el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla. Pero lo curioso es que una de esas mejoras, una de las que más peso tiene en el PIB, ya se hizo "a la criolla".

Detrás de todo este episodio surgen dudas sobre la transparencia que el Dane les está dando a las cifras que produce. Muchos se preguntan por qué no hizo explícito la variación en las obras civiles y, en cambio, sí salió a interpretar los resultados del PIB. Son interrogantes que erosionan la confianza del público en las cifras oficiales y que dan pie para pensar que sus actuaciones obedecen a presiones del gobierno. La tentación de hacer política con las cifras siempre es muy grande.

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