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| 1/14/1991 12:00:00 AM

EL RETO JAPONES

Venta de la C.C.A. reabre polémica sobre precio de empresas colombianas.

En el reciente anuncio de la venta de un gran paquete accionario de la Compañía Colombiana Automotriz, C.C.A., se presentó una coincidencia con la transacción que hace un año implicó el cambio de dueños en Sofasa: el precio. Las dos empresas fueron vendidas en unos 52 millones de dólares. Pero al mismo tiempo se dió una gran diferencia: mientras hace un año se traspasaba el 49,5 por ciento de Sofasa, hoy se vendió el 70 por ciento de la C.C.A.

El precio de venta de la compañía y la importancia del bien entregado, han despertado una gran polémica en la industria automotriz de Colombia. Varios acreedores de la C.C.A. que se habían quedado con la empresa (bancos de Colombia, Tequendama, Santander, Cafetero y Granfinanciera, entre otros) vendieron 210 millones de acciones de la sociedad a la Sumitomo Corporation, del Japón. Y negociaron tambien 2.500 millones de pesos en bonos obligatoriamente convertibles en acciones, de los cuales 1.000 millones de pesos son del Banco de Colombia, 840 millones de Granfinanciera, 356 millones del Banco Tequendama, 280 millones del Banco Santander. 37 millones del Banco Cafetero y 18 millones del Fondo de Garantías de Instituciones Financieras.

La operación quedó totalmente cerrada la semana pasada y dejó el ciento por ciento de la C.C.A. en manos de Mazda Corporation y Sumitomo de Japón. Sin embargo hay quienes creen que algo no marchó bien en la conducción del negocio, porque los autos Mazda son lo que más se venden hoy por hoy en Colombia y su ensambladora controla la mitad del mercado nacional. Pero los defensores de los bancos vendedores advierten que se trata de una empresa con un nivel multimillonario de pasivos y que, además, quitarse la administración de un negocio no afín al suyo permitirá a las entidades financieras mejorar sus golpeados balances.

Por coincidencia, entre los vendedores hay tres entidades nacionalizadas y otros dos bancos cuyos nombres no han escapado a varios concordatos. Se habla que el Banco de Colombia, al desprenderse de la C.C.A., mejorará su balance en unos 12 mil millones de pesos. Lo cierto es que o la C.C.A. fue vendida muy barata o Sofasa lo fue muy cara, porque la mitad de esta última ensambladora fue entregada hace dos años a la Regie Renault por los mismos 52 millones de dólares que hoy costó el 70 por ciento de la Compañía Colombiana Automotriz.

La C.C.A. produjo en 1988 un total de 18 mil unidades de los automóviles 323 y 626 y la camioneta B-2.000, mientras el año pasado llegó a los 30.000, incluyendo el camión Mazda T. En mayo pasado, la compañía controlaba el 49 por ciento del mercado, mientras Sofasa apenas llegaba al 21 por ciento. Este es otro elemento que esgrimen los detractores de la negociación con los japoneses. Para ellos no es lo mismo comprar la empresa líder del sector que la segunda, que además vende menos de la mitad del producto que la número uno.

Otro argumento que aducen los críticos del traspaso de la ensambladora de los Mazda, es que el precio de venta de Sofasa se atuvo tanto al valor del mercado, que mientras la Renault francesa compró la mitad de Sofasa por 52 millones de dólares al Gobierno colombiano, meses mas tarde vendió la mitad de esa mitad por 25 millones de dólares a la Toyota Motor Corporation y a la Mitsui & Ltda. Además, la C.C.A. es la décima empresa más grande de Colombia, mientras Sofasa ocupa el lugar 14; las ventas de la primera casi que duplican las de la otra, y mientras la C.C.A. arrojó utilidades por unos seis mil millones de pesos durante los dos últimos años, Sofasa ha perdido unos 3.800 millones de pesos. Réplica interesada o realidad, como en los casos de Diners o Papelcol, para citar los más recientes, lo cierto del asunto es que nadie aceptara nunca que "regaló" lo que vendió.
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